07/02/2003 | 789

Lula y el grupo de «amigos» de Venezuela: ¡Con amigos como estos, no necesitamos enemigos!

Es de vital importancia entender la situación política latinoamericana para ver la profunda crisis que ocurre a nivel económico y político en nuestros pueblos del continente, y cómo se refleja en el proceso revolucionario que se está presentando en Venezuela. En este sentido es pertinente comentar el papel que está jugando Luiz Inácio Lula da Silva, actual presidente de Brasil y quien fuera candidato del Partido de los Trabajadores, y cuáles son los ejes de las políticas que está adelantando en su país. Entender el rol de Lula y las características del PT y su evolución a lo largo de estos años es prioritario para demostrar que «Lula, mi hermano», como lo llama el presidente Chávez, y el «izquierdista renovado», como lo llaman los voceros del Departamento de Estado norteamericano y el FMI, revelaran que sus intenciones son parte de políticas de contención de los movimientos revolucionarios de los trabajadores y el pueblo. Además de servir como instrumento imperialista para liquidar una avanzada revolucionaria en Venezuela a través de la estructuración del «grupo de amigos» para «solventar» la crisis venezolana.


Primero que todo comenzaremos con el titular de El Nacional (29/1), donde se indica que «El FMI elogia la visión de Lula» nada más y nada menos que de parte de Horst Koehler, el director gerente del Fondo Monetario Internacional, quien se quedó impresionado por las reformas económicas de Lula. Más aún, recientemente, el New York Times (J. Fuerbringer, 26/1) ha indicado que «aunque la elección de Luiz Inácio Lula da Silva señaló una vuelta hacia la ‘izquierda’ en el Brasil, el nuevo presidente ha hecho todo lo que un inversionista podría desear».


Esto lo tiene claro el imperialismo y lo podemos ver en el editorial de Los Angeles Times (28/1), quien dice que «la opción que tiene ante sí el G-7 es clara. Si los actores políticos del continente no apoyan la izquierda prometedora de Sudamérica como la representada por Lula, el continente podría perderse en manos de demagogos como Chávez». Aquí otra vez se ve cómo los gobiernos de «izquierda» y nacionalistas burgueses enfilan las políticas para sostener el derrumbe capitalista y servir como elemento de contención de la clase trabajadora.


El hecho de que Lula y el Partido de los Trabajadores se encuentren en boga entre el imperialismo tiene que ver con los cambios en más de dos décadas de esta organización. De las ideas originarias de «revolución» y de enarbolar las banderas del socialismo, hicieron un gran viraje hacia el nacionalismo con la intención de aglutinar a todas las capas de la sociedad y en especial a la burguesía. Cambiaron la vieja consigna de «gobierno de los trabajadores» por la de «gobierno democrático popular», abriendo el terreno para las alianzas con sectores pequeño burgueses y la gran casta empresarial brasileña. Por otra parte, los sectores combativos como el Movimiento Sin Tierra y la Central Unica de los Trabajadores están siendo maniatadas con el pretexto de una supuesta «tregua» a favor del gobierno de Lula y apuntalado por los partidos de «izquierda» que estuvieron apoyando la campaña electoral a Lula. Tal como indicó el Partido Obrero de la Argentina (Pablo Rieznik, PO, 7/11/02): «En el pasado, la izquierda «tradicional» se caracterizaba por apoyar los frentes de conciliación de clases que hacían gala de posiciones nacionalistas. Ahora, repiten la letra cuando las posiciones son proimperialistas y las alianzas ya no tienen límites a la derecha».


Es aquí donde se debe tener claro la caracterización de Lula y el PT como instrumentos de la burguesía nacional y el papel contrarrevolucionario que están jugando en la situación venezolana con el «Grupo de Amigos», dirigidos por el imperialismo americano y su mascarón de proa en Europa, como lo es el gobierno de Aznar en España.


Por otro lado, la situación brasileña en cuanto a la economía, deuda, inflación, devaluación y desempleo no muestra signos de mejoría, lo que ha develado la profunda crisis de Brasil, tal como lo entienden los bancos norteamericano como el J.P. Morgan Chase & Co, quien venderá su división brasileña de J.P. Morgan Fleming al Banco Bradesco, el banco privado más grande de Brasil. Mientras tanto, el Bank of América cortará sobre tres cuartos de sus trabajadores en Sao Paulo, eliminando su transacción bancaria de inversión. Esto ocurre después que el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria de España vendió sus operaciones de inversión a Bradesco por 600 millones de dólares. Esto no es más que un síntoma de la crisis (New York Times, 30/1). Se puede decir que los inversionistas extranjeros han tocado la campana para el comienzo de una crisis más profunda en la economía brasileña.


