21/07/2016 | 1420

Tesis de la conferencia sobre América Latina convocada por el PO de Argentina y el PT de Uruguay (II)

Conferencia Latinoamericana de la Izquierda


 


La izquierda en la nueva etapa


 


En Argentina y también en América latina, esta crisis plantea el desafío de que la izquierda se convierta en una alternativa política, esta vez ya no bajo formas democratizantes, como en la década y media pasada, sino obreras y socialistas. Lo haría en confrontación con partidos patronales históricos en desintegración, burocracias sindicales desprestigiadas y la venida a menos de las fuerzas reformistas o democratizantes. Para eso es necesario un debate político y una comprensión adecuada de la coyuntura presente.


 


En Argentina, el Frente de Izquierda se ha convertido en un canal político de esa alternativa, en especial en 2013, cuando alcanzó su mejor performance electoral e incluso derrotó al peronismo -gobernante y opositor– en la capital de Salta. Se ha seguido desarrollando en el movimiento obrero, en especial entre delegados y comisiones internas. En abril pasado, una lista de izquierda y clasista, encabezada en todo sentido por el Partido Obrero, ganó el sindicato del Neumático (Pirelli, Firestone, Fate, etc), con el mismo carácter se han conquistado posiciones en el sindicalismo docente, entre los estatales, en seccionales de la CTA (Central de centroizquierda), en la industria de la construcción, de la alimentación, la gran industria del aluminio, entre otras. El programa del Frente de Izquierda plantea el desarrollo de la independencia política de los trabajadores y el gobierno de la clase obrera.


 


En contraste con esta perspectiva se ha desarrollado en el Frente de Izquierda una tendencia hacia el kirchnerismo, por parte del PTS. Es una repetición histórica degradada de la disolución de la misma corriente en el peronismo, en especial luego del golpe del 55; el apoyo al regreso de Perón, en 1972; la incorporación de parte del peronismo al Frente del Pueblo, en 1985. En cada encrucijada histórica esa corriente posó su mirada en un frente con el peronismo y en la adaptación política a la verborragia nacionalista. Tiene incluso en marcha una revisión histórica favorable al foquismo montonero; combina sin rubor el electoralismo y con una pose militarista (en la campaña electoral de 2011 reivindicaba en especial los escritos militares de Von Clausewitz; en la de 2013, el desarrollo de la democracia mediante la igualación del salario de los legisladores con los docentes). Esta adaptación se manifiesta igualmente en Bolivia, donde se abstuvieron sobre la reelección de Evo Morales en lugar de rechazarla, o en el pedido de ingreso en el PSOL, que impulsa a Luiza Erundina como candidata en las próximas municipales de San Pablo.


 


En diversas tentativas de coordinación sindical, tanto el PTS como IS rechazaron, como inoportuna, la reivindicación de la independencia política de la clase obrera, con el argumento de la necesidad de atender a ideología de los activistas peronistas. El seguidismo es postulado como táctica política. En la lista Negra del Neumático, sin embargo, hay activistas de primer nivel que siguen vinculados románticamente al peronismo y defienden esa independencia política de los trabajadores. La ruptura del PTS con el FIT, en ocasión del 1° de Mayo, se explica en esa línea. El pretexto pueril, a saber, que IS no caracterizaba como golpe la movida contra Rousseff, obedeció a la orientación de dar una señal de acercamiento al kirchnerismo, lo cual tuvo expresión en un frente parlamentario del PTS con la burguesìa opositora en defensa indiferenciada del gobierno de Dilma –para peor, con la perspectiva puesta en los resultados que podría brindar para las elecciones de renovación parlamentaria de 2017. El pretexto de la lucha contra el golpe en Brasil operó como una cortina de humo contra el desarrollo de la alternativa política del FIT al gobierno de Macri y sus apoyos políticos. El mismo sentido tuvo la votación parlamentaria del PTS a favor del plebiscito propuesto por el kirchnerismo para un pago a los fondos buitres en los términos de la reestructuración que rigió para el conjunto de la deuda canjeada, en contraposición a la posición revolucionaria del dictamen del PO planteando el no pago de la deuda, en lo que constituyó una formidable denuncia del régimen en su conjunto y en particular del kirchnerismo que aseguró el pago serial de la deuda externa con los fondos de los jubilados. La prensa digital del PTS apunta claramente en esa dirección, pues se ha convertido en una tribuna para el kirchnerismo, que es disimulada con entrevistas periodísticas a voceros de la derecha. Las divergencias polìticas, como ha ocurrido con la posición de IS, deben discutirse con tiempo y método y la participación activa del conjunto de los militantes. Las perspectivas políticas del FIT requieren una delimitación clara del centrismo político de las fuerzas que lo integran. El Partido Obrero se ha destacado por una delimitación rigurosa y una crítica sin concesiones a la experiencia autoproclamada “nacional y popular” – que constituye el contenido principal del avance de la izquierda. Esto en contraste con la oposición al kirchnerismo de la llamada “izquierda plural” (MST, Libres del Sur), que no reparó en esa tarea con aliarse a la oligarquía agraria en el conflicto de 2008, y formar listas electorales con representantes políticos de la industria automotriz de Córdoba y también con secuaces del macrismo.


