13/12/2007 | 1021

Putin ganó la batalla electoral

Pero la guerra continúa

El presidente ruso Vladimir Putin obtuvo una aplastante victoria en las elecciones parlamentarias o, más precisamente, en el extraño referéndum de tipo bonapartista del 2 de diciembre del 2007. La Duma, el Parlamento Ruso, está compuesto casi solamente por partidarios leales al presidente: el partido encabezado por el presidente, “Rusia Unida”, triunfó con el 64,1%; la “oposición” leal al presidente, el alter ego de “Rusia Unida”, el centroizquierdista “Sólo Rusia”, un partido construido artificialmente por el Kremlin, alcanzó poco más que el mínimo legal del 7% necesario para entrar al Parlamento. El fiel aliado del presidente, el ultra nacionalista Partido Democrático Liberal del payaso fascista Zhirinosvsky obtuvo 8,2%. Los partidos liberales y de derecha opuestos a Putin, fueron aplastados con un porcentaje de entre el 1 y 1,5%.


El único partido de oposición en el parlamento es el Partido Comunista de la Federación Rusa (KPRF) conducido por Ziuganov, que obtuvo cerca del 12% (las autoridades gubernamentales de Putin impidieron burocráticamente que participara en las elecciones el más pequeño y radical Partido de los Trabajadores Comunistas Rusos (RKRP) dirigido por Tiulkin. Inmediatamente después de las elecciones, y a pesar de las protestas de Ziuganov por un presunto fraude contra su partido, el brazo “izquierdo” de Putin, “Sólo Rusia”, llamó al KPRF a fundirse en un único partido de la izquierda unida, como “el único e ineludible camino a seguir”. Ziuganov rechazó la oferta pero todo el mundo sabe que nunca evitó la colaboración con el presidente visitándolo a menudo en el Kremlin para “aconsejarlo”…


No hay duda que el bonapartismo de Putin se consolidó en una elección que parecía más a un plebiscito sobre su actuación personal en los últimos ocho años.


La verdad es que Putin disfruta de una legitimidad relativa, incluso de popularidad en algunos sectores de la población, por dos razones principales.


Primero, la intervención del Estado en la economía después del default de 1998 y el ascenso al poder de Putin, la recentralización de recursos estratégicos de petróleo, gas, energía, etc. y, sobre todo, la suba astronómica del precio del petróleo en los mercados mundiales en el período 2000/2007, creó las condiciones de una estabilidad relativa, lo cual marca una diferencia significativa para la población en comparación con la caótica década de los '90, la cual significó para las masas devastación, hambrunas masivas y pérdida de la dignidad humana. Sobre estas bases materiales, la confianza de la clase obrera y de la militancia comienza nuevamente a levantarse contra todas las medidas anti-populares que involucran al proceso de continuidad de la restauración capitalista. Esto se puede ver desde el levantamiento de los jubilados en 2005 hasta las recientes huelgas y ocupaciones de fábricas en la región de Leningrado.


Segundo, no se percibe una alternativa creíble en el horizonte político. A pesar que una mayoría de la población expresa su preferencia por un retorno a la época de los soviets (el 52%, en una encuesta reciente publicada en Kathimerini, 7/12), el principal partido estalinista KPRF está desacreditado y continúa desintegrándose. Recientemente, Ziouganov agredió a algunos de los altos funcionarios de su partido como ¡¡¡“neo-trotskystas”!!! Además, la mayoría de los partidos u organizaciones stalinistas, neo-stalinistas o social demócratas están desacreditados por su colaboración con Putin o con los liberales y con el campo derechista contra Putin liderado por el pro-occidental Kasparov.


La ausencia o la debilidad de los opositores mantienen la fortaleza de Putin como árbitro entre los clanes en conflicto dentro de la elite gobernante. El bonapartismo es por definición un régimen de crisis, donde el equilibrio es la apariencia de contradicciones sociales agudas y no resueltas. El régimen de Putin nació del fracaso de las contrarreformas restauracionistas de la primera década bajo Yeltsin, Gaidar, Chubais y compañía. Pero su régimen aún no resolvió las viejas contradicciones y ya se han ido acumulando otras nuevas. Putin ganó una fácil batalla en el frente electoral; pero ¿qué pasará con la realmente difícil guerra de ahora en más? ¿Y cuál será el impacto del actual caos financiero internacional sobre la frágil estabilidad económica de Rusia? ¿Un nuevo 1998 o peor?


El avance de la restauración capitalista exacerba las contradicciones internas entre los clanes del Kremlin, como lo indican las recientes purgas que van desde los Ministerios de Justicia y Finanzas a la oficina del Procurador General, hasta la empresa estatal petrolera Rosneft. Además de estas luchas intestinas, la guerra principal que enfrenta el régimen es contra la clase obrera como cabeza de la mayoría de las masas populares.


La independencia política de la clase obrera en la tierra de la Revolución de Octubre contra todas las vías de la restauración capitalista, ya sea el sendero de Putin o el de los liberales hacia el desastre, es una precondición para una lucha victoriosa por el socialismo. Es urgente la lucha por el renacimiento del genuino bolchevismo, purificado del legado stalinista, en la forma de un partido revolucionario de los trabajadores, sección de una refundada IV Internacional. Esta es la cuestión clave para el presente y el futuro frente a todos los luchadores de vanguardia.

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