23/03/1993 | 385

Movimiento obrero europeo

En un reciente informe sobre la marcha de la economía alemana, un centro de investigaciones financiado por las grandes patronales formula una reflexión que pinta cabalmente la agudeza que van cobrando los conflictos sociales. Después de reseñar que “la industria está claramente en recesión” y que “la situación es extremadamente precaria”, el Ifo, de Munich, advierte que “el pesimismo existente en los círculos bancarios y de negocios es exagerado” (Financial Times, 12/3). Ese “pesimismo exagerado” —que va más allá de lo que indicarían las cifras de la caída de la producción— es el “reflejo síquico” que van forjando las luchas obreras en la mente de los explotadores.


Los metalúrgicos de Duisburg, con huelgas y manifestaciones callejeras, lograron que la Krupp anulara el anunciado cierre de sus plantas en esa ciudad. Esta es la segunda victoria de los metalúrgicos de Duisburg, ya que hace pocos años,   también lograron impedir con los mismos métodos, el cierre de la planta. Horas después de este recule, la Krupp anunció otro cierre, el de sus fábricas en Rheinhausen, en el centro del corazón industrial de Alemania, la cuenca del Rhur. Al tiempo que informaba de la realización de multitudinarias manifestaciones obreras contra el cierre en toda la región del Rhin del Norte-Westfalia, la prensa recordó que “Reinhausen ya fue una vez sitio de una feroz batalla cuando los trabajadores tomaron las calles en 1988 y ganaron la supervivencia temporaria de la planta” (Financial Times, 10/3). Estos fracasos ante la necesidad de despedir a más de 40.000 metalúrgicos, explican el “exagerado pesimismo” de la burguesía alemana.


Además, la IG Metall —el sindicato metalúrgico— anunció que a partir del 1º de abril lanzará una huelga en toda la región oriental para defender el convenio que establece que a partir de esa fecha los salarios del este deben alcanzar el 82% de los del oeste. La patronal se niega a cumplirlo argumentando la “baja productividad” de los trabajadores del este … sin considerar que éstos tienen jornadas más largas y beneficios sociales sustancialmente más bajos que los vigentes en el oeste. La burguesía alemana es incapaz de alcanzar, como se puede ver, la “unidad nacional” ,salvo que pudiera reducir las condiciones de explotación del oeste a las vigentes en el sector oriental.


“Si la IG Metall va a la huelga , la historia puede convertirse en una tragedia” —declara el Financial Times (11/3), midiendo las palabras. El diario británico se adelanta en responsabilizar a los obreros por esa “tragedia”, pretendiendo ocultar algo señalado por él mismo, cuando afirma que en el comité para reconstruir la economía del este se designaron  ”asesores”occidentales, muchos de los cuales tienen directo interés en poner a los competidores del este fuera del mercado”. Después de dos años, el diario de los banqueros londinenses viene a dar la razón a una de las denuncias centrales de PO, acerca del carácter de la “reunificación” y anexión capitalista de Alemania.


Ciertamente, la clase obrera europea está entrando en una nueva etapa de luchas, que se refleja también en la victoria que han obtenido los trabajadores de la Ford británica. Pocos días después de una “huelga de advertencia” de 24 horas, lanzada ante los rumores de despidos masivos, la patronal anunció que “desistía”, por ahora, de sus planes. En un comunicado oficial, la Ford “explicó” que no despediría trabajadores porque se había producido “una mejora en el mercado”, un cuento para tapar su recule. La clara determinación de los trabajadores a resistir se reflejó en que más del 80% de los trabajadores de la Ford, tanto de producción como administrativos, habían votado apoyar la huelga en caso de despidos.

En esta nota