Sharon y la crisis del sionismo


La desaparición política en la práctica de Ariel Sharon ha agravado la crisis del régimen sionista. Apoyado por el imperialismo norteamericano, Sharon había formado un nuevo partido —Kadima— con la pretensión de jugar un papel de arbitraje político que ahora, con su desaparición, ha quedado en veremos.


 


La ruptura de Sharon con su viejo partido, el Likud, se debió a su incapacidad para regimentarlo y para imponerle un acomodamiento al giro que el Estado sionista debía hacer frente a la Intifada y a los reclamos de Bush, que culminaron en el retiro israelí de Gaza.


 


La iniciativa de Sharon tuvo en cuenta la fragmentación política de la burguesía sionista.


 


Poco antes de la fractura del Likud, Amir Peretz había desplazado a Shimon Peres de la jefatura del laborismo. Peres se unió más tarde al nuevo partido de Sharon. El Likud, encabezado por Benjamin Netanyahu después del retiro de Sharon, continúa perdiendo votos.


 


Shinui (“Cambio”), un partido de tendencia sionista liberal de derecha relativamente nuevo, que obtuvo el tercer lugar en las últimas elecciones, se ha despedazado. Su líder, Yosef Lapid, amenaza con retirarse de la política.


 


La crisis ha llegado inclusive a Hadash, el frente electoral del PC israelí, donde la grieta entre la fracción de Muhammad Barake (que representa los sectores musulmanes del partido) y la de Hissam Mahul y Benjamin Gonen (que representa a cristianos y judíos) se ha profundizado y amenaza con fracturar el frente.


 


Pero ahora, desaparecido Sharon, ¿quién va a asegurar que se siga su política? ¿Quién disciplinará al sionismo fragmentado? Ehud Olmert no tiene la autoridad política de Sharon, ganada en su larga historia de crímenes al servicio del sionismo.


 


La burguesía sionista recibió la noticia de la internación y las sucesivas operaciones de Sharon con desesperación. La Bolsa de valores de Tel Aviv cayó a un 8% en las primeras 24 horas. La aparente estabilidad de la dirección de Kadima (se le asegura el apoyo de por lo menos el 30% del electorado) y el apoyo público de Bush a Olmert y Peres parecen haber devuelto a las cotizaciones los valores perdidos.


 


Pero la profundidad de la crisis política del sionismo está muy lejos de haberse resuelto. La prensa se ocupa de la evolución de la salud de Sharon hora por hora.


 


Es una muestra de la incertidumbre de un régimen en crisis.