20/09/2007 | 1010

Un congreso estratégico del PT de Uruguay

El fin de semana pasado tuvo lugar el XIII Congreso del Partido de los Trabajadores de Uruguay. Fue precedido por un acto numeroso en el cual hizo uso de la palabra Jorge Altamira y fue cerrado por Rafael Fernández. En las entrevistas televisivas y radiales, Altamira denunció no solamente el carácter contaminante del pulpo pastero Botnia; remarcó especialmente su naturaleza colonial, pues está enteramente orientado a la exportación y no reditúa siquiera beneficios impositivos. Altamira denunció la alianza entre esta pastera y las papeleras argentinas que contaminan el río Paraná, a las cuales va dirigida una parte de la materia prima que saldrá de Fray Bentos. En la misma línea describió la alianza entre Kirchner y Tabaré Vázquez, que representan, ambos, a regímenes políticos que amparan la contaminación. El argentino es un contaminador serial: minería, petróleo, Riachuelo. Altamira reivindicó a la delegación del PT que se hizo presente en Fray Bentos en oportunidad del cruce del puente por parte de la Asamblea de Gualeguaychú, cuestionada en los medios por su carácter minoritario. Los periodistas del otro lado del río parecen olvidar que igualmente minoritaria fue la invasión de los 33 Orientales.


Frente Amplio


El Congreso tuvo como eje la peculiar situación política de Uruguay, que está gobernado por un Frente Popular. Al cabo de más de dos años de gobierno es claro que quedaron desvirtuadas dos ilusiones: la de una mayoría popular, que esperaba el inicio de un proceso de transformación social, y la del PT, que esperaba un rápido desplazamiento hacia la izquierda y la ruptura con el Frente Amplio por parte de sus sectores más avanzados. Semejante constatación obligó a un re-examen profundo de la estrategia política.


El ascenso del FA al gobierno inicia un período de transición, que afecta al conjunto de las clases sociales y a los partidos y el aparato del Estado. Aunque el gobierno de Tabaré es de neta factura capitalista y una agencia del capital financiero internacional, se distingue de los blancos y colorados que lo precedieron por que instaura en la cúpula un sistema de colaboración de clases. No solamente integran el gobierno los partidos históricos de la clase obrera sino que lo mismo ocurre, a todos los fines prácticos, con la central sindical, el PIT-CNT. Una parte de la integración de los sindicatos al Estado es heredada, como lo testimonia el Consejo de Salarios, que se sobrepone a los convenios colectivos de trabajo. El FA constituye la mayoría parlamentaria, aunque no reúne los dos tercios. Por mayor que pueda ser la estabilidad de los regímenes de colaboración de clases, constituyen un método excepcional de gobierno en las condiciones del Estado burgués. Reflejan siempre una declinación de la supremacía política de la burguesía, que se ve obligada a recurrir a sus agentes en la clase obrera. La ilusión ‘revolucionaria’ consiste en sobredimensionar la inestabilidad de este régimen contradictorio y en subestimar su capacidad para imponer un retroceso en la capacidad de acción de los trabajadores.


Dentro de este esquema contradictorio se delinean tres tendencias. La que encabeza el ministro de Economía, Danilo Astori, por un lado, y el de agricultura, José Mujica, por el otro, que plantean la evolución hacia un régimen de gobierno ‘más’ normal, o sea hacia la derecha, que se apoye en una mayoría parlamentaria que integre a una parte de los partidos tradicionales. Es lo que ha hecho el gobierno de Lula en Brasil. La tendencia histórica oficial del FA (gran parte del PS, el PC y una mayoría del PIT-CNT) aboga por la continuidad del régimen de colaboración de clases. Una tercera corriente (26 de Marzo, PCR, Corriente de Izquierda) busca presionar al gobierno hacia la izquierda mediante denuncias y acciones prácticas. Repite una línea tradicional, que tipificó al MIR de Chile bajo el gobierno de Salvador Allende. Tabaré Vazquez opera, en este esquema contradictorio, como una especie de bonapartista, como lo demuestra su decisión de vetar cualquier decisión del parlamento a favor de una ley de aborto o que anule la ley de impunidad. Una expresión confusa de esta situación contradictoria es la renuncia de Tabaré Vázquez a candidatearse a la reelección.


