La heroica revuelta del pueblo palestino contra la brutal opresión del Estado sionista debe recibir el más amplio e incondicional apoyo del movimiento obrero y popular de todo el mundo, La nueva Intifada representa el fracaso de las llamadas soluciones “de compromiso” como las previstas en los acuerdos de Oslo. Estos tenían como objetivo, en realidad, no la satisfacción de la histórica voluntad del pueblo árabe de Palestina de conquistar una patria propia independiente, sino la construcción de un “bantustan” bajo la tutela sionista sobre el 15% (hipótesis original) o el 20% como máximo (última hipótesis) de la Palestina histórica.


Pero si las propuestas de los Rabin, Peres y Barak -respaldadas por el imperialismo norteamericano- han sido y son una vergonzosa burla de las aspiraciones del pueblo árabe palestino, tampoco puede ser una perspectiva aceptable la hipótesis, formulada ahora por el propio Arafat, de un mini-Estado palestino sobre la base de las fronteras de 1967.


Tal hipótesis y la política de compromiso con el imperialismo y el sionismo de Arafat desde el momento mismo de los acuerdos, han provocado hasta hoy la crítica explícita o de hecho de gran parte, si no de la mayoría de la población palestina y en particular de las masas activas en la lucha callejera contra las fuerzas de ocupación sionistas. Esta crítica está perfectamente justificada: un miniestado en las fronteras de 1967, sin continuidad territorial entre Gaza y Cisjordania, sobre menos de un cuarto del territorio de la Palestina histórica, sólo puede satisfacer los apetitos de la minúscula burguesía palestina y del corrupto aparato estatal en construcción en los “territorios”; no puede representar la satisfacción de la justa voluntad del pueblo palestino a la autodeterminación y a la unidad en una patria independiente. Este ordenamiento dejaba bajo el talón de la opresión israelí al 30% de los palestinos (alrededor de un millón) que viven en el territorio de la Palestina histórica. Se trata de los llamados “árabe-israelíes”, ciudadanos de clase B en Israel, contra cuya movilización (la novedad importante de la presente revuelta) el colonialismo sionista ha ejercido una represión homicida en términos análogos a los ataques criminales utilizados contra la población de los territorios. Por otra parte, un mini-estado convertiría en una farsa la perspectiva de regreso a sus primitivas tierras, por lo menos de una parte significativa de los millones de palestinos de la diáspora.


Por esto la lucha popular debe continuar, como justamente lo ha decidido el propio comité central de la Intifada, contradiciendo el llamado de Arafat, contra toda concesión y compromiso, por el retiro del ejército israelí y de todos los colonos de los territorios ocupados en 1967; y junto a esto, por una verdadera y completa liberación nacional, mediante la constitución de un verdadero estado libre de Palestina. Una lucha que lógicamente debe desarrollarse sobre el terreno de los choques armados (no de las acciones terroristas de algún sector integrista: esos hechos no ayudan a la causa palestina); desde este punto de vista rechazamos con desprecio toda hipócrita condena de los políticos y comentaristas burgueses y socialdemócratas, que se hacen presentes en cuanta manifestación hay, que han apoyado, cuando no organizado, desde arriba, el genocidio contra el pueblo irakí; e incluso la de aquellos “pacifistas” para los cuales los oprimidos deberían siempre “poner la otra mejilla” y así seguir siendo esclavos.


Para poder vencer en la batalla contra el sionismo y el imperialismo, la movilización todavía debe extenderse más allá de las fronteras palestinas y envolver al conjunto del pueblo árabe. El pueblo árabe está oprimido desde hace siglos y dominado por potencias extranjeras; a partir de comienzos del siglo XX por los imperialistas occidentales (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos; pero también Italia, si se piensa en Libia) que lo han mantenido en una situación de división artificial en Estados basados únicamente sobre las fronteras trazadas con una regla, la de Londres o París, sobre los mapas de la región.


