15/04/1999 | 622

Partición de Kosovo con tropas de la Otan en Yugoslavia

La solución que pactan la Otan, Rusia y Milosevic

«Milosevic continúa siendo el interlocutor obligado de la Alianza si se quiere buscar una ‘solución negociada’… la única que puede permitir ‘un acuerdo y una paz duradera’…». Esto es lo que declaró Dini, el democristiano ministro de Relaciones Exteriores del gobierno centroizquierdista de Italia (Corriere della Sera, 9 y 10/4).


«La administración (Clinton) debe redefinir sus objetivos… No podemos ignorar la brutalidad de Milosevic, pero, no obstante, la desaparición de Serbia del equilibrio en los Balcanes puede provocar la tentación de los países vecinos». Esto lo acaba de escribir Kissinger, quien también agregó que «habrá que apostar algunas fuerzas terrestres de la Otan en Macedonia y en Kosovo para evitar que el conflicto de los Balcanes se extienda» (Clarín, 12/4).


El belicista The New York Times, por su lado, asegura en un editorial (7/4) que la Otan le dio autorización al subsecretario de Estado norteamericano, Strobe Talbott, para que deje de lado la condición de que Milosevic debe aceptar los términos del acuerdo de Rambouillet, y que se elabore un «nuevo plan».


En repetidas oportunidades, Clinton dejó de referirse al estacionamiento de una fuerza militar de la Otan en Kosovo y la sustituyó por una «fuerza internacional», lo que significa la incorporación de Rusia (Financial Times, 5/4; Página 12, 8/4).


«Los norteamericanos estarán muy contentos de negociar con los rusos», señaló Edward Lutwak, asesor del Pentágono (Página 12, 11/4). «Habrá una división de Kosovo. Serbia se quedará con el norte de la región y, en vez de tropas de la Otan, se establecerá una fuerza internacional de seguridad integrada por norteamericanos, rusos y algunos países neutrales».


«Ahora, Milosevic puede proponer la partición del territorio… con un sur pacificado y empobrecido protegido por la Otan» (Financial Times, 8/4). «Es del interés de la Otan que un arreglo de la crisis de Kosovo sea hecho en cooperación con Rusia… La necesidad urgente de ocupar y, probablemente, dividir Kosovo es clara» (Wallander, asesor político norteamericano, The Washington Post, 8/4).


 


Todos estos planteos despojan a la guerra lanzada por la Otan contra Yugoslavia de los últimos visos de humanitarismo, para convertirla en lo que es: una acción militar para profundizar la penetración política y económica del imperialismo mundial en los Balcanes, en Europa del este y en los ex estados soviéticos y Rusia. Estos planteos coinciden punto por punto con la extensión de la Otan al este (incorporación de Polonia, Hungría y la República Checa); con la incorporación de esos mismos países a la Unión Europea; y con la integración militar y económica de Rusia al complejo monopólico capitalista. Ni en lo más duro de la presente guerra el FMI y Clinton dejaron de negociar la deuda externa, la asistencia económica del FMI y la reconversión nuclear de Rusia. La restauración capitalista no puede llevarse a sus últimos términos sin el control político y militar de los ex estados llamados socialistas.


Estos mismos planteos sirven para desnudar los planteos de una solución negociada que propugnan los restos del centroizquierdismo no oficial y los partidos comunistas. Tal cosa significaría un acuerdo entre la Otan, Rusia y Milosevic a costa de la libertad de Kosovo y del propio pueblo serbio —el cual quedaría sometido indefinidamente a una dictadura pro-capitalista implacable. Dejaría en pie el propósito básico de instalar una nueva fuerza de la Otan, que se agregaría a las que existen en Bosnia, Macedonia y, desde la semana pasada, en Albania.


Para apuntalar una salida semejante, el tan repetido magnate George Soros acaba de proponer un ‘plan Marshall’para los Balcanes, o sea una ayuda económica masiva de carácter oficial. Para los especuladores, esto equivaldría a subsidiarles la reconstrucción de la región. Pero es difícil que los Tesoros de los estados imperialistas estén en condiciones de cumplir con la sugerencia, visto el enorme peso que ejerce sobre ellos la deuda pública con esos mismos especuladores. Una tarea parecida, con Alemania oriental, dejó al fisco alemán arruinado.


Todo indica que el imperialismo mundial va a agotar esta vía que combina la ocupación del territorio por la Otan con la partición de Kosovo, antes de decidirse por una invasión a Yugoslavia y el derrocamiento de Milosevic. También este último intentará agotar esta vía antes que arriesgarse a que se concrete una invasión o a que la inminencia de ella provoque un golpe de estado militar en Serbia.


La derrota de la Otan y la libertad para las naciones balcánicas sólo podría ser el resultado de una acción internacional de los trabajadores. Contra la posibilidad de esta acción conspira la posición proimperialista del centroizquierda y de la izquierda democratizante en la inmensa mayoría de los países y el carácter criminal del gobierno yugoslavo. Pero cualquiera sea el desenlace, esta guerra criminal del imperialismo es ya una factor de colosal agravamiento de la situación de las masas en la mayor parte de los países, de incremento de la presión económica de los Estados sobre los pueblos, de mayor inestabilidad internacional y de mayores y más graves crisis. Por este motivo, la unidad internacional de los trabajadores es una tarea que está más que nunca a la orden del día.

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