 


La nueva etapa encuentra al FIT en una encrucijada. La adaptación al kirchnerismo de parte del PTS lo ha llevado a una la ruptura política, como ha ocurrido con el boicot al acto del 1° de Mayo (existe desde hace tiempo una ruptura de los acuerdos de cogestión de las representaciones parlamentarias y, por lo tanto, una usurpación política de las bancas conquistadas). En oposición a esta adaptación y a las tendencias democratizantes, el PO caracteriza que la etapa política presente ofrece una posibilidad considerablemente mayor para que la izquierda revolucionaria se postule como una alternativa política al derrumbe capitalista y al agotamiento e incluso disgregación de los partidos patronales de Argentina. La lucha por independencia de clase del proletariado es el peldaño político para establecer un gobierno socialista de la clase obrera.


 


El balance general revela la definitiva y completa bancarrota del llamado Foro de San Pablo, cuyos gobiernos se hunden como consecuencia de sus limitaciones políticas e incluso su colaboración con el imperialismo.


 


La izquierda latinoamericana aborda la nueva etapa de bancarrotas capitalistas y de regímenes políticos en América Latina, delimitada en tres bloques. Por un lado una derecha que reivindica el frentismo ‘plural’ y democratizante y que se esfuerza en borrar toda distinción entre la clase obrera y los explotados, de un lado, y la burguesía, del otro, y que se manifiesta en el apoyo y en la promoción de candidatos patronales. Por otro lado, una izquierda centrista, que oscila entre el frentismo democratizante y en especial en la adaptación al nacionalismo o democratismo burgués (como ocurre en Bolivia, Brasil y Argentina). Finalmente un polo revolucionario, el cual defiende el principio de los acuerdos prácticos con todas las corrientes en presencia cuando se trata de impulsar una lucha de masas, pero trabaja por la independencia del proletariado como labor preparatoria para un gobierno de la clase obrera. La estrategia de esta última corriente está resumida en la consigna de los Estados Unidos Socialistas de América Latina, incluido Puerto Rico.


 


 


 


Parlamentarismo, sindicatos


 


Las últimas décadas se han caracterizado por el lugar histórico inédito de los procesos electorales, resultado de un cruce de procesos históricos latinoamericanos e internacionales. Sea como fuere, dio lugar a un protagonismo electoral, también inédito, de la izquierda y en particular de la trotskista. En algunos países llevó a organizaciones trotskistas a los Congresos o Asambleas nacionales. Esta circunstancia puso a prueba la capacidad de estas organizaciones para desarrollar una actividad revolucionaria en el campo electoral y en el parlamento. Como es obvio, la capacidad para satisfacer este propósito depende, en primer lugar, de los programas y de las estrategias de las fuerzas de izquierda en presencia, que son, en su mayoría, democratizantes, o sea electoralistas y reformistas. Según se ha denunciado en la prensa de izquierda de Brasil, el PSOL ha aceptado aportes de grandes empresas para sus campañas electorales y el mismo partido ha justificado esta aceptación. Las oportunidades de reconocimiento político que ofrecen los procesos electorales para corrientes confinadas a una actividad sindical o marginalizadas en la lucha política, cuando no directamente sectarias, han operado como un poderoso factor de presión para la adaptación electorera a los prejuicios de la llamada ‘opinión pública’. Es el caso ya mencionado del planteo de igualar el salario de los legisladores a los docentes para acabar con “la casta política” y hacer “avanzar la democracia”. No es más que la charlatanería del Podemos de España. Al igualar con esta ‘casta política’ la persistencia de los dirigentes socialistas más antiguos, el palabrerío democrático fue convertido en contrarrevolucionario.


