Internacionales
29/6/2006|952
México: La huelga piquetera de los maestros de Oaxaca
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El 22 de mayo comenzó la huelga de los docentes de Oaxaca. Reclaman la “rezonificación”, que elevaría sus salarios al nivel de los maestros de la vecina Chiapas. El boom turístico que en los últimos años vivió la zona está provocando una fuerte inflación, que ha dejado los salarios de los docentes por debajo de la línea de pobreza.
Durante tres semanas, los gobiernos federal y estadual (en México, la educación es una responsabilidad compartida entre ambos) rechazó negociar con los maestros, a pesar de que los recursos para la “rezonificación” están. Los diputados Francisco Monárrez (del PRI) y Salvador Martínez della Roca (del PRD) “coincidieron por separado en que el conflicto magisterial de Oaxaca tiene solución si se usan los recursos excedentes del petróleo” (La Jornada, 19/6).
Ante la falta de respuestas, el magisterio radicalizó sus medidas de lucha, con cortes de ruta, ocupación de cabinas de peaje, ocupación de municipios y bloqueo de edificios estatales. El centro de la lucha fue el “plantón” (acampe) que los maestros instalaron en la plaza central (zócalo) de la capital de Oaxaca. Dos “megamarchas” que superaron los 200.000 participantes (además de los docentes, padres y alumnos, marcharon estudiantes universitarios, trabajadores de otros gremios estatales, en particular de la salud) mostraron el enorme respaldo popular a la lucha docente.
Habiendo fracasado con el desgaste, los gobiernos estatal y federal recurrieron a la represión. En la madrugada del 15 de junio, fuerzas represivas estatales y federales intentaron desalojar a los 40.000 maestros que ocupaban el zócalo de Oaxaca y las 56 manzanas aledañas. Los maestros fueron bombardeados desde helicópteros con gases lacrimógenos. Las fuerzas represivas ingresaron en el zócalo a balazos (hay 92 heridos, muchos de ellos de bala). Fue destruida la sede sindical y la “Radio Plantón”, que habían instalado los maestros.
Pese a la brutalidad de la embestida, los represores fracasaron. Los maestros y quienes los apoyaban se reagruparon, resistieron y obligaron a la policía a abandonar el zócalo y la sede sindical. En su fuga, los represores dejaron atrás a siete policías que fueron puestos “bajo custodia” por los huelguistas en una escuela local (ver aparte). Los maestros, además, detuvieron a dos agentes de los servicios de inteligencia que disparaban granadas de gas contra la multitud desde las ventanas de un hotel.
Al día siguiente, una marcha de 300.000 manifestantes reclamó la libertad de los huelguistas detenidos, que fueron liberados inmediatamente (al igual que los represores “retenidos”). Además del aumento, los docentes también reclaman ahora la renuncia del represor Ruiz Ortiz, gobernador de Oaxaca, que ordenó el “desalojo”. En tres estados (Guerrero, Michoacán y Zacatecas) hubo marchas docentes de solidaridad.
Tres días después de la represión, el represor Ruiz Ortiz intentó dar una muestra de “respaldo popular”. Las cámaras empresarias llamaron a una marcha de respaldo al gobernador y “para que los maestros vuelvan a clase”. Apenas lograron reunir 45.000 personas, la mayoría empleados estatales y municipales (amenazados de despido) e indígenas traídos en micros desde el interior del estado. El fracaso de la movilización oficialista obedeció no sólo al respaldo popular a los maestros sino también a la propia movilización de los huelguistas, que bloquearon decenas de rutas para impedir la llegada de los manifestantes movilizados por el aparato oficial. Muchos de los indígenas y trabajadores del interior, traídos a la fuerza, al encontrar bloqueadas las rutas saludaron a los huelguistas.
Después de este tercer fracaso oficial, la huelga, el plantón y los cortes de ruta continúan. Las consignas son la “rezonificación” y la renuncia del gobierno represor. El sindicato docente denunció que sus dirigentes están siendo amenazados de muerte.
Ascenso obrero
La huelga de Oaxaca se desarrolla en el cuadro de un ascenso de las luchas obreras y populares. Comenzó con la rebelión de los mineros de Michoacán, contra la intervención de su sindicato; la represión oficial dejó dos mineros muertos. Continuó con el levantamiento campesino de Atenco; la represión oficial dejó otros dos muertos (un campesino y un estudiante). Se ha denunciado que en Atenco decenas de compañeras detenidas fueron manoseadas y violadas por los represores.
A pesar de la represión salvaje y de acumular cientos de luchadores presos, el gobierno de Fox no puede frenar la movilización obrera y popular. El conflicto minero sigue abierto, como lo recordó en estos días el bloqueo de una mina en Taxco, en el estado de Guerrero. También sigue abierta la lucha por el juicio y castigo a los represores y violadores de Atenco.
La “mano dura” es, según distintos analistas, un intento desesperado del gobierno de Fox para favorecer al candidato oficialista Calderón en las elecciones presidenciales que se realizarán el 2 de julio. Incluso, se ha denunciado que el gobierno central tiene interés en “pudrir” la situación en Oaxaca porque allí el oficialismo se encontraría en tercer lugar, muy lejos del PRD y del PRI.
Este gobierno, jaqueado por el estancamiento económico y las denuncias de corrupción y grandes negociados, se ha revelado incapaz de hacer retroceder la movilización obrera y popular. En este cuadro se realizarán las elecciones presidenciales.
Cualquiera sea su resultado, el nuevo gobierno deberá lidiar con un nuevo actor. La clase obrera y los explotados mexicanos han entrado de lleno en la escena política.

