25/08/2011 | 1191

Un nuevo bombardeo sionista contra el pueblo palestino

Se profundiza la crisis política en Medio Oriente

Israel ha desatado una nueva ola de bombardeos contra la Franja de Gaza -que dejó hasta el momento quince muertos, entre ellos varios niños-, en represalia contra un triple atentado coordinado en la frontera entre Egipto e Israel, que incluyó un ataque a objetivos tanto militares como civiles israelíes. Durante los choques armados, el Ejército sionista mató a tres soldados egipcios, lo que colocó a la relación entre El Cairo e Israel, virtualmente, al borde de la ruptura.

El atentado fue reivindicado por una de las milicias palestinas, pero contó también con el respaldo de Hamas, que respondió a los bombardeos con el lanzamiento de cohetes a algunas ciudades israelíes, sin ninguna baja fatal.

El gobierno de Netanyahu ordenó casi de inmediato una ola de bombardeos contra la ciudad de Rafah, donde se encuentra el paso fronterizo entre la Franja de Gaza y Egipto -cerrado tras la operación «Plomo Fundido» y reabierto luego del inicio de la revolución egipcia. De acuerdo con Israel, los atacantes lograron contrabandear las armas y explosivos a través de ese paso, debido a los «controles laxos» del nuevo gobierno de El Cairo, y posteriormente ingresaron a Israel a través del Sinaí. Desde el inicio de la revolución, el estricto control de las fuerzas de seguridad sobre el paso fronterizo se vio debilitado. «La primavera árabe y la caída de Hosni Mubarak desataron varios ataques contra el gasoducto que atraviesa el Sinaí, y que abastece de gas a Israel y a Jordania» (The Economist, 18/8).

Según algunas versiones, el gobierno israelí (o al menos, un sector de su inteligencia) estaba al tanto de la preparación de los atentados, pero dejó hacer para poder desatar una represión en regla. «La disuasión conseguida con la Operación Plomo Fundido -en la que murieron más de 1.400 palestinos- se ha agotado» (El País, 22/8), reconoció Silvan Shalom, viceprimer ministro israelí, luego del inicio de la nueva ola de bombardeos. En la Franja de Gaza, se registraron numerosas movilizaciones en el último tiempo en solidaridad con la revolución árabe. La última de ellas, convocada en apoyo al levantamiento popular en Siria, fue reprimida por Hamas.

Sin embargo, el régimen sionista observa con preocupación que, sin excepción, las masas árabes sublevadas expresan un odio rabioso contra su Estado.

Asimismo, el gobierno israelí venía enfrentando en las últimas semanas las protestas más grandes de la historia del Estado sionista, protagonizada por los «indignados». Las manifestaciones convocadas por estos sectores fueron postergadas por los atentados, lo que generó varios debates en su interior y dejó de manifiesto la heterogeneidad dentro de este masivo movimiento. Si bien una abrumadora mayoría de los manifestantes es, por supuesto, sionista, la mayoría de los jóvenes y trabajadores judíos que protagonizan el movimiento de los «indignados» se encuentran realizando una acelerada experiencia con el Estado sionista, que se encuentra en un cuadro único de descomposición histórica. Hace sólo pocas semanas, Netanyahu anunciaba nuevas construcciones de asentamientos en Jerusalén Oriental -una nueva provocación-, mientras decenas de miles de jóvenes no pueden acceder a una vivienda. Un límite para el desarrollo de la conciencia de las masas judías, en este cuadro, es la negativa de las organizaciones árabes a intervenir en este movimiento. Por otro lado, se vuelve a manifestar el terrorismo político como una vía de desorganización de las masas.

El sionismo

El conjunto de los partidos sionistas se pronunciaron por un endurecimiento de los operativos: Shalom reclamó inclusive avanzar en «operativos terrestres». También se pronunció por esta vía el partido de «oposición», Kadima, de la ex premier Livni, quien fue la ejecutora de la operación «Plomo Fundido». Sin embargo, esta demostración de unidad y fortaleza de los políticos sionistas oculta la profunda disgregación que atraviesa el régimen. La posibilidad de que se repita una operación de la magnitud de 2006 está limitada por diversos factores. El bombardeo sionista contra Gaza ocurre en un cuadro excepcional en el mundo árabe y en Medio Oriente, que es recorrido por un levantamiento popular de las masas de características revolucionarias, desde fines del año pasado. Este nuevo elemento distingue cualitativamente la situación respecto de la Operación «Plomo Fundido», que contó con el apoyo del dictador pro-imperialista Hosni Mubarak. Por otro lado, en el frente interno, el régimen sionista atraviesa una severa crisis entre los mandos militares y los religiosos, en un cuadro de ascenso del movimiento popular.

El nuevo ataque sionista despertó rápidamente la solidaridad de los pueblos árabes, con manifestaciones masivas -en particular en Egipto. La movilización en este país hacia el Consulado israelí fue masiva. Los manifestantes exigieron la expulsión del personal diplomático israelí del país. Un manifestante, denominado popularmente como «Flagman», se convirtió en un verdadero héroe al subirse y sacar la bandera israelí del Consulado. El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSAF) que gobierna Egipto, por su parte, exigió una «disculpa» y una investigación oficial del Estado sionista por el asesinato de los soldados, en el cuadro de una intensa presión de la población para que se rompan relaciones.

Este escenario dejaría a Israel abandonado a su suerte. «Israel se alejó de sus aliados turcos tras el cruento asalto a la flotilla de la paz y en concreto a la nave Mavi Mármara, y perder ahora a Egipto supondría un aislamiento casi completo en la región» (El País, 22/8). Por su lado, la Autoridad Palestina se encuentra recorriendo las distintas oficinas de gobierno del mundo para lograr un reconocimiento unilateral del Estado palestino, con el financiamiento de la Unión Europea. Por este motivo, el gobierno de Netanyahu activó rápidamente enviando dos diplomáticos no identificados a El Cairo para entablar una mesa de negociación con el CSAF.

La posibilidad de una ruptura definitiva entre Egipto e Israel opera como el límite para una acción militar a gran escala sobre el territorio de la Franja de Gaza. Sin embargo, la nueva masacre que el régimen sionista desarrolla en el territorio palestino ha funcionado como un revulsivo entre las masas árabes. La unidad de éstas con las masas judías que comienzan a movilizarse significaría el camino seguro hacia el triunfo de la revolución en Medio Oriente.

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