03/06/1999 | 629

Un pacifismo imperialista

El Secretariado Unificado ha asumido una posición pacifista frente a la guerra de los Balcanes. Se pronuncia «contra la guerra», reclama «el inmediato cese de los bombardeos», llama a formar un «movimiento por la paz» y reclama «una paz democrática».


El SU no plantea la lucha por la derrota de la Otan ni el retiro de las tropas imperialistas de los Balcanes. El SU se declara neutral: «ni la Otan ni Milosevic» y aunque procura embellecerlo agregándole la consigna «guerra a la guerra» (La Gauche, 23/4), no plantea la confraternización entre kosovares y serbios, ni sabotear las acciones militares de la Otan, ni plantea la guerra de clase contra sus gobiernos. En definitiva, el SU pone a la Otan imperialista y a la Yugoslavia dependiente y oprimida en el mismo plano.


El SU caracteriza que «hay dos guerras en una: 1º) una guerra de Milosevic para crear una Gran Serbia mediante la depuración étnica; y 2º) una guerra del imperialismo norteamericano (¿y el imperialismo europeo?) contra un país de la ex Europa del Este en transición al capitalismo» (ídem). ‘Olvida’ ¡nada menos! la guerra de Yugoslavia contra la Otan. En tales condiciones, no se puede ser pacifista ni neutral, pues se trata de apoyar la guerra del oprimido contra el opresor. El hecho de que el régimen de Milosevic oprima, reprima y masacre al pueblo kosovar no le da a la guerra de Yugoslavia contra la Otan el carácter de una guerra interimperialista. El movimiento obrero de todo el mundo —y en particular el de los países imperialistas— debe apoyar la guerra de la nación oprimida (cualquiera sea su régimen político) contra las naciones opresoras. Una derrota de la Otan significará debilitar la cadena mundial de la opresión imperialista sobre los pueblos del mundo. Desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera mundial, la única política posible es la lucha por la derrota de la Otan y el imperialismo en su guerra contra Yugoslavia.


El SU rechaza la posición de «colocarse en uno de los campos en disputa (ídem), sin aclarar claro, si esa colocación se hace o no con una posición independiente de la dirección gobernante del campo del oprimido. ¡Pero es precisamente de eso de lo que se trata! Hay que militar en el campo de la guerra contra la Otan sin apoyar y contra Milosevic, porque a) Milosevic capituló y capitula ante la Otan; b) porque oprime al pueblo kosovar; c) porque impulsa la restauración del capitalismo. La lucha por el derecho a la autodeterminación de los albaneses de Kosovo y por el derrocamiento de la dictadura de Milosevic sólo puede progresar mediante la lucha por la derrota de la Otan y el imperialismo en los Balcanes: son ellos los que han sostenido a Milosevic, han desintegrado a Yugoslavia y se oponen a la autodeterminación de los pueblos. Para que se pueda impulsar la confraternización de serbios y kosovares es necesario plantear la derrota de la Otan, el derecho de autodeterminación para Kosovo y la necesidad de la unión socialista de los Balcanes. Sin la derrota de la Otan, una separación de Kosovo de Yugoslavia la pondrá bajo la tutela del imperialismo mundial.


Los principales dirigentes de las secciones francesa y belga del SU —Daniel Bensaid y Francois Vercammen, respectivamente— acaban de suscribir una declaración que lleva el revelador título de Por una paz justa y duradera en los Balcanes. Llamamiento europeo (15 de mayo). ¿Justa para quiénes? ¿Duradera, es decir provisoria, es decir basada en una coexistencia armada; es decir una coexistencia de los antagonismos de clase?


La declaración no denuncia el carácter imperialista de la guerra de la Otan, ni mucho menos su carácter contrarrevolucionario con relación a asegurar la restauración capitalista en los Balcanes, el este de Europa, Rusia y China. ¡La denuncia porque favorecería a Milosevic! Dice que los bombardeos «unifican a la población yugoslava alrededor del régimen represivo de Slobodan Milosevic», ¡y no que la unifican también, y por sobre todo, contra el imperialismo! Se trata de una verdadera canallada que refleja todos los prejuicios de la opinión pública democratizante que respalda a los Estados imperialistas. La posición del SU, claro está, también unifica al pueblo serbio contra estos seudo trotskistas de salón, que se emblocan con el imperialismo. Sin una delimitación con el imperialismo no es posible delimitarse en forma revolucionaria de Milosevic ni impulsar la unidad internacional de los explotados de los Balcanes.


