23/10/2003 | 822

Sólo habrá una «Bolivia india» con un gobierno obrero y campesino

Alvaro García Linera, un ex guerrillero devenido democratizante con aspiraciones ministeriales, ha caracterizado el levantamiento obrero y campesino de Bolivia como un levantamiento étnico (no social): «la rebelión de la nación aymara» (Brecha, 10/10).


Para García Linera, la salida a la crisis boliviana no pasaría por la expulsión del imperialismo, el ejercicio del poder político por los explotados y la completa reorganización social del país a partir de ese poder obrero-campesino, sino por el reemplazo del actual «Estado monocultural y monolingüe» por una «democracia multicultural y mültilingue». A García Linera, el carácter de clase del Estado le es indiferente, lo que deja en claro que su proyectada «democracia indígena» es un Estado burgués, defensor de las relaciones sociales de propiedad y explotación que empujaron a las mayorías nacionales bolivianas a la miseria y la opresión.


¿En qué consistiría la «democracia multicultural y multilingüe» de García Linera? Según sus propias palabras, en «una segmentación vertical de la estructura de poder estatal con niveles diferenciados de competencias políticas», es decir, en el injerto de ciertos componentes «indígenas» al régimen político vigente. Por ejemplo, García Linera propone un régimen de «autonomías regionales culturales y lingüísticas», subordinadas al Estado nacional, y la elección de diputados y senadores indígenas por esas autonomías y en relación a su proporción en el total de la población boliviana (diputados y senadores aymarás por la autonomía aymará; quechuas por la autonomía quechua y así sucesivamente). Finalmente, un Ejecutivo en que el 60% de los ministerios esté en manos de indígenas (Pulso, 15/10).


El indigenismo concluye, entonces, en que el actual régimen político, podría compatibilizarse con la «rebelión aymara», a condición, claro, de la participación en el poder político (y en sus prebendas) de la burocracia de las organizaciones indígenas. Esto lo reconoce el propio García Linera cuando afirma que su propuesta «ciertamente no anula la competencia partidaria (es decir a los partidos actualmente existentes) pero obliga al mismo sistema partidario a multiculturalizarse o a establecer alianzas partidarias multiculturales para gobernar» (Pulso, 15/10).


El planteo «autonomista» no sólo es de interés de los intelectuales indigenistas y las burocracias de las organizaciones campesinas. La burguesía de regiones como Santa Cruz y Tarija – que se han beneficiado con la explotación petrolera y el crecimiento de la producción de soja transgénica y que serían las principales beneficiarias de la explotación gasífera – levantan planteos «autonomistas» para quedarse con la parte del león de los beneficios producidos en sus regiones. El planteo indigenista calza como un guante a los intereses de estos sectores patronales.


La «democracia multicultural» de García Linera tendrá su ejército y su policía, es decir organismos de represión del pueblo en defensa de la «democracia» y defenderá la vigencia de la propiedad privada. Será, como el actual, un régimen opresor y explotador de las mayorías bolivianas.


Una auténtica «Bolivia india» no se desarrollará sobre la base de la representación de las «etnias» en el Estado burgués sino a partir de la supresión de ese estado y su reemplazo por un gobierno obrero y campesino. Es decir, por un régimen de consejos de obreros y de campesinos, de los trabajadores de la ciudad y el campo, que ejerzan el poder en forma directa. El régimen de los consejos, sin la mediación de las burocracias partidarias «multiculturalizadas», es el único que puede permitir el ejercicio efectivo del poder por los campesinos-indígenas en unidad con sus hermanos obreros de las ciudades y las minas. De un poder real, porque se basará en la expulsión del imperialismo, el armamento de la población trabajadora y la reapropiación de las riquezas por parte de la población trabajadora en función de la completa reorganización social de la sociedad. Sólo sobre esta nueva base política y social podrán desarrollarse, en toda su potencialidad, las culturas y las lenguas indígenas, como parte del propio desarrollo cultural de los explotados bolivianos en el poder.

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