El impulso a la unidad árabe, con fuerza diversa, ha estado siempre presente en el siglo que acaba de terminar en la lucha de las masas. Ha sido traicionada y vendida por las direcciones “nacionalistas” burguesas, feudo-burguesas y pequeño burguesas de los distintos Estados árabes. El objetivo de la unificación del Oriente árabe es una perspectiva que debe ser relanzada y que puede ser el elemento decisivo para la victoria de la revolución palestina. El desarrollo no de una “guerra santa” de los musulmanes -como quieren los fundamentalistas islámicos-sino de una “guerra nacional y popular” del pueblo árabe contra el sionismo y el imperialismo por su unidad revolucionaria. Es una perspectiva difícil. ¿Pero acaso hace algunas décadas “el pequeño pueblo vietnamita” no alcanzó a vencer (incluso con la ayuda del movimiento antibélico en los Estados Unidos y en otros países imperialistas) al gigante norteamericano?


Esta perspectiva no puede ser separada de una transformación social de conjunto. Sólo una revolución socialista del Oriente árabe y del Medio Oriente en general puede permitir la victoria verdadera y definitiva de la lucha de liberación palestina. Sin ella, el dominio del imperialismo con sus consecuencias políticas y sociales convertirá a toda independencia en políticamente limitada y socialmente formal. Sin ella, frente al fracaso de las direcciones laicas burguesas y pequeñoburguesas le será fácil al fundamentalismo islámico arrastrar a las masas bajo su dirección reaccionaria. Sin la perspectiva del socialismo será imposible cumplir con el difícil pero necesario desafío de arrancar por lo menos a una parte de la clase obrera judía de la ideología reaccionaria del sionismo; que puede y debe ser una fuerza de ayuda en la lucha anti imperialista. Por otro lado, sólo un Medio Oriente socialista en la que se enmarque una Palestina árabe y socialista, en el ámbito de una unidad árabe socialista, será posible reconocer al pueblo judío que vive en Palestina sus derechos democráticos de minoría nacional, una vez derrotados los colonos reaccionarios.


Estas son las posiciones históricas por las cuales los trotskistas -árabes y judíos-de Palestina luchamos en los años treinta y cuarenta, los únicos que en la izquierda se opusieron a la creación del Estado de Israel, respaldada no sólo por el imperialismo norteamericano (contra los ingleses, que en esa época sostenían a sus agentes de las monarquías árabes) sino también, en su estúpido afán de potencia, por la URSS stalinista (que fue la primera nación que se pronunció en la ONU por el Estado “judío” separado).


Después de décadas en las que el sionismo ha confirmado sin sombra de dudas su carácter colonialista reaccionario y en que todas las direcciones del mundo árabe han fracasado, capitulando frente al imperialismo, no puede haber duda sobre la perspectiva de la revolución socialista. Es necesario construir el instrumento para tal perspectiva. Este es -junto a la solidaridad- el compromiso activo de quienes deseamos sostener activamente la lucha de las masas palestinas.


Urge reconstruir la Internacional del proletariado, refundando una IV Internacional consecuentemente marxista revolucionaria. En Palestina esta perspectiva puede y debe conquistar a la vanguardia de los jóvenes que enfrentan con un heroísmo ejemplar a los asesinos sionistas; y también a la vanguardia entre la población judía que tiene el coraje de erguirse contra su “propio” Estado en nombre de la solidaridad internacional de los proletarios y los oprimidos. La vía que señalamos, junto con nuestros compañeros de todo el mundo y del Medio Oriente en particular es, por cierto difícil, pero a la luz de la experiencia trágica y heroica de décadas de lucha -por lo tanto derrotada-, la única realista.


•           Por la derrota total del sionismo y del imperialismo.


•           No al compromiso, revolución hasta la victoria.


•           Por la movilización de las masas árabes contra Israel y el imperialismo.


•           Por la destrucción del Estado sionista de Israel; por los plenos derechos democráticos del pueblo judío en Palestina como minoría nacional en el cuadro de la unidad del Medio Oriente.


•           Por una Palestina libre, laica y socialista en el cuadro de una unidad árabe y socialista.


•           Por los Estados Unidos Socialistas del Medio Oriente.

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