02/07/2018

Morenazo en México

Como ocurriera, en cierto modo, con Cámpora y Perón, en 1973, o con Lula, en 2003, López Obrador, el ala izquierda en el escenario electoral de México, emerge con una victoria electoral plebiscitaria. Constituye, bien entendido, un último recurso, como en los casos precedentes, para hacer frente a la descomposición del régimen político existente e incluso a una tendencia a la disolución nacional. El domingo colapsaron los partidos principales de México, el casi centenario PRI y la alianza del ex izquierdista Partido de la Revolución Democrática (afiliado al frente izquierdista del Foro de Sao Paulo) y del PAN (la oposición histórica de la derecha mexicana). Se repartieron, en partes iguales, la mitad de los votos emitidos. El frente encabezado por MORENA, se llevó la mitad de los sufragios y ganó estados que antes se encontraban fuera del alcance de una fuerza que se reclamara de izquierda.



La participación electoral, la más alta en la historia, es un indicio incontrovertible de las enormes ilusiones que López Obrador ha desatado en las masas. La burguesía ha comprendido este giro político de una u otra manera. El presidente del Consejo Mexicano de Negocios declaró que “lo vamos a apoyar”; la Confederación Patronal, de un modo más elíptico, se refugió en que López Obrador “ha ido migrando hacia posiciones mucho más abiertas al diálogo” (La Nación, 20/6). También comunicó su apoyo el magnate más representativo de la burguesía mexicana, Carlos Slim, que ya había financiado varios proyectos de López Obrador, cuando éste ejerció la gobernación de la capital del país – con el esquema de la Partición Pública-Privada (la niña de los ojos del macrismo). Pareciera que López Obrador quisiera repetir esa experiencia con la construcción, ahora, de un aeropuerto gigantesco en la misma ciudad de México. Este mismo apoyo de superficie lo había dado la Unión Industrial, en 1972, a Perón, disolviendo incluso la entidad en la ‘peronista’ CGE, y la Fiesp frente a Lula. La ficción de la ‘unidad nacional’ aparece siempre que emite su último soplo de vida. Por otra parte, la victoria arrasadora de López Obrador tiene lugar cuando los Macri y los Temer hacen agua en sus respectivos países en un período de tiempo fulminante. América Latina ingresa en una nueva fase, de características más explosivas, claro, dentro de una transición histórica que tuvo su inicio con las rebeliones populares e insurrecciones de finales de los 90, y se acentuó más tarde con el desarrollo de la crisis mundial. Lo prueba el levantamiento popular en Nicaragua contra el ‘trumpista’ Daniel Ortega y familiares.



Lejos de dios



El ciclo histórico que se ha agotado en México se inició con la firma del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, y la estrategia de privatizaciones que llevaba consigo. Como se preveía, el tratado destruyó la economía agraria de todo el sur de México, y estableció el régimen de la maquila, una ‘industria’ de ensamblaje de partes provenientes de Estados Unidos y Canadá, con una fuerte precariedad laboral. Para los estudiosos del tema, la disolución de la antigua estructura rural ha sido la causa principal del auge del narco-negocio, convertido en alternativa de sobrevivencia para la población arruinada. De la misma manera, agravó la tendencia a la emigración hacia Estados Unidos. En esta misma línea estratégica se desmanteló el monopolio petrolero de Pemex, en beneficio de las petroleras internacionales. La economía de México se convirtió en un satélite de su vecino del norte, adonde exporta cerca del 40% de su producto bruto interno. López Obrador inaugurará su mandato en condiciones de presiones norteamericanas sin paralelo en los últimos ciento cincuenta años. “Muy lejos de dios y muy cerca….”



La burguesía nacional apoyó con todo esta enajenación de soberanía, que le brindaba posibilidades ilimitadas de explotación de la fuerza de trabajo – y la sigue apoyando. México se convirtió, asimismo, en un centro de transferencia de las inversiones de China y la UE, para exportar a Estados Unidos. Todo este armado económico se encuentra en la actualidad en un completo impasse; no solamente debido a la decisión de Trump de dar vuelta todo este acuerdo en función de una mayor dependencia hacia Estados Unidos, sino también porque ha quebrado a la economía mexicana, desatado una ola de emigración masiva y provocado una violencia político-delictiva gigantesca: casi doscientos mil muertos por el narcotráfico, casi ciento cincuenta políticos asesinados en la campaña electoral y crímenes de estado como el de los estudiantes de Ayotzinapa y otros que le siguieron. El costo de la corrupción se calcula en un 10% del PBI; la investigación de las operaciones de coima por parte de Odebrecht ha sido prohibida por ley. Las acusaciones por corrupción flagrantes contra el gobierno de Peña Nieto y familia están bloqueadas por disposiciones constitucionales y simplemente ignoradas por la Corte Suprema. La pudrición del régimen político mexicano ha llegado al tuétano. 