 


Para que los procesos democráticos puedan ser aprovechados por la izquierda revolucionaria es necesario hacer de ellos una caracterización adecuada. Lo mismo ocurre con el parlamentarismo: son, por un lado, la oportunidad de llevar la propaganda socialista a las grandes masas, pero al mismo tiempo un mecanismo de legitimación del estado y una presión para sustituir la lucha de clases por el arbitraje del sufragio y la representación popular. En el campo de la burguesía, las fracciones democratizantes o simplemente demagógicas, utilizan la labor legislativa para bloquear la acción directa de los trabajadores, casi siempre instigada por la burocracia de los sindicatos o con su colaboración. En Argentina, los parlamentarios del PTS dieron su apoyo abierto a una legislación ‘anti-despidos’ “consensuada” por fracciones opositoras de la burguesía que apuntaba a sustituir la lucha de los trabajadores por el arbitraje de la justicia laboral y a justificar la inacción de los sindicatos ante las suspensiones y despidos. El Partido Obrero  denunció desde el primer momento la “parlamentarización” del reclamo de la burocracia sindical, usando la tribuna parlamentaria durante 50 días de crisis y debate sobre el punto, para brindar en su dictamen un programa basado en el reparto de horas de trabajo sin afectar el salario –escala móvil de horas de trabajo-, en función de las huelgas y ocupaciones de fábricas para enfrentar los despidos y del planteo de huelga general contra el conjunto del ajuste. Curiosamente, el PTS había combatido, en los inicios del FIT, las propuestas de legislación, por parte de la izquierda, como puro electoralismo. Ignoraba la labor legislativa del PO, en el ámbito de la Ciudad, que logró la aprobación parlamentaria a la reducción de las horas de trabajo en el subterráneo y que desató una enorme lucha de los trabajadores y potenció el trabajo en la empresa para expulsar a la burocracia sindical y más recientemente un gran movimiento por las seis horas de enfermería. Así como en el parlamento nacional reanimamos un movimiento nacional por la reparación a 36 mil trabajadores de YPF y más adelante para el gremio telefónico abriendo rutas de desarrollo del clasismo.


 


Los golpes de estado en diversos países, aunque no directamente militares; las masacres en México y la alianza entre el estado y el narcotráfico; las masacres de campesinos en Paraguay; los paramilitares en Colombia; el asesinato de activistas de izquierda por bandas patronales en Venezuela; los continuados asesinatos de trabajadores y líderes sin tierra e indígenas en Brasil; las muertes de luchadores en Argentina, por parte de patotas de la burocracia y la policía, y el gatillo fácil; todo esto atestigua la fragilidad y la provisoriedad de la tan mentada etapa democrática en América Latina. La política que tiene por base la perspectiva de una durabilidad y profundización de los procesos democratizantes, carece de sustento. 


 


El ascenso de la izquierda y de las corrientes trotskistas en América Latina se manifiesta fuertemente en los sindicatos. Un progreso ulterior, sin embargo, podría verse bloqueado por un agudo faccionalismo. Este faccionalismo exacerbado es, por un lado, el reflejo de un prolongado periodo de desarrollo marginal y sectario y, por el otro, de una inmadurez que se caracteriza por la sustitución de la delimitación política por la pelea de aparato. Esto ha impedido un desarrollo sindical que podría haber sido más enérgico, en especial en Brasil, en Argentina y en Venezuela. En la lucha contra este bloqueo propugnamos el frente único de todas las tendencias combativas en los sindicatos.