¿Qué es lo que entiende el SU por «guerra a la guerra»? «La tarea de la hora —dice La Gauche (7/5)— es presionar sobre nuestros gobiernos para que se des-solidaricen de la alianza». ¡No plantea siquiera el retiro de la Otan como lo hiciera De Gaulle! Que se ‘des-solidaricen’… significa que expresen verbalmente su oposición a los bombardeos, para mejor ocultar su apoyo práctico. Es lo que hacen el Vaticano o incluso el gobierno de Austria, lo que no les impide formar parte de toda la trama de relaciones económicas, políticas y ‘espirituales’ que respaldan a la Otan.


El pacifismo del SU defiende a su propio imperialismo. Bensaid y Vercammen afirman que «reabrir el proceso de negociación (…) sería en realidad más desestabilizante para este régimen de Milosevic que las bombas» (ídem). Pero lo que les debería preocupar es cómo ‘desestabilizar’ a sus propios gobiernos belga y francés, y no cómo ‘desestabilizar’ a los gobiernos bombardeados por ‘sus’ imperialismos.


Catherine Samary, especialista del SU en la cuestión balcánica, llega incluso a plantear la necesidad de «medios ampliados para que el Tribunal Penal sobre la ex Yugoslavia pueda saber toda la verdad sobre los crímenes cometidos en Kosovo» (La Gauche, 7/5). ¿Hay que recordar que ese ‘tribunal’ es un títere del imperialismo mundial y que sigue el libreto dictado por Washington? La Samary no reclama, sin embargo, un tribunal obrero internacional para juzgar los crímenes de Clinton, Jospin y Blair contra los yugoslavos desde 1991, en Krajina (Croacia) y Kosovo, por ejemplo. Es verdaderamente sorprendente que el SU no reclame un ‘tribunal’ para los genocidas de la Otan, cuando sostiene que estamos «contra … dos guerras» y no una. Dos varas y dos medidas: el SU eligió su campo.


Una paz imperialista


La ‘paz democrática’ que plantea el Secretariado Unificado es una paz imperialista. El cese de los bombardeos, dice, debería llevar a «la reapertura del proceso de negociaciones en el marco de las Naciones Unidas» (Llamamiento…), es decir bajo la tutela del imperialismo mundial. El Consejo de Seguridad de la ONU lo integran los países que lideran la Otan y Rusia y China que presionan a Yugoslavia a capitular.


Para imponer la ‘paz democrática’ el SU reclama «desplegar una fuerza multinacional que incluya a Rusia, fuera del cuadro de la Otan, mandatada (por la ONU) para asegurar la aplicación de los acuerdos» (La Gauche, 7/5). Es la posición que sostienen el Vaticano y los gobiernos imperialistas de Italia y Alemania, preocupados por evitar la ‘desestabilización’ en Rusia, que podría ocurrir como consecuencia de una victoria total de la Otan.


El SU reclama «un estatuto de autonomía que les permita volver a los kosovares y ganar un espacio político» (La Gauche), es decir que tampoco están por la autodeterminación de Kosovo, en lo que también concuerdan con el imperialismo. No serán los pueblos los que decidirán sus destinos sino que será la ONU —es decir el imperialismo— la que establecerá el ‘estatuto de autonomía’, que no es otra cosa que la negación de la independencia que reclaman los kosovares. En este punto, el SU tiene una coincidencia fundamental con el imperialismo y el régimen de Milosevic.


El SU reclama la convocatoria a «una conferencia balcánica que trate sobre los derechos nacionales y los lazos entre los Estados, con un programa de ayuda y de cooperación con la Unión Europea» (ídem). Esto es una conferencia dominada por el imperialismo europeo, el mismo que está bombardeando a Yugoslavia y que le servirá para imponer por medios ‘pacíficos’ los mismos objetivos de colonización que hoy busca imponer mediante las bombas. Semejante ‘conferencia’, como hace notar Le Monde, serviría para «rediseñar las fronteras» en los Balcanes, es decir para pisotear todos los derechos nacionales.


El planteo del SU es restauracionista hasta la médula. ¿Cuál sería el contenido social de esa ‘conferencia balcánica’ sino el de impulsar la restauración del capitalismo en la región?


¿O es que el SU supone que la ‘ayuda y la cooperación de la Unión Europea’ podrían tener otro objetivo que acelerar la restauración del capitalismo y la penetración económica europea en los Balcanes?


Una política revolucionaria frente a la guerra


El SU esgrime un pacifismo proimperialista y restauracionