15/08/1995 | 460

México: desocupación, recesión y negociados bancarios

La prensa internacional, de la que se ha hecho eco la argentina, titula a toda página que México superó en sólo 8 meses la crisis financiera. El fraude no puede ser mayor porque obedece a una mera campaña especulativa de los tenedores de bonos y acciones mexicanas, totalmente comprometidos con la bancarrota mejicana. En verdad, el llamado “efecto tequila ” todavía no se ha desplegado en toda su dimensión en términos de depresión económica, inflación y crisis social.


A 8 meses de la devaluación y crisis financiera, México ha entrado en un profundo proceso de depresión económica. “Más de medio millón de empleos perdidos desde comienzos del año…”, consigna Le Monde (5/7). “La economía se habría contraído un 6% durante el segundo trimestre del año…”, dice The Financial Times (8/8). “La construcción en México registró una caída del 40% en los primeros cuatro meses de 1995, en relación con el mismo período del año anterior”, insiste The Financial Times (2/8). “El desplome de las ventas de automóviles en el mercado interno, que en los primeros cuatro meses del año alcanzó una media del 70%, indica la profunda recesión que afecta a la industria automotriz mexicana” (Ambito, 4/7). El único dato “positivo” es el saldo comercial  porque las importaciones se desplomaron por la recesión y ahora México exporta más porque las ventas  en el mercado interno son deprimentes.


Pero como señala The New York Times, “por el lado financiero, los mayores problemas son los bancos, bancos, bancos”.  Es que la crisis financiera colocó al sistema bancario en el más completo derrumbe. “La crisis financiera arrasó con el sistema bancario azteca como si hubiese sido un huracán tropical. El gobierno y el Banco Central se vieron obligados a inyectar miles de millones de dólares en los grupos financieros más débiles”, dice el The Financial Times (12/7), titulando la nota con el sugestivo titulo de “Los bancos vuelven al Estado. La crisis virtualmente re-nacionalizó las recientes privatizaciones bancarias mejicanas”.


Es que con el derrumbe azteca, “los préstamos impagos representaban… casi el doble de la suma del capital de todos los bancos del sistema bancario”.  De este modo, quebrados, los bancos fueron socorridos por el Estado con lo cual  “el gobierno se convirtió en el principal acreedor y potencial propietario de los bancos que fueron privatizados hace sólo 3 años…” (ídem).


La insolvencia bancaria puso al descubierto el fraude de las privatizaciones porque “algunos de estos préstamos eran créditos que los nuevos magnates bancarios del país se habían otorgado a ellos mismos para cancelar las deudas incurridas durante la privatización o para incrementar sus participaciones en las instituciones recién adquiridas”.


Ahora este auxilio financiero estatal a los banqueros es un completo fraude y colocará a México en la senda de una mayor  inflación. “La capitalización del mercado de los grupos financieros más grandes de México cayó de 30.300 millones de pesos antes de la devaluación del peso a 5.300 millones de pesos a fines de junio. Por lo tanto, muchos de los que recibieron préstamos para comprar acciones bancarias probablemente entreguen sus acciones —que no valen nada— en vez de pagar sus créditos” (The Financial Times, 12/7).


El operativo fraudulento montado por el gobierno consiste en la compra a los bancos de los préstamos impagos. De este modo, el Banco Bilbao Vizcaya de España tomó el control de Multibanco Mercantil Probursa para lo cual “el gobierno mexicano absorbió 783 millones de dólares en préstamos morosos para facilitar la transacción” (Wall Street Journal,14/6). Lo mismo hizo con el Banco Serfin pues “el gobierno comprará la astronómica suma de 711 millones de dólares de préstamos en mora de las cuentas de Serfin…” (ídem).


Toda esta inyección de fondos del gobierno que ya supera los 4.000 millones de dólares, comprando carteras que nunca se recuperarán, constituye una gigantesca emisión monetaria y endeudamiento que empujará aún más a México hacia la inflación y la depresión económica. Los exportadores reclaman  un dólar más alto para exportar y licuar sus deudas con el Estado.  Esto lo sabe muy bien el imperialismo norteamericano: “La decisión del Presidente Clinton de rescatar a México fue el más amplio compromiso no militar internacional de EE.UU. desde el Plan Marshall. Fue hecho sin el apoyo parlamentario o de la opinión pública, porque significó rescatar a los especuladores norteamericanos” (The New York Times, 25/5), claro está que al precio del más espectacular retroceso y ruina de México.


“La crisis financiera desatada hace 8 meses en México amenaza ahora a unos 700.000 mexicanos que enfrentan el riesgo de perder sus casas, si no cumplen con los pagos a los bancos, que en los primeros seis meses de este año efectuó ya 10.000 embargos individuales” (La Prensa, 9/8).


“Más de 8.000 empresas cerraron en el primer semestre de este año … y analistas estiman que 1.500.000 mexicanos se sumarán en 1995 al mercado del desempleo y subempleo” (ídem).


De este modo  el “modelo mexicano” —la más importante iniciativa financiera  capitalista de los últimos 20 años, llamada a superar la crisis de la deuda y la postración mexicana— concluyó en un  completo derrumbe colocando ahora  a México, en términos económicos y sociales, por detrás de los niveles de 15 años atrás.

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