14/11/2002 | 780

Traicionan la huelga municipal

Provocación de Arana después del levantamiento

La mayoría de la directiva de Adeom logró su objetivo de levantar la huelga con piquetes y ocupaciones que por doce días mantuvieron los trabajadores municipales de Montevideo.


Durante doce días de huelga, ni la policía ni las empresas privadas de recolección de residuos a los que recurrió el intendente Arana lograron quebrarla. Pero bajo la presión de la dirección del Frente Amplio y de la burocracia de la central sindical, el Pit-Cnt, la mayoría de la directiva de Adeom, encabezada por el Partido Comunista, tiró la toalla.


Bajó a la asamblea realizada el lunes 4 con la propuesta de aceptar la «oferta» del gobierno y levantar la huelga. La «oferta» de Arana consistía, simplemente, en que Adeom abandonara el convenio, que establece el ajuste de los salarios por la inflación. Arana ofrecía un ajuste salarial inferior a la inflación y sujeto a la «evolución de la recaudación municipal».


La asamblea transcurrió «en un clima de tensión, con insultos a la directiva que comenzaron antes de empezar la asamblea. A las tres de la tarde ingresó un grupo de trabajadores con un cartel que decía ‘Ejecutivo express: entrega de lucha a domicilio’, que cosechó aplausos y gritos de ‘¡Arriba los que luchan!’…» (La República, 5/11). Había cuatro mil trabajadores presentes. Sólo hablaron diez dirigentes; cinco a favor de levantar, cinco a favor de continuar la huelga. Alvaro Soto, miembro de la directiva y militante del Partido de los Trabajadores, denunció que «la Intendencia quiere que los trabajadores nos hagamos cargo de la crisis cuando los responsables son otros» y llamó a continuar la huelga: «La administración tendrá que cumplir con el convenio, no dejemos que nos arrebaten esa posibilidad» (ídem).


Se puso a votación por separado la aceptación de la propuesta de la Intendencia y la continuidad de la huelga. La inmensa mayoría de los trabajadores presentes rechazó la «oferta» de Arana (respaldada por la mayoría de la directiva de Adeom) y resolvió «continuar el conflicto», lo que constituye una inocultable derrota política del gobierno municipal y de la burocracia. Pero ante la evidencia de que la mayoría de la directiva estaba entregada, una parte de los trabajadores que habían rechazado la «oferta» de Arana, votó por levantar la huelga. Ante una votación dividida, la mayoría de la directiva anunció inmediatamente que «ganó la moción de levantar» sin informar los votos que había obtenido cada moción. Ante el reclamo de que se recontaran los votos, la mayoría dio por terminada en forma abrupta la asamblea.


Un final vergonzoso: después de haber levantado la huelga, la mayoría de la directiva debió ser sacada del Palacio Peñarol en una camioneta custodiada por la seguridad que había puesto a su disposición la burocracia del Pit-Cnt, en medio de los insultos de los trabajadores. Sólo los dirigentes que plantearon continuar la huelga pudieron salir caminando tranquilamente con los asambleístas (La República, 5/11).


Apenas 24 horas después, el gobierno frenteamplista de Montevideo montó una provocación que desnuda su objetivo estratégico. Anunció la reducción de las dotaciones de los camiones recolectores de basura de 3 a 2 compañeros; el intento de imponer esta reducción en el 2000, llevó a una gran huelga de los recolectores, de diez días de duración. Ahora Arana vuelve a la carga: los recolectores estuvieron a la cabeza de la huelga que acaba de terminar, de los piquetes y de las ocupaciones. Junto con la reducción de las dotaciones, se anunció una «reestructuración» cuyo objetivo es privatizar nuevos recorridos y circuitos de recolección.


La huelga de Adeom dejó dos cosas en claro: el carácter abiertamente antiobrero, antisindical y provocador del gobierno frenteamplista de Montevideo, y la traición de la burocracia de Adeom.

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