20/12/2021

¿Un Ejército de la Unión Europea?

El jefe diplomático de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, presentó en noviembre pasado, ante el Consejo de Asuntos Exteriores y de Defensa, la denominada “Brújula Estratégica”, un proyecto cuyo fin es avanzar hacia la creación de un Ejército europeo. El documento busca fijar una estrategia y diseñar una orientación política «acorde» al presente cuadro internacional, a saber, signado por fuertes choques comerciales y por una agudización de los enfrentamientos militares. Se trata de un tópico de larga data, que ha suscitado importantes debates al interior de la UE, y cuya puesta en marcha pretende ser una superación de las maniobras conjuntas que actualmente llevan adelante los ejércitos nacionales. Detrás de este curso, asoma el intento de reforzar el imperialismo europeo, y por lo tanto de la tentativa de profundizar la opresión de la clase obrera del viejo continente y del mundo.

El debate sobre un ejército europeo cobró fuerza en noviembre de 2019, después de las declaraciones del presidente francés Emmanuel Macron, quien destacó que la Otan, la alianza militar que integra a Estados Unidos y varios Estados del viejo continente, se encuentra en estado de “muerte cerebral”. Cabe señalar que la posterior retirada unilateral de los norteamericanos en Afganistán, sin ninguna coordinación con sus socios europeos, irritó a Bruselas.

El documento, de aprobarse en marzo de 2022, tendrá su traducción material en la creación de una fuerza de defensa con “capacidad de actuar cuando sea necesario”. Comenzaría sus operaciones en 2022, con el desarrollo de maniobras en el campo cibernético, en aras de reforzar las herramientas para actuar ante las llamadas “guerras híbridas” (uso de la fuerza con métodos “no violentos”, como la desinformación y los ataques informáticos, etcétera), para transformarse ulteriormente, a partir de 2025, en un Ejército de 5.000 uniformados. La organización y el mando de las tropas quedarían bajo la égida del Estado Mayor de la UE, que hasta ahora ha asumido el control de “misiones no bélicas” (sic), “centradas en la formación en terceros países, como Malí, Somalia o República Centroafricana” (El País, 15/11). La financiación de las tropas, asimismo, estaría a cargo del presupuesto comunitario de la UE.

La necesidad de una cooperación militar aparece, según sus impulsores, debido a la “creciente hostilidad de los países que se desmarcan del multilateralismo (guerra comercial y choques entre los Estados) y por el repliegue de Estados Unidos como guardián de los intereses de Occidente”. El borrador apunta contra Rusia, Bielorrusia y alude al conflicto en Ucrania. Desde el punto de vista de los intereses de las burguesías europeas, además, este reforzamiento del militarismo apuntaría a conquistar nuevas esferas de influencia en el mercado mundial, como en la región del Indo-Pacífico, una porción del globo atravesada por todo tipo de choques entre las distintas potencias.

Ahora bien, ¿tiene viabilidad el planteo de un ejército europeo? En el marco de las fuertes tendencias a la disgregación de la Unión Europea, es más que dudoso.

De hecho, el proyecto, que recogió el apoyo inicial de países como Francia, Alemania y España, ha encontrado una oposición en otros como Países Bajos, Suecia y Dinamarca, y como era de esperarse en aquellos euroescépticos, como Hungría y Polonia, cuyo gobierno está alineado a Estados Unidos. París misma, que en un principio defendía una autonomía militar, se ha terminado mostrando como una de las capitales más proclives a no apartarse de la Otan, a la cual considera un paraguas militar y nuclear imprescindible. La Unión Europea viene asumiendo una mayor independencia en sus movimientos frente a Washington (de hecho, no sigue incondicionalmente la política de sanciones contra China), pero no es suficientemente fuerte para crear una alternativa propia a la alianza atlántica.

Incluso se han manifestado discrepancias entre Berlín y París, que se encuentran a la cabeza de los dos mayores proyectos industriales del sector armamentístico, con la construcción de un sistema de combate aéreo. El proyecto de marras ha peligrado en varias ocasiones como consecuencia de las rispideces entre ambos países. Por otra parte, Italia y Polonia temen quedar relegadas y sometidas a un dominio de la industria franco-alemana.
En definitiva, se pondera un ejército europeo pero terminan aflorando las rivalidades nacionales. Ni siquiera hay una homogeneidad entre sus integrantes respecto a China y Rusia, ya que se cruzan todo tipo de intereses económicos.

La idea de implementar la Brújula Estratégica está condicionada por este conjunto de contradicciones, cuyo telón de fondo es la crisis capitalista mundial y sus expresiones en el viejo continente. El hecho de que las burguesías europeas no hayan podido avanzar en esta línea en momentos donde la UE era más pujante cuestiona la viabilidad actual de esta empresa, que requiere de grandes recursos financieros en un marco donde los Estados se hallan en bancarrota y reina la austeridad. Además, un eventual funcionamiento de la Brújula deberá pasar por el toma y daca del Consejo Europeo, cuyas resoluciones militares requieren el voto unánime de sus miembros.

En oposición al militarismo imperialista, se vuelve imperioso que la clase obrera continental luche por la unidad socialista de toda Europa.

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