Trump y Xi Jinping, una reunión con agendas incompatibles

Trump y Xi Jinping se reunieron en China

La cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en China no despejó -pese a las declaraciones conciliadoras de ambas partes- ninguno de los grandes temas que enfrentan a ambos países.

Trump y Xi tuvieron un pequeño intercambio público y después una reunión a solas de dos horas, de la que trascendieron algunos detalles por medio de funcionarios y medios públicos.

El líder chino volvió a insistir en que Taiwán es el asunto central de las relaciones bilaterales, advirtiendo a la Casa Blanca que una mala gestión de ese problema puede conducir a un conflicto. Ello, a pocos meses de que el gobierno yanqui anunciara una venta de armamento por 11.000 millones de dólares a la isla ubicada a pocas millas de China, cuya soberanía reclama Beijing.

Xi Jinping se preguntó si Estados Unidos y China pueden evitar lo que se conoce como la “trampa de Tucídides”, un concepto que evoca el enfrentamiento histórico entre Atenas y Esparta y que suele usarse en las relaciones internacionales para referirse al conflicto inevitable por la supremacía entre una potencia consolidada y otra en desarrollo.

Para Xi, “lograr el gran rejuvenecimiento de la nación china y hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande (el lema de Trump) pueden ir de la mano”. Pero aquí está el meollo de la cuestión: la incompatibilidad de ambas agendas, en un cuadro en que la crisis capitalista acentúa las tendencias a la guerra comercial y a la guerra misma.

Son estas profundas tensiones las que, a un año de la reunión que alumbró una tregua comercial entre las partes en materia de aranceles y comercio de tierras raras, hacen que Trump y Xi hayan vuelto a toparse con los mismos obstáculos. Se espera que esta tregua comercial se ratifique, aunque no hubo todavía anuncios concretos. También podría haber anuncios de un mayor acceso al mercado chino para productos norteamericanos. Trump fue a China acompañado por empresarios de peso, como los líderes de Tesla, Elon Musk, de Apple y Nvidia, entre otros.

Según Trump, Xi se mostró partidario de un desbloqueo del Estrecho de Ormuz y dispuesto a cooperar en ese sentido. Pero tampoco hay anuncios concretos. Además, la formulación es ambigua, porque hoy el Estrecho no solo está bloqueado por Irán, sino también por los propios Estados Unidos.

El tono conciliador de Trump en la reunión, tan diferente del tono bravucón que emplea con Venezuela (a la que quiere sumar como Estado número 51 de la Unión) o Cuba, no es ajeno al desarrollo de la guerra de sometimiento contra Irán. Complicado en ese frente, el magnate buscó complicidad en Xi. China tiene sus propios intereses políticos y comerciales en que se despeje el Estrecho, y tiene influencia sobre Teherán, pero no se limitará a actuar como mero factor de presión de Estados Unidos en el conflicto.

Frente al recrudecimiento del militarismo y las tendencias a la guerra, tenemos que impulsar una intervención independiente de los trabajadores. En esta perspectiva, en julio se desarrollará en Atenas una conferencia internacionalista con organizaciones de todo el mundo.