Programa nacional y popular



López Obrador asegura que puede sacar a México de este impasse mediante la recuperación del dinero que consume la corrupción. El planteo mide la comprensión que el hombre tiene de la crisis de su país, cuando esa corrupción no es sino el punto final de una estructura de dominación social y política. Decidido apologista del mercado interno, López Obrador no pretende romper, sin embargo, el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, e incluso ha confiado a la prensa que podría “convencer” a Trump (Jon Lee Anderson, The New Yorker). Este planteo convierte a LO en el único nacionalista de contenido burgués de América Latina que no aboga por la unidad latinoamericana como estrategia para alcanzar la autonomía nacional. Tampoco pretende anular la privatización petrolera (solamente revisar contratos), con todo el perjuicio que representa para México la privación de la elevadísima renta petrolera actual y que las compañías yanquis operen en los dos lados de la frontera, lo cual privilegia la explotación no convencional en Texas. Sí propone construir refinerías, para evitar la importación de sub-productos, pero difícilmente contará para ello con apoyo internacional, salvo que promueva subsidios, porque la refinación es la parte de la cadena que ofrece menor rentabilidad. 



De acuerdo a lo que le dijo a Anderson, no se propone aumentar los impuestos al beneficio (extraordinario) de las compañías petroleras y de energía, ni tampoco a la salud privada. “Ha propuesto, relata Anderson, establecer una zona libre de impuestos de treinta kilómetros a lo largo de la frontera norte y reducir los impuestos para las compañías, tanto mexicanas como norteamericanas, que instalen fábricas allí”. LO ha elegido como futuro jefe de Gabinete a ‘Poncho’ Romero, un empresario multibillonario de la ciudad industrial de Monterrey.


Un asesor de LO calificó la designación como “un puente” hacia la burguesía que podría temer que se él se comporte como un chavista (Anderson). Más lejos aún, si cabe, ha salido en defensa del capital minero local y canadiense, ofreciendo la candidatura de senador a Napoleón Gómez Urrutia, acusado de apropiarse de yacimientos de la competencia. LO condenó el bloqueo de las refinerías, por parte de los trabajadores, contra el ‘gasolinazo’ desatado por Peña Nieto hace dos años. Morena, el partido de LO, concurrió a elecciones en alianza con el PES, un agrupamiento homofóbico de derecha, y con el PT, de origen maoísta y nuevos reclutas del ‘trotskismo’ (SU).



Escalada



La distancia entre los problemas de México y el programa de Morena es abismal, incluso desde un punto de vista reformista. Este hecho anuncia serios choques políticos y sociales y un recurso a la improvisación. López Obrador ha rechazado la exigencia de Trump para que controle la emigración de Centroamérica hacia México, en ruta a Estados Unidos, y plantea que los controles se hagan en Tijuana, el norte del país. El “trabajo sucio” que se niega a hacer en el sur, lo traslada al otro extremo del país, sin una palabra a favor de una campaña por la inmigración libre, no ya en Norteamérica, sino en todo el mundo. Un antiimperialismo consecuente es imposible sino a escala internacional. 



México, incluso más que nadie, será impactado por la guerra económica internacional. El peso mexicano y la Bolsa sufren la presión de la salida de capitales. Andrés Manuel López Obrador, sin embargo, será ungido presidente recién en diciembre próximo, cuando las papas estarán tiznadas de negro. ¿Habrá un adelanto del traspaso del poder? Quizás esto se transforme en el primer gran episodio de una crisis que será muy severa. La clase obrera de América Latina debe ver en lo ocurrido el domingo en México una etapa que envolverá a todo el continente: una crisis de régimen terminal y el planteamiento de una cuestión de poder.

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