 


 


La Revolución Cubana


 


En las últimas décadas, la Revolución Cubana ha quedado replegada como foco de referencia para las masas de América latina, incluso por la aparición de nuevas experiencias políticas que desataron enormes ilusiones políticas en los explotados. La razón principal, sin embargo, ha sido el impasse completo que ha alcanzado el régimen político de la isla y su política de colaboración con las burguesías nacionales y el propio imperialismo. Existe una tendencia a descalificar su resultado histórico, sin embargo sigue representando una referencia para los trabajadores de América Latina, en especial por su capacidad de resistencia al mayor imperialismo de todos los tiempos – a noventa millas de sus costas. Mantuvo, además, su peculiaridad histórica frente a la restauración capitalista en la ex URSS y su entorno geopolítico y a la vigorosa penetración del capitalismo en China y Vietnam. La aceptación, por parte de EEUU,  de relaciones diplomáticas con Cuba, constituye un recule político del imperialismo, luego de más de medio siglo de bloqueo, con independencia de que tenga la misma finalidad de reanudar la colonización capitalista de la isla. El bloqueo sigue en pie, aunque disminuido, como un arma de extorsión para imponerle al país las pretensiones del imperialismo.


Con manifiestos zigzagueos, Cuba ha encarado, una salida a su estancamiento económico por la vía de una colaboración del capital internacional, y por una política de ajuste y de mayor diferenciación social. No tiene la posibilidad, sin embargo, de reproducir las características del camino de China hacia el capitalismo, porque no tiene la posibilidad de ofrecer un mercado interno al capital internacional, sino convertirse en una plataforma de exportación y un paraíso turístico e inmobiliario. En última instancia, convertiría a Cuba en una suerte de República Dominicana, Puerto Rico o Haití. Puerto Rico, la isla menor de las Antillas, enfrenta ahora un defol económico generalizado que ha reducido a la nada su condición de estado asociado de EEUU, pues ha pasado a ser gobernado por un comité de supervisión financiera y fiscal, con el cometido de que pague su enorme deuda externa. El camino chino ha conducido a la propia China a una crisis de potencial monumental y al mismo tiempo a un desarrollo cada vez más impetuoso de la lucha de clases de la clase obrera. La bancarrota capitalista mundial opera, por un lado, como un factor de presión para la apertura completa de Cuba al capital internacional y, por otro lado, como un límite insalvable a sus posibilidades, porque acentuará el impasse del régimen político y la lucha de los trabajadores.


 


Cuba sigue siendo una sociedad en transición, con la peculiaridad de que está gobernada por una fuerte burocracia estatal y una tendencia interna cada vez más amplia, que favorece la privatización de la propiedad pública. Esta condición le da al planteo de asociación con el capital extranjero una fuerte connotación restauracionista. Un régimen proletario buscaría atraer inversiones extranjeras, en condiciones de aislamiento y crisis, en función de un fortalecimiento de la dictadura del proletariado. Los grandes debates en el bolchevismo, en los años 20, muestran el rechazo al esquematismo autárquico. Si el proceso de China sirve de ejemplo, la perspectiva de una renovación revolucionaria en Cuba pasa por la lucha por la organización independiente de los sindicatos, el desarrollo de la autonomía política de la clase obrera y la perspectiva de un gobierno de trabajadores.


 


Los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos constituyen los promotores principales del llamado proceso de paz en Colombia, que cuenta con el apoyo de la UE y de la ONU. El largo proceso guerrillero en Colombia ha entrado hace mucho tiempo en una clara descomposición y ha sufrido derrotas militares contundentes. Las negociaciones de paz apuntan a integrarlo al régimen político y al Estado capitalista, el propósito declarado de las propias Farc. El resultado, sin embargo, sigue incierto debido al crecimiento vertiginoso del paramilitarismo y al agravamiento de la cuestión agraria. Un acuerdo de paz no va a resolver ninguna de las contradicciones explosivas de Colombia. Las nuevas condiciones políticas deberían ser aprovechadas para convocar a la construcción de un partido revolucionario.


 


 


Tareas


 


El propósito de estas tesis y de la Conferencia sobre América Latina es que sirvan al debate político y a la elaboración de un programa. No puede existir un partido sin programa, sin embargo eso es lo que ocurre en América Latina. Los asistentes a la Conferencia adoptan un plan de trabajo de difusión de las tesis y su discusión en la izquierda, el movimiento obrero y la juventud.


 


 


Partido de los Trabajadores (Uruguay), Partido Obrero (Argentina), Partido Obrero Revolucionario (Chile), Tribuna Classista (Brasil), Opción Obrera (Venezuela), Emigdio Idoyaga (Paraguay), Osvaldo Coggiola (Brasil).

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