14/08/2020

¿Quién es Kamala Harris, la candidata a vicepresidente de Biden?

El candidato demócrata Joe Biden ya se había comprometido hace meses a elegir a una mujer como compañera de fórmula. Este compromiso llama la atención porque en vez de partir de valorar las cualidades personales de quien va a acompañarlo en el binomio, esto equivale a confesar carencias de su propia candidatura que intentaría suplir con su acompañante.

Por un lado está la propia presencia del movimiento de mujeres, uno de los grandes procesos de lucha que vienen enfrentando al Estado y que el Partido Demócrata intenta entusiasmar como vehículo de recambio político.

Se han desplegado en años recientes el movimiento #metoo de denuncia de los abusos en Hollywood y las enormes movilizaciones de mujeres llamadas “Women’s March” que se han realizado bajo el gobierno de Trump.

Biden, por su parte, cuenta con un problema agregado en ese marco. Se han realizado múltiples denuncias de conducta indebida hacia mujeres. Ha surgido incluso una denuncia por abuso sexual de una empleada del congreso hace 30 años, llamada Tara Reade.

El septuagenario Biden, representante de un régimen político condenado por una población soliviantada y con acusaciones no resueltas de esta gravedad, ha buscado «una mujer» que aparte aporte «diversidad racial» para tratar de resolver la desconfianza que su figura despierta en amplias capas de quienes se oponen a Trump en las calles y deberían apoyarlo en las elecciones de noviembre para que se imponga.

La inclusión de miembros individuales de sectores que sufren la opresión no implica, sin embargo, una modificación de las condiciones reales de vida. No es casual que el movimiento Black Lives Matter haya surgido justamente cuando los asesinatos policiales de la población negra continuaban bajo la presidencia del primer mandatario afroamericano, Barack Obama. Otro tanto podría aportar el movimiento de mujeres de Argentina, que sigue peleando por derechos elementales como el aborto legal, luego de ocho años de que Cristina Fernández de Kirchner ocupara la presidencia.

Finalmente esta semana se definió que la mujer que acompañe a Biden sería Kamala Harris. Conviene detenerse en qué cualidades de su trayectoria política hicieron que fuera elegida, más allá del hecho destacado en los medios reiteradamente de que efectivamente se trata de una mujer de origen étnico diverso. La abogada se desempeña actualmente como Senadora por California e hizo su carrera como fiscal de distrito en San Francisco (2004–2011) y como fiscal general de California (2011-2017). En diciembre de 2019 había abandonado su precandidatura a presidente en las primarias del Partido Demócrata.

Los medios resaltan la elección de la figura de Harris como un aliciente para tratar de repetir la concurrencia de votantes negros, latinos y jóvenes que tuvo Barack Obama. La elección de Harris, un elemento de larga trayectoria como funcionaria de Estado que goza de la confianza de los aparatos políticos de Washington (incluidos muchos republicanos) y de importantes sectores del gran capital es un desaire fuerte al ala progresista que viene creciendo en el Partido Demócrata. Sin embargo, la nueva fórmula fue saludada por el excandidato presidencial izquierdista Bernie Sanders, diciendo que Harris, «sabe lo que hace falta para defender a los trabajadores». La subordinación al aparato partidario del senador Sanders, que se presenta como un candidato independiente y socialista, es total.

Fiscal de Mano dura

En su carrera en la justicia Harris es conocida por ser una fiscal que llevo adelante políticas “tough on crime” (duras contra el crimen), o sea de militarización para los barrios trabajadores e impunidad para el accionar violento de las fuerzas represivas. La Senadora defendió la legislación de “Truancy law”(ley de desertores) que establece multas o la prisión por un año para los padres de los alumnos que se hayan ausentado más de 20 veces de clases. Dicha legislación afecta principalmente a los negros y sectores más carenciados.

Como fiscal general rechazó, en 2014, el dictamen de juez federal del condado de Orange que determinaba que la pena de muerte era inconstitucional. Argumentó que era su responsabilidad como fiscal rechazar ese dictamen con el argumento bizarro de que «socava importantes protecciones que nuestros tribunales brindan a los acusados«. En este momento hay 729 prisioneros en California esperando dicha pena.

Entre otras denuncias que pesan en su contra es interesante que en 2015 se opuso a un proyecto de ley que requería a su oficina la investigación de tiroteos que involucraban oficiales de policía. La activista Phelicia Jones, fundadora de Wealth and Disparities in the Black Community  y la Coalición Justicia para Mario Woods (Woods fue asesinado a tiros por agentes de policía de San Francisco en 2015) resumió el carácter de Harris como fiscal en una pregunta “¿Cuantos más tienen que morir antes de que ella intervenga?”. También se opuso a las normas estatales que regulan el uso de cámaras corporales para la policía y la lista sigue.

La favorita de Silicon Valley

El apoyo de un sector de la industria tecnológica es importante para la campaña del partido demócrata. Desde Silicon Valley, la zona de California cercana a San Francisco donde se concentran decenas de gigantes de la industria empezando por Apple y Google, planteaban una preocupación por el ascenso de “sectores izquierdistas” (sic) dentro del partido  y la ausencia de una campaña de Biden sobre la situación de las grandes empresas tecnológicas, cuando las empresas tuvieron un nuevo choque con Trump, lo cual ha sido reiterado en todo su mandato, cuando fueron citadas al congreso recientemente a indagar si no les cabe la aplicación de legislación antimonopólica. La integración internacional de estas empresas, desde sus planteles de trabajadores a su esquema de negocios, ha generado choques con la política proteccionista e insular de Trump desde la primera intentona de frenar de golpe la inmigración en cuanto asumió.

La elección de la figura que acompañaría a Biden en la fórmula era algo que estaban esperando. Las extendidas relaciones de la senadora Kamala con ejecutivos líderes en tecnología aportan tranquilidad a los donantes vinculados a este sector, lo cual garantizará el ingreso de millones de dólares a la campaña demócrata.

El ascenso político de Harris estuvo financiado desde sus primeros días por la elite de San Francisco, desde magnates petroleros como la familia Getty a los dueños del boom tecnológico que se fue dando en paralelo con su desempeño. Ella tiene una relación muy estrecha con Laurene Powell Jobs (esposa del fallecido Steve Jobs) y también han aportado al inicio de su campaña presidencial relaciones vinculadas a Facebook, Google, eBay entre otros. Reporta al mismo sector de las clases dominantes de California que Nancy Pelosi, la cabeza de la bancada en la cámara baja y que el gobernador Gavin Newsom.

La elección de Kamala Harris como candidata a vicepresidente de los Estados Unidos de parte del Partido Demócrata solo refuerza la percepción de millones de que el régimen político entero de Estados Unidos es propiedad de las grandes corporaciones que fueron rescatadas recientemente por acuerdo casi unánime del congreso mientras más de 160 mil habitantes fueron dejados morir sin movilizar la atención sanitaria necesaria.

Está más planteado que nunca impulsar un partido de trabajadores independiente de demócratas y republicanos que logre llevar a una victoria a los reclamos populares. Fuera Trump. La posibilidad de derrotarlo, como lo dicen miles en las redes sociales en este momento es la huelga general y la acción directa, no el apoyo al partido de los millonarios que representan Biden y Harris.

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