PT, el gran organizador de derrotas

Foto: ex presidente Lula junto al gobernador de Minas Gerais, Fernando Pimentel [ARCHIVO]


Tres acciones del Partido de los trabajadores, esta semana, causaron malestar en los sectores más radicales de la izquierda democratizante de Brasil.


El lunes, por orden del gobernador petista Fernando Pimentel, la Policía Militar de Minas Gerais reprimió con dureza a los profesores estatales en Belo Horizonte.


Ese mismo día, el ex intendente de Sao Paulo (y posible candidato a la presidencia por el PT, luego de la prisión de Lula), Fernando Haddad, se reunió con el caudillo desarrollista Ciro Gomes y el ministro de Finanzas de la dictadura, Delfim Netto, y con Bresser Pereira, el ‘padre’ de la reforma del Estado durante los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso. El martes, la dirección nacional del PT impugnó la decisión del PT de Tocantins de componer una lista con el PSB para las elecciones especiales para el gobierno del estado, para apoyar a la ex presidenta de la Sociedad Rural, Katia Abreu, ex ministra de Agricultura de Dilma Roussef y miembro del PDT de Ciro Gomes.


La izquierda democratizante, que se encuentra en el PSOL, se solidarizó de inmediato con los profesores de Minas y criticó la reunión de articulación política convocada por Haddad. El PT parece haberle refrescado la memoria acerca de lo que representa realmente, incluso después de la prisión de Lula, la dirección del PT, con la cual ha firmado un acuerdo político, hace escasas semanas.


¿Sorpresa o hipocresía?


La reacción de esta izquierda democratizante con las movidas petistas suenan bastante hipócritas. Quienes se han embarcado en la política de Frente Popular del PT, o sea con partidos patronales, con la expectativa de heredar algunos votos a cualquier precio en las próximas elecciones de octubre, fingen ignorar el camino que están transitando.


Los gobiernos petistas son sinónimo de represión policial. Es posible citar una decena de ejemplos de las últimas décadas, pero alcanza con recordar la ‘participación’ de los gobernadores del PT durante las jornadas de junio de 2013. El ‘gaúcho’ Tarso Genro, de la izquierda petista, fue uno de los que mandó a la policía contra los manifestantes. Lo mismo ocurrió con Agnelo Queiroz, del distrito federal, Tiao Viana, de Acre, Jacques Wagner, de Bahia, Marcelo Déda, de Sergipe. Se puede decir, incluso, que la represión policial es compatible con el PSOL, ya que cuando el intendente de Macapá, Clécio Luis, aun se encontraba en el partido, atacó a los funcionarios municipales en huelga. Hoy en la REDE, Clécio sigue contando con el apoyo del PSOL en el municipio, como ocurre también con el PSDB y el DEM.


Delfim Netto e Kátia Abreu tampoco son extraños al PT – todo lo contrario. Delfim fue consultor económico de Lula durante todo su gobierno y llego a mantener sus columnas en la revista petista Carta Capital. Con la motosierra de oro de Tocantins y ex presidente de la Confederación de Agropecuaria de Brasil, Kátia Abreu, el PT fue más lejos – la nombró ministra de Agricultura. Leal al presidente durante el golpe contra Dilma, Kátia parece estar siendo recompensada ahora con el apoyo del PT a la gobernación de Tocantins, incluso para disgusto de los propios correligionarios del estado.


Es necesario otro camino


La política de Frente Popular ya fracasó una vez en Brasil y la crisis actual es el resultado de esa falencia. No sorprende que el PT quiera construir un nuevo Frente – aglomerar sectores para volver a formar gobiernos de conciliación de clases. Sorprende, en cambio, que sectores que otrora fueron opositores a esta política, ahora se sumen a ella indiscriminadamente. Como siempre, culpan a la coyuntura desfavorable y el crecimiento del conservadorismo en el país. ¿Pero hay un momento más propicio que el actual para presentar una política distinta, cuando tanto la burguesía como los partidarios de la conciliación de clases están perdidos políticamente? ¿Hay momento mejor que el actual para defender la necesidad de construir un gobierno de trabajadores?


Es mejor acumular fuerzas para una política clasista seria que buscar en forma desesperada la bendición de Lula que para conseguir algunos deputados a más. El camino del Frente Popular, solamente nos asegura que lo que “la primera vez fue una tragedia, la segunda naufrague como farsa”.