04/09/1997 | 555

Nuevo fracaso del Papa en Francia

El Papa congregó ‘muchedumbres’ en París, según los medios. La ‘conquista’ ideológica de Francia es un objetivo largamente acariciado por el Vaticano. Pocos países reciben atención equivalente o han sido visitados tantas veces —siete— por Juan Pablo II.


¿Qué pasó realmente esta vez?


El 15/8, una semana antes del inicio de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), Le Monde informaba del «escaso número de inscriptos: apenas 70 mil, incluyendo a los 20 mil devotos de la organización», contra los 350 mil jóvenes que esperaba reunir la iglesia. El corresponsal de Página 12, un mes antes, decía: «La penuria de (inscriptos) franceses es tal … que el pánico cunde entre los organizadores» (18/7). El desinterés «obligó a la iglesia a poner avisos pidiendo extras y actores» para cubrir los actos (ídem).


La iglesia francesa «no importa a qué precio» (Le Monde, 15/8) resolvió salvar las apariencias: llevó a Francia 35 mil jóvenes de España, 80 mil de Polonia y 100 mil de Italia, explotando «la atracción (turística) de París» (ídem). Gastó así más de 60 millones de dólares.


Justamente explotó por esto un problema de ‘sponsors’. La iglesia no podía «repetir la experiencia ultraliberal de las últimas JMJ de Denver (Estados Unidos), en 1995: Marlboro no había dudado en hacer propaganda en un buen lugar pegado al altar de la misa pontificia, con un afiche especial en el que aparecía un sosias del Papa (una persona muy similar) con la leyenda: ‘El también ama los Marlboro’…» (Le Monde, 15/8). El‘recato’, esta vez, en el ‘marketing’ provocó entonces una crisis a la ‘caja’. El arzobispo de París «deploró» que «las empresas no se hayan movilizado más» (Página 12, 18/7).


No obstante, la iglesia «recurrió a los servicios de empresas especializadas en la organización de grandes conciertos», para ‘cautivar’ a la juventud con «efectos especiales» (ídem). Según Le Monde, contrató «desde abril de 1996, a las tres más grandes agencias de publicidad francesas», a pesar de que una de ellas «es bien conocida por su vinculación al judaísmo» (15/8). Por esto, comenta el diario francés, «alrededor del arzobispado de París se decía divertidamente: ‘El estar bautizado no ha sido jamás sinónimo de inteligencia. Así hay solamente buenos y malos profesionales’…».


El corresponsal de Página 12 (21/8) destacó que, sintomáticamente, durante la visita papal «los vagabundos» no fueron perseguidos, como sucede normalmente: «Ninguno cree en Dios pero están felices porque gracias a las Jornadas comen todos los días mucho mejor … las 350 cocinas móviles instaladas en la capital dieron paella y el miércoles perlines a la parisina, con pastas y jamón acompañadas por una salsa de crema».»La Iglesia ni siquiera aceptó que fuera el ejército quien distribuyera la comida y contrató los servicios de un especialista privado en restaurantes, la sociedad Sodexho» (ídem, 18/7).


La desconfianza y el desencanto de la juventud francesa con la iglesia es pavorosa. Una encuesta revela que «solamente el 8 por ciento de los franceses, entre los 15 y 24 años, católicos o no, ven al Papa como alguien ‘cercano a ellos’» (Le Monde, 22/8). «Hace 30 años, en 1967, el 81% de los jóvenes franceses (entre 18 y 24 años) decían creer en Dios. Ahora no son más que el 46%», reconocen fuentes eclesiásticas (ídem, 18/8). Los motivos de esta caída en picada de la ‘religiosidad’ es muy sencilla: la activa militancia de la iglesia francesa contra la libertad, expresada por ejemplo, en el combate a las leyes que garantizan el aborto, el divorcio y la educación sexual (uso del condón contra el sida, sin ir más lejos).


El Papa fue bien ‘recibido’, aunque pueda sorprender, por la ‘izquierda’ (los partidos socialista y comunista en el gobierno). No fue gratuito el‘agradecimiento’ de Wojtila al primer ministro protestante, Lionel Jospin, al concluir la visita: es que la izquierda evitó cualquier hostilidad al Papa, a pesar de que mientras estuvo en París, «los ‘comandos antiabortistas’ ocupa(ron) hospitales en Francia» (La Nación, 24/8).


La izquierda dejó correr eso de que está ‘a favor de los derechos humanos’, con lo que el Vaticano intenta torcer su imagen anacrónica. Lo mismo hicieron las iglesias protestantes, que se sumaron al ‘ecumenismo’ católico aceptando el ‘perdón’ papal por la famosa matanza por la iglesia romana, de miles de calvinistas franceses durante ‘la noche de San Bartolomé’ en 1572.


Tiene razón el corresponsal de Página 12, cuando dice a modo de balance: «La Francia laica y republicana sigue de pie y libre pese a la aplastante y obsesiva ‘calidad’del mensaje papista que destilan los medios de comunicación» (21/8).

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