28/08/2008 | 1052

Noticiero internacional

Chau Musharraf

– Bajo la amenaza del voto parlamentario inminente para someterlo a un juicio político, renunció el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf. Los «valientes» legisladores del PP y sus aliados se animaron a impulsar el juicio contra el ex general, luego de que el jefe del ejército anunciara que «no se opondría» a que Musharraf fuera sometido a un eventual juicio político. Todo esto indica que se trata de un golpe cívico-militar llevado a cabo con métodos parlamentarios.

El detonante de la caída de Musharraf es el agravamiento de la crisis económica. Su caída es inseparable de la crisis de los ocupantes de la vecina Afganistán, donde la poderosa Otan no puede con la resistencia armada de los talibanes que cuentan con un amplio respaldo en las zonas tribales de Pakistán y, también, en sus servicios de inteligencia. Musharraf nunca pudo (o nunca quiso) impedir este apoyo.

El candidato norteamericano Obama señaló hace poco que autorizaría a las tropas norteamericanas a perseguir a los talibanes a sus refugios y bases en las áreas tribales de Pakistán. Si esto ocurre, advierte un observador, «el Estado y el ejército de Pakistán pueden estallar en una profunda y peligrosa fragmentación» (Financial Times, 18/8).

Nepal: la Bolsa saluda al gobierno

Prachanda, el ex líder de la guerrilla maoísta de Nepal – pequeño país en las laderas del Himalaya, entre China y la India-  fue elegido primer ministro por la Asamblea Constituyente. Prachanda contó con el respaldo de tres de los cuatro mayores partidos de la Constituyente para ganar la nominación con más de dos tercios de los votos.

Con la largamente esperada designación de Prachanda como primer ministro concluye una etapa del desvío democrático de la revolución nepalesa. El levantamiento popular contra el odiado rey Gyanendra fue cerrado, en etapas sucesivas, por la firma de un acuerdo entre los partidos oficiales y la guerrilla maoísta, la formación de un gobierno común, la convocatoria a una Constituyente y, finalmente, la designación del nuevo gobierno. El acuerdo – que permite al rey destronado vivir como un «ciudadano común», con todas las riquezas y propiedades acumuladas-  fue respaldado por la «comunidad internacional».

El nuevo primer ministro maoísta, que ha prometido respetar la propiedad privada y atraer la inversión externa, debuta en medio de una crisis económica mayúscula como consecuencia del aumento de los precios de los alimentos y el combustible; el desempleo crece aceleradamente. «El hambre crece en el interior», dice un corresponsal (International Herald Tribune, 16/8).

Pese a las dificultades, el gran capital ha recibido al primer ministro maoísta con el más sincero de sus respaldos: la Bolsa nepalesa tuvo un alza récord el día en que fue elegido Prachanda.

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