30/10/2014 | 1338

Todos dicen: “fue el Estado”

Guerrero vive un cuadro de insurgencia popular


La enorme consigna estampada en las baldosas de la plaza del Zócalo de la capital mexicana («Fue el Estado») resume la percepción del pueblo mexicano, que reclama la aparición con vida de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Acusado, ese Estado ya no sabe qué hacer para echar lastre y calmar los ánimos: el presidente Peña Nieto recibía por primera vez a los familiares de los desaparecidos; la Procuraduría de la República se vio obligada a acusar definitivamente al alcalde fugado de Iguala y a su esposa; hay más de 50 detenidos; se detuvieron también algunos jefes de cárteles, y finalmente el gobernador Angel Aguirre debió pedir licencia. Su sucesor, el gobernador interino Rogelio Ortega, recibió la instrucción presidencial de «restablecer el orden», en referencia evidente al cuadro de insurgencia que se vive en el estado de Guerrero.


 


Protestas


La movilización popular parece incontenible. Más de 50 mil personas marcharon en el Distrito Federal, y durante la jornada se replicaron protestas de miles por todo el país. Para ese momento, en Guerrero ya había 22 intendencias ocupadas por manifestantes, incluyendo la de Acapulco. Los manifestantes han prometido ocupar los más de 80 municipios del estado. Estudiantes y docentes de más de 30 universidades públicas y privadas realizaron un paro y movilización. Las protestas ya han logrado un alcance internacional, con concentraciones frente a las embajadas mexicanas en 20 ciudades de América y Europa, incluyendo a Buenos Aires. En su propia búsqueda de los estudiantes, las organizaciones nucleadas en la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (Upoeg) afirman haber encontrado más de 30 fosas clandestinas en el estado. Hay miles de desaparecidos en México. La desconfianza se cierne ahora también sobre la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), la que mientras triplica su presupuesto encubre las desapariciones y violaciones de los derechos humanos. Su titular es elegido en el Senado a partir de una rosca de los partidos que integran el Pacto por México (PRI-PAN-PRD). «La CNDH no está con las víctimas, el acceso al expediente siempre es farragoso», denuncia la directora de una organización que defiende los derechos de la mujer.


 


Irrecuperable


El régimen discute su regeneración, pero está podrido hasta la médula. El caso más notable es lo que ocurre con la centroizquierda: la dirección del PRD intentó sostener hasta último momento a su gobernador Angel Aguirre. El alcalde de Iguala, también del PRD y uno de los responsables de las desapariciones, tenía conexiones con López Obrador. El ex senador Lázaro Mazón, un operador político del referente centroizquierdista que rompió con el PRD, «tenía profundos vínculos de amistad con el fugado y había intercedido por él en importantes negocios. La pregunta es cómo fue posible que López Obrador diera su confianza a un político tan vinculado al alcalde de Iguala», se pregunta El País (25/10). Un analista asegura que el comportamiento del centroizquierda ante la desaparición de los normalistas «ha sido una especie de suicidio colectivo» (ídem).


¡Aparición con vida de los estudiantes desaparecidos!