23/03/1993 | 385

Para qué sirve una «alianza» de veinte pulpos

Quienes tengan una imágen idílica de la democracia británica, y no una caracterización clasista de ella, seguramente se sorprenderán al saber que “Una alianza de 21 grandes compañías británicas, que incluye a Imperial Chemical Industries, Marks and Spencer y Rolls-Royce ha emergido como una fuerza que trata de asegurar que las políticas del Reino Unido impulsen el crecimiento … (mediante) reuniones trimestrales en el 10 Downing Street, con Mr Gus O‘Donnell, el secretario de prensa de John Major, donde plantean las acciones que  gustarían que el gobierno emprendiera (Finacial Times, 19/1).


Otros miembros de esta “alianza” incluyen a Shell, British Gas, British Petroleum, British Aerospace, Unilever, ICL, Lucas y otros del mismo calibre.


La noticia de la existencia de esta “alianza”, mantenida en secreto durante varios años, resulta muy esclarecedora, ya que permite determinar quiénes son las fuerzas que se han movido para imponer la reciente devaluación de la libra y el desencadenamiento de la crisis monetaria europea. El Financial Times informa que el objetivo de este grupo es “promover a la industria” y “reducir las tasas de interés”, dos cosas que ha obtenido a través de la devaluación. Mientras los economistas corrientes entretenían a la opinión pública con el juego de un enfrentamiento entre monedas y entre “prestigios nacionales”, los explotadores de cada país promovían la dislocación de los mercados europeos para salvar sus negocios particulares y nacionales en crisis. “Prensa Obrera”, en cambio, anticipó en oportunidad de la caída de la Thatcher, que el tema que dividía a la burguesía británica era, precisamente, la devaluación de la libra (Prensa Obrera Nº 318, 4/10/90).


El Financial Times reproduce las opiniones del coordinador de esta “alianza”, Anthony Cowgill (que por esto cobra 35.000 libras al año) las que no podrían ser más interesantes, o mejor explosivas. Cowgill, opina que “Gran Bretaña no debería firmar el tratado de Maastricht y que le produjo satisfacción que hubiera abandonado el mecanismo cambiario europeo”. Pero yendo más lejos todavía, afirmó que “Gran Bretaña se ha envuelto demasiado con el resto de Europa y que los políticos deberían gastar más tiempo asegurándose que las empresas del Reino Unido puedan competir en una escala global”. Estas palabras significan un responso para la “unidad (capitalista) europea” y el anuncio de mayores devaluaciones de las monedas y de subsidios para los grandes capitales.

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