06/12/2001 | 732

Los yanquis y Chávez hacen guantes

El gobierno de Chávez está soportando una ofensiva de «cacerolazos» al mejor estilo del pinochetazo. Bajo la batuta de las grandes cámaras empresariales se prepara una movilización para el 7 y un paro general de actividades para el 10, para reclamar la destitución de Chávez. La CTV *la CGT venezolana* se ha sumado a la convocatoria contra-revolucionaria. Chávez declaró que está «dispuesto a coger el fusil» y denunció que se «quiere reeditar lo que pasó en Chile con Allende» (El País, 25/11).


Pero Chávez ha fracasado en abrir cualquier vía de desarrollo a Venezuela. No ha resuelto ninguno de los problemas de sus grandes masas ni los del subdesarrollo del país, más bien los ha agravado. «No ha afectado para nada la relación privilegiada de Venezuela con EE.UU., abasteciendo regularmente los puertos de EE.UU. con petróleo, que llega 10 veces más rápido que los embarques desde el Golfo» (23/11). Como nunca antes, el petróleo representa más del 70% de las divisas que ingresan en el país y se ha transformado en la casi exclusiva fuente de ingresos fiscales. El mercado interno venezolano se encuentra destruido y la desocupación alcanza récords. En este cuadro estallaron durante todo el último año huelgas de estatales, docentes y petroleros, y fue minando la ilusión de las masas en Chávez.


Pero cuando se delimitó del imperialismo frente al ataque a Afganistán, «por primera vez… EE.UU. adoptó un tratamiento menos tolerante con la agitación populista y amenazó con una ruptura» (ídem). Asimismo, «justo horas antes que expiraran los poderes legislativos extraordinarios del gobierno» (The Economist, 24/11), Chávez decretó un conjunto de medidas que atacan los intereses de la oligarquía agraria y gravan con mayores regalías la producción petrolera. Los planteos ni remotamente implican una nacionalización, menos aún la «cubanización» (expropiación) que le achaca la oposición burguesa. Incluso prevé mayores créditos a quienes aumenten la utilización productiva del suelo. Chávez advirtió que movilizará a las masas campesinas, organizando una contramovilización el 10.


¿Hasta dónde llevará Chávez su amenaza? ¿Los yanquis alientan un golpe o «una salida ‘a la peruana’», como insinúa un «afamado» periodista en La Nación (27/11)?


Para Cass Ballenger, un representante republicano de Carolina del Norte, «sostenedor de Chávez en el Comité de Relaciones Internacionales», «las prudentes relaciones públicas (con EE.UU.) se han venido arruinando». Los yanquis han comenzado su presión quitándole a Venezuela «preferencias», pero sin romper los puentes: «Los esfuerzos por derribar a Chávez sólo serán legítimos si el presidente quiebra el orden constitucional», dice Andrés Oppenheimer, en el artículo ya citado de La Nación. Es decir, habrá que ver si Chávez sigue «hundiendo al país» (ídem).


Entre lo que el imperialismo quiere y el chavismo puede, lo que realmente les preocupa es una irrupción autónoma de las masas, que no debería descartarse.

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