26/09/2020

Tailandia: se intensifica la lucha contra el régimen militar y monárquico

Tailandia continúa siendo uno de los centros nerviosos de la lucha de masas a nivel internacional. El proceso de movilizaciones que se desató contra el régimen militar y monárquico, gestado a partir de la disolución del “progresista” partido Anakot Mai (Nuevo Futuro) por parte del Tribunal Constitucional tailandés, adquirió rápidamente un carácter permanente que tendrá como medida más elevada la realización de una jornada de paro general convocada por el frente estudiantil para el día 14 del próximo mes. La medida empalmará con el aniversario del histórico levantamiento de medio millón de estudiantes y trabajadores que terminó con la dictadura del mariscal anticomunista Thanom Kittikachorn en el año 1973.

Bangkok viene siendo colmada con centenares de miles de manifestantes, originalmente estudiantes en su mayoría. Pero ahora, el rasgo distintivo es un mayor involucramiento de las masas trabajadoras, en particular provenientes de la misma capital e inclusive de provincias del norte y noreste del país, principalmente de la ciudad de Khon Kaen. Al igual que en todo el mundo, las contradicciones sociales en Tailandia se vieron agudizadas fruto del impacto de la pandemia de coronavirus. Los despidos generalizados y el atraso en el pago de pensiones han devenido en un vertiginoso acrecentamiento de la pobreza.

Por su parte, el gobierno militar ha ahondado la persecución contra la oposición política. Al menos 61 personas fueron acusadas de cometer diferentes delitos luego de participar en las movilizaciones, mientras que 28 líderes de distintas agrupaciones han sido culpados por “sedición”.

Contienda

Estamos ante el florecimiento de una intervención popular que se encamina a un cuestionamiento general del régimen político. Todos los medios coinciden en que se trata de una ola de movilizaciones sin precedentes desde el golpe de Estado que en 2014 colocó al general Prayuth Chan-ochoa en el poder, elemento que junto al rey Maha Vajiralongkorn (Rama X) constituyen dos de los objetivos puestos en la mira de todo el movimiento de lucha.

Es elemental tener en cuenta aquí la creciente participación de la clase obrera, el campesinado y las tendencias políticas que anidan al interior de ellas. Como novedad del proceso actual, tenemos la reaparición de los “Camisas Rojas”, un movimiento ligado al ex primer ministro nacionalista -y magnate de los medios de comunicación- Thaksin Shinawatra conocido por haber desenvuelto manifestaciones que en 2010 llegaron a concretar un enfrentamiento armado con el Ejército tailandés del títere gobierno del Partido Demócrata, instalado precedentemente por la cúpula militar. Este movimiento se agrupa dentro del Frente Unido por la Democracia y Contra la Dictadura (FUNDD), también colocado bajo el pabellón político de Thaksin, y del que participaron sectores de la izquierda, incluso vestigios de lo que fue el Partido Comunista de Tailandia (PCT). La pata izquierda de los Camisas Rojas, contraria a la política proburguesa de la dirección de la FUNDD, se ha negado a conformar una organización alternativa basada en un programa de independencia de clase.

En 2011, luego de la victoria electoral de la hermana de Thaksin, Yingluck Shinawatra, el magnate y sus aliados estimularon un proceso de desmovilización de los Camisas Rojas, que sumado a la cooptación de los principales miembros del FUNDD terminó por adormecer la actividad política de aquellos. Esto se reflejó claramente en la inexistencia de una acción de lucha contra el golpe de 2014.

Crisis capitalista y guerra comercial

La economía tailandesa se halla en el peor momento desde el estallido de la crisis que en 1997 desencadenó la caída de los famosos “tigres asiáticos”. El cuadro recesivo al que ha ingresado el país del sudeste asiático está vinculado de igual forma a la caída del turismo, producto del cierre de fronteras y de la caída de las exportaciones y servicios.

En el tablero político internacional, Tailandia viene reforzando sus lazos con China, que es su principal socio económico por delante de Estados Unidos. La relación entre la vieja Siam y los yanquis se vio resentida tras el golpe de 2014 cuando estos últimos suspendieron la realización de ejercicios militares conjuntos, desgastando una sólida alianza militar cuyo origen se remonta al Pacto de Manila de 1954, y que luego fuera fortalecida en 2003 cuando Estados Unidos denominó a Tailandia como aliado mayor siendo un país que no integra la Otan. Empero, ambos países firmaron recientemente un nuevo tratado de defensa.

Con el gigante asiático los lazos que se vienen cocinando son de otro carácter. El mandamás chino Xi-Jinping y el premier tailandés han celebrado en julio de este año haber continuado con una serie de acuerdos comerciales que incluyen la edificación del proyecto ferroviario chino-tailandés, un emprendimiento que facultará el transporte de 30 millones de toneladas de productos y de 22 de millones de pasajeros comerciales. La tentativa china de incorporar las estrategias de desarrollo tecnológico de la industria tailandesa (“Tailandia 4.0” y el Corredor Económico Oriental) en la mentada “ruta de la seda” sumará conflictos al ya atribulado panorama de la guerra comercial.

Pero también hay acuerdos militares. En noviembre del pasado año China y Tailandia acordaron la entrega de más de 110 tanques y otros blindados, a fin de reemplazar los obsoletos tanques estadounidenses.

Tailandia parece hacer equilibrio entre chinos y norteamericanos.

Tareas

La estructura militar-monárquica representa un escollo para satisfacer las demandas más esenciales del movimiento de lucha. Será clave la jornada del 14 de octubre, que vale mencionar tiene entre sus objetivos el boicot al Banco de Siam, donde el monarca tiene el 23% de las acciones. Es necesario profundizar la lucha para barrer definitivamente con la monarquía y su gobierno y poner en pie una organización política propia de la clase obrera y del campesinado.

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