Palestina

“Queremos vivir, queremos paz, queremos medicina, comida y educación”

Los niños de Gaza organizaron una conferencia de prensa para exigir que cese el bombardeo por parte de Israel.

Conferencia de prensa de los niños de la Franja de Gaza.

“Desde el 7 de octubre nos enfrentamos al exterminio, nos matan, ponen bombas sobre nuestras cabezas. Todo esto en frente del mundo, le mienten al mundo que matan a los enemigos, pero matan a la gente de Gaza. Donde el futuro y los sueños de los niños de Gaza los van matando uno a uno. Venimos al Hospital Al-Shifa para evitar que nos bombardeen y de repente hay más muerte después de bombardear el hospital. La ocupación nos está matando de hambre, no encontramos agua ni comida y bebemos del agua sucia. Venimos ahora a gritar y pedirles que nos protejan. Queremos vivir, queremos paz, queremos que juzgar a los asesinos de niños, queremos medicinas, comida y educación. Queremos vivir como viven los otros niños”.

De este modo, los niños gazatíes describían con crudeza la pesadilla que están viviendo a causa de las bombas que viene arrojando el Estado de Israel sobre los edificios, escuelas, campos de refugiados, mezquitas, ambulancias y hospitales de la Franja de Gaza. Los ataques no cesan desde el 7 de octubre y ya hay 10.812 palestinos asesinados desde entonces, entre ellos 4.412 niños. A su vez, 2.250 personas aún se encuentran desaparecidas entre los escombros de las viviendas bombardeadas, entre las cuales hay 1.250 infancias.

A esto hay que sumarle las estremecedoras imágenes de menores heridos en los pasillos de los hospitales que no dan abasto, muchos de ellos temblando debido a los episodios traumáticos que acababan de vivenciar. Ni qué decir de los 120 bebés prematuros que se encuentran en incubadoras, cuya vida corre peligro ante la falta de combustible, cercenado a instancias de Israel. Se calcula que 160 mujeres dan a luz cada día en Gaza, madres que ahora deberán atravesar el parto y el puerperio en condiciones inhumanas para ellas y sus hijos recién nacidos.

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Un verdadero genocidio a manos de Netanyahu, que acaba con la vida de un niño palestino cada diez minutos. Crímenes de guerra que cuentan con el respaldo del imperialismo yanqui y la Unión Europea, mientras crece la solidaridad de los pueblos del mundo con la causa palestina, la cual se expresa en movilizaciones multitudinarias que los gobiernos se ocupan de reprimir. Apelan a la represión porque con el cerco mediático no les alcanza para silenciar semejante masacre.

A tal punto llega el ensañamiento del sionismo con las niñeces palestinas, que hasta lanzaron proyectiles de artillería contra el Hospital Infantil de Annasir de Gaza. Matan a los más chicos porque están empeñados en llevar a fondo su política de exterminio contra el pueblo palestino para quedarse con la totalidad de su territorio. La expulsión está en curso, dado que en el último mes el 70% de la población de Gaza tuvo que abandonar sus hogares y desplazarse hacia el sur, configurando una nueva Nakba.

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Conscientes de que la muerte los acecha, los chicos gazatíes llevan su nombre escrito en las piernas y las manos para poder ser identificados en caso de que las bombas israelíes los alcancen. Es una forma de combatir la deshumanización que quiere imprimirles el ejército invasor, de defender el derecho a que alguien los nombre antes de darles sepultura -de los pocos derechos que les quedan, privados de alimentos, agua potable y remedios, fruto del bloqueo criminal impuesto por Israel. Grabarse el nombre en la piel es un acto de resistencia contra quienes pretenden condenarlos al olvido, contra aquellos que buscan negarlos y negar la historia de un pueblo entero para hacerlo desaparecer.

Tal vez, o tal vez no debido a su corta edad, cuando lo hacen se les vienen a la memoria los versos del poeta palestino Mahmud Darwish, que rezaban “escribiremos nuestros nombres con vapor teñido de carmesí/Aquí morimos, aquí, en el último pasaje/Aquí o allí…nuestra sangre plantará sus olivos”. Sea como fuere, sin dudas están sembrando memoria.

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Por eso, los niños, en lugar de estar jugando, estudiando y recibiendo protección, deben organizar una conferencia de prensa sobre las ruinas del hospital donde se refugiaban para reclamar el cese al fuego, que se llevó la vida de sus amigos, de sus hermanos, de sus padres y amenaza la suya propia. Son las víctimas del terror israelí, que alzan la voz para quebrar el silencio ensordecedor de la comunidad internacional, insensible ante tanta barbarie. Esas palabras derriban cualquier argumento que pueda esgrimir Israel para justificar la matanza que ha emprendido.

La misma no se circunscribe a la Franja de Gaza. En Cisjordania, las fuerzas de ocupación sionistas han asesinado a 44 niños palestinos desde el 7 de octubre y a 82 en lo que va del 2023. Y en 2022 fueron 13 según Unicef. Aquí no pueden excusarse en la presencia de Hamas, dejando al descubierto que su verdadera intención es llevar a cabo una limpieza étnica del pueblo palestino. Uno de los niños asesinados durante este año, había participado de un reportaje que hizo la ONG Save the Children en 2022, donde relató sus anhelos: “Mi sueño es poder ver de todo de camino a la escuela, como los pájaros y la vegetación. Quiero ver las cosas que siempre imagino. No quiero oler a gas ni ver soldados por todas partes. No quiero tener miedo de salir a la calle. No quiero que mi madre tenga miedo de que me hagan daño o que vaya por las calles buscándome, temiendo que me hayan herido los soldados israelíes”. Como vemos, los sueños de los niños palestinos son incompatibles con la existencia del Estado expansionista de Israel.

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Quienes luchamos contra todo tipo de opresión defendemos de manera incondicional la causa palestina, su derecho a rebelarse y a retornar al territorio del cual han sido despojados. Nos posicionamos en el campo contrario de aquellos que matan “el futuro y los sueños” de los niños palestinos y les impiden “ver los pájaros y la vegetación” camino a la escuela.