Las políticas del nuevo Gobierno de Lula se mueven en el terreno del capitalismo, expresado en sus acciones en el poco tiempo que tiene gobernando y en el gabinete elegido para la conducción del Estado. Sus acciones tienen el presente marco:


La primera y más importante es liquidar las fracciones de izquierda dentro del PT y aumentar la supremacía de la pequeña burguesía. Pero la política derechista de Lula y de la dirección del PT va más allá y asumen la liquidación del mismo como un partido de izquierda, con la introducción de representantes de la burguesía en su interior.


El hecho de colocar en los ministerios de economía a representantes de la burguesía brasileña asociados al imperialismo es un síntoma adicional de que el PT no representa los intereses de los trabajadores.


Otro hecho importante es la forma de asumir el problema de las jubilaciones, imprimiéndole a la «reforma provisional» que presenta el gobierno de Lula en Brasil un carácter privatizador, tomando como receta la propuesta del Banco Mundial, la cual quieren imponer en todo Latinoamérica.


Toda esta situación sirve para entender el papel que jugará Lula en el «grupo de amigos» y el cual no es más que neutralizar la efervescencia de las clases populares y detener el proceso revolucionario en Venezuela. Tal como se hizo anteriormente con el Grupo Contadora para Centroamérica.


Una muestra de esto es la similaridad en el pronunciamiento de Otto Reich, enviado especial para América Latina y el Caribe del Departamento de Estado de USA y la posición de Gilberto Saboia, el subsecretario general de Política Bilateral de la Cancillería de Brasil, quien encabeza el «Grupo de Amigos». Las declaraciones de Reich después de la primera reunión del «Grupo de Amigos» fue la siguiente: «Estamos siguiendo con atención la situación y es importante observar lo que está sucediendo, ya que hay preocupaciones sobre los abusos, las muertes y los esfuerzos para limitar la libertad de prensa» (El Universal, 1/2). Aunque parezca increíble las declaraciones del delegado del Gobierno brasileño fueron similares: «Consideramos de suma importancia el pleno respeto a la libertad de expresión», señaló en relación a los medios de comunicación públicos y privados, y les pidió contribuir «por sí mismos y de forma responsable a superar el clima de confrontación» (El Nacional, 1/2). Aunque no se crea, Gilberto Saboia no mencionó nada sobre el papel de los medios golpistas, a pesar de que en la reunión «Chávez presentó material gráfico y audiovisual sobre el sabotaje a refinerías e instalaciones petroleras, así como grabaciones de las manifestaciones públicas en Venezuela el 12, 13 y 14 de abril, pidiendo su restitución al poder, con la debida acotación de que los medios de comunicación masiva las silenciaron; las marchas de apoyo a su gobierno y una selección de la programación transmitida por la televisión durante el paro» (El Nacional, 1/2). Más aún, en la reunión del «Grupo de Amigos» con la Coordinadora Golpista estuvieron presentes integrantes de la mesa (Timoteo Zambrano, Eduardo Lappi, Manuel Cova, Américo Martín, Alejandro Armas y Rafael Alfonzo); Carlos Fernández (Fedecámaras), Carlos Ortega (CTV), Edgar Paredes (Gente del Petróleo), César Pérez Vivas (partidos políticos) y Alberto Federico Ravell, este último representante de los medios golpistas.


Esto impone que los trabajadores y el pueblo denunciemos el carácter reaccionario y proimperialista del «Grupo de Amigos». No se trata de «ampliar» este grupo como fue Chávez a implorarle a Lula en su último viaje a Brasil, sino organizar a los trabajadores y el pueblo latinoamericano en defensa del proceso revolucionario, y enfrentar la ofensiva imperialista que está representada por la Coordinadora Golpista en Venezuela y la ofensiva del «Grupo de Amigos». Como dice el refrán popular en Venezuela: «Con amigos como éstos, no necesitamos enemigos».


Es fundamental entender que si Lula no representa los intereses de los trabajadores en Brasil, mucho menos defenderá los intereses de los trabajadores, campesinos y el pueblo de Venezuela.


 


31-1-2003

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