Etapa


Todo indica, sin embargo, que el periodo idílico inicial de este Frente Popular se está agotando. Aunque en forma esporádica o subterránea, crece el descontento popular. La burocracia ha sufrido retrocesos importantes en las elecciones sindicales a manos de los sectores clasistas. La inflación ha comenzado a deteriorar el equilibrio económico existente y ha obligado al PIT-CNT a plantear controles de precios por parte del Estado — claro que para esquivar el reclamo de aumentos salariales. Un ala del FA ha lanzado una campaña para que un referendo, en 2009, derogue la ley de impunidad — aunque esto apunta a evitar que lo haga ya el parlamento donde el FA tiene mayoría. El PIT-CNT, por su lado, ha convocado a un Congreso del Pueblo, que se encargaría de formular un programa y un planteo estratégico, pero “para profundizar” el proceso colaboracionista en curso. La experiencia de colaboración de clases ingresa, de este modo, en una nueva etapa. El gobierno de Tabaré tiene muy presente lo que está ocurriendo en Chile, donde la ‘concertación’ se desmorona como consecuencia de la movilización popular y, subsidiariamente, como resultado de la crisis financiera internacional. La izquierda que se encuentra afuera de la ‘concertación’ apunta a reformular el sistema de colaboración de clases, incluso mediante su ingreso al gobierno actual o al próximo.


Tenemos presente aquí la transición política en todas sus manifestaciones: cambia la situación política y esto obliga a todas las clases y partidos a adaptar su política a las circunstancias que cambian y que minan la base de la colaboración de clases.


Política


Desde un punto de vista estratégico, los revolucionarios oponemos al régimen de colaboración de clases el gobierno de los trabajadores; llamamos a todas las fuerzas que se apoyan en el proletariado a romper con la burguesía y a preparar un gobierno propio. El congreso del PT aprobó la consigna: No al régimen de colaboración de clases, preparemos un gobierno de trabajadores.


A partir de aquí la transición política obliga a adoptar tácticas definidas. Para esto el congreso puso en primer plano un sistema de reivindicaciones que oriente a luchar contra la inflación y la crisis mundial, llamando al PIT-CNT y a los sindicatos a lanzar un plan de lucha por el ajuste de los salarios a la inflación y a rechazar la mentira del control estatal de los precios. Asimismo, llama a los sindicatos a romper con la camisa de fuerza de los Consejos de Salarios y plantear la denuncia de los convenios que no contemplan el ajuste automático de los salarios. El PT, que tiene representantes en la Mesa Representativa de la Central Sindical, lanza una política de colaboración con todas las corrientes políticas y sindicales que defiendan la independencia obrera y sindical frente al Estado.


Con el mismo criterio el PT participará de la campaña de firmas para que un referendo anule la ley de impunidad, pero denunciando que sus promotores le dan un carácter dilatorio; por eso llaman a firmar un anexo para que los diputados del FA voten de inmediato esa anulación. La misma táctica seguirá en el Congreso del Pueblo, donde planteará un plan de lucha por la escala móvil de los salarios frente a la inflación y por la derogación de los impuestos que gravan los salarios. Asimismo, planteará, estratégicamente, la nacionalización de los bancos, el rechazo de la deuda externa, la nacionalización sin pago y la reconversión de Botnia, la ruptura de todos los acuerdos con el imperialismo, la unidad socialista de América Latina.


Método


En esta experiencia política de transición el PT tiene que tener en cuenta principalmente la evolución de la conciencia de las masas, no puede ni debe saltearla, para poder construir sistemáticamente una alternativa revolucionaria. Deberá abordar, en forma concreta, todas las contradicciones que genera este periodo y las que produce dentro del Frente Popular o de colaboración de clases. Hay que tener cuenta que la experiencia de colaboración clasista tiene lugar en condiciones de debilidad extrema del sujeto político revolucionario. Y aquí está la contradicción explosiva esencial: una sociedad que se ve obligada a recurrir a métodos de gobierno de excepción como consecuencia de la imparable declinación del régimen social capitalista, de su Estado y de sus partidos.


El futuro dirá si el Congreso del PT del fin de semana pasado marca un nuevo punto de partida de la lucha revolucionaria en Uruguay.