08/01/2020

Trump disimula, pero Medio Oriente es un polvorín

Todas las expectativas internacionales estaban puestas en la conferencia de prensa brindada por Donald Trump tras el lanzamiento, el pasado martes 7, de misiles iraníes sobre dos bases militares en Irak que albergan un número considerable de tropas estadounidenses.


La atención se concitaba sobre los anuncios del presidente estadounidense no solo por el ataque iraní en respuesta al asesinato del general Qasem Soleimani, sino por las idas y vueltas que caracterizaron las declaraciones oficiales del gobierno norteamericano en los últimos días, que incluyeron a funcionarios desmintiendo los dichos de Trump.


La represalia iraní al asesinato de Soleimani, al arrojar una veintena de misiles sobre las bases de Ain al-Asad y de Erbil, se lanzó tras declarar como objetivo primordial la expulsión de las tropas yanquis de Irak -que hoy ascienden a 5.200 soldados. Dos días antes, la bancada chiíta del parlamento iraquí había aprobado una resolución no vinculante que exige la retirada de las fuerzas estadounidenses de su territorio. Entre medio, según trascendió, el gobierno de Irak recibió una carta del comandante militar de las tropas norteamericanas que aseguraba la partida, aunque rápidamente el Pentágono aseguró que se trataba de la filtración, por error, de un borrador. La permanencia de los marines estadounidenses los ha convertido, en este cuadro, en una fuerza de ocupación.


Disimulo


El hecho de que no se registraran víctimas fatales tras el ataque a las bases militares fue el argumento para que el gobierno de Trump limitase su reacción a anunciar la imposición de nuevas sanciones económicas contra el régimen de los ayatollah.


En su conferencia, el presidente norteamericano reclamó que la OTAN actúe en sintonía con las sanciones anunciadas. Es que las otras potencias han dejado al imperialismo yanqui en un verdadero aislamiento. De hecho, la alianza del Atlántico Norte había anunciado que suspendía el entrenamiento militar a los soldados iraquíes y que retiraba su personal de la restringida Zona Verde, donde se concentran las embajadas y edificios gubernamentales. Alemania, Canadá, Croacia, Rumania y Eslovaquia retiraron sus tropas de Irak hacia Kuwait y Jordania, mientras que el Reino Unido las trasladó desde la capital Bagdad hacia una ciudad al norte. Sin el apoyo de la OTAN y de las otras potencias imperialistas, EEUU debería proceder a una movilización militar generalizada para un desembarco en Irán. Para sumar complicaciones, los aliados de Trump se enfrentan entre sí apoyando a bandos opuestos en la desgarrada Libia.


En estas condiciones, los anuncios de Trump descartaron sus amenazantes declaraciones previas. Recordemos que había prometido atacar 52 sitios importantes de turismo y de la cultura iraní, una bravuconada que fue luego desmentida por su vicepresidente, su secretario de Estado y su secretario de Defensa, quienes lo calificaron como un crimen de guerra y negaron estar preparando una acción de ese tipo. Luego de ello, el propio presiente se retractó.


Ahora, Trump aseguró que Irán se habría “bajado del caballo” y que el asesinato del general Soleimani constituía un punto de llegada, para poner fin a las confrontaciones, y no un punto de partida para una escalada.


Polvorín


Pero la cuestión no está por ello resuelta. Medio Oriente sigue siendo un polvorín, y finalmente grandes guerras se desataron cuando sus principales contendientes buscaron evitarla. Antes de alcanzar un punto de equilibrio, la cuestión puede derivar en choques cada vez mayores. Por lo pronto, Irán abandonó la última de las restricciones al enriquecimiento de uranio que habían sido fijadas por el acuerdo nuclear de 2015 firmado con Obama. La causa anti estadounidense posibilitó al régimen iraní, sacudido por importantes movilizaciones populares hace menos de dos meses, nutrirse de una causa antiimperialista que le permitió reposicionarse tanto puertas adentro como en la región.


Numerosos analistas advierten que la tensión puede seguir aumentando por distintas vías que, como en el pasado, le permitirían a Irán desligarse de la autoría directa de nuevos ataques. Los distintos grupos armados chiítas en Irak anunciaron que se fusionarán en una sola milicia, para luchar contra la presencia de Estados Unidos. Estas milicias han protagonizado en los últimos dos meses once ataques a bases militares yanquis, en el último de los cuales murió un contratista norteamericano, desencadenando la crisis actual.


Muchos medios alertan contra la posibilidad de que, a través de sus aliados en la región (los hutíes en Yemen, Hezbollah en Líbano), el país persa emprenda ataques a instalaciones petroleras, aeropuertos, radares o plantas de desalinización de Arabia Saudita, Israel, Emiratos Árabes u otros aliados de Estados Unidos en la región. No son pocos los que recordaron en estos días que el bombardeo a la petrolera saudí Aramco en septiembre fue perpetrado con misiles de alta precisión con alcance superior a los 2.000 kilómetros, lo cual muestra una mejora sustancial en el armamento iraní. Otros especulan que Irán podría usar una flota de 5.000 lanchas rápidas para ejecutar nuevos ataques en las aguas del Golfo Pérsico, y por lo pronto Arabia Saudita suspendió los tránsitos de sus buques petroleros a través del Estrecho de Ormuz (entre el Golfo Pérsico y el Océano Índico) a través de la cual pasa el 20% de la producción mundial de petróleo.


La crisis del imperialismo yanqui


El cuadro se caracteriza entonces por su inestabilidad. La política de Trump es de un empirismo que genera rispideces dentro de su propio campo. Su anterior secretario de Defensa, Jim Mattis, había renunciado después de la abrupta decisión de retirar las fuerzas de Siria, que fue luego suspendida, para más tarde sorprender a sus aliados kurdos al retirar tropas del norte de ese país, dejando vía libre a la ofensiva turca en el territorio. La última vez que autorizó un ataque contra Irán, en represalia por el derribo de un avión no tripulado, lo suspendió abruptamente a 10 minutos de su concreción. Estas oscilaciones, sin embargo, no pueden ocultar el retroceso estratégico del imperialismo yanqui en la región, particularmente tras el descenlace de la guerra en Siria, que benefició a sus rivales como Rusia e Irán. Afirmando que “no necesitamos el petróleo del Medio Oriente”, Trump justificó hoy este repliegue.


El devenir de la situación está condicionado, de conjunto, al cuadro regional e internacional, caracterizado a su vez por las tensiones cruzadas entre las principales potencias, al compás de la guerra comercial y las tendencias a la recesión global. Finalmente, es la bancarrota capitalista el motor de la escalada belicista, que se registra en la carrera armamentística de los países imperialistas. La afirmación de Trump de que abrazarán a quien busque la paz puede quedar vacante de destinatarios.

 



 

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