12/11/2015 | 1389

Sudáfríca: triunfo de estudiantes universitarios


Hacia fines de septiembre y hasta mediados de octubre, se desataron intensas movilizaciones de estudiantes universitarios, cuando cientos de miles coparon las calles de todo el país contra una fortísima suba en la matrícula universitaria cercana al 10,5%, prevista para 2016 (The Economist, 31/10). Tres fueron las universidades pioneras en organizar la larga lucha en defensa de una educación accesible: la Universidad de KwaZulu-Natal, la Universidad de Witwatersrand y la Universidad de Ciudad del Cabo. Las reivindicaciones superaron la consigna de la suba de las matrículas y marcaron el ritmo de la lucha de clases, la cuestión racial y cultural, cuando en la movilización se exigió la transformación y «descolonización» de la universidad, la equidad racial, una cultura de campus diferente, reforma curricular, más profesores africanos indígenas, educación terciaria gratuita para la gente pobre y trabajadora, así como el fin de la precarización laboral y la subcontratación de los trabajadores docentes y no docentes que cobran bajísimos salarios (www.sinpermiso.info, 28/10). No fue sólo un repudio a más de una veintena de los regímenes universitarios (que defendían la suba), sino también al partido de turno que gobierna el país, el Congreso Nacional Africano (ANC), una coalición que incluye a variopintas fuerzas políticas (socialdemócratas, conservadores y comunistas). Las manifestaciones se desarrollaron frente al Parlamento en Ciudad del Cabo, para luego extenderse por Johannesburgo, Durban y Petroria (sede presidencial).


Esta suerte de «estudiantazo» se da en un cuadro de miseria social y fuertes ganancias empresarias en la minería. Por eso, los estudiantes exigieron al ministro de Finanzas, Nhlanhla Nene que aumente el presupuesto universitario y elimine los fabulosos subsidios a las empresas privadas (la compañía minera más grande del mundo, BHP Billiton, recibe electricidad a una décima parte del precio que pagan los consumidores habituales). Mientras tanto, el ministro de Educación perteneciente al Partido Comunista, Blade Nzimande, convalidó las subas y llamó a desmovilizar. Pero fue replicado cuando los estudiantes pidieron su renuncia -o sea que las manifestaciones desbordaron el poder de contención del PC.


La réplica gubernamental fue una combinación entre la brutalidad policial, haciendo uso de granadas de aturdimiento, balas de goma, gases lacrimógenos, helicópteros que sobrevolaban la ciudad, cañones de agua, por un lado, y la condena a las protestas, que según las palabras del presidente Jacob Zuma, eran «poco constructivas», por el otro, además del rol de bombero del PC. Sin embargo, la presión y organización estudiantil fueron de tal magnitud, que obligaron a las autoridades estatales y universitarias a retroceder en sus posiciones y convocaron a los centros de estudiantes para llegar a una conciliación que arrancó una victoria por el «Fees Must Fall» (¡los honorarios deben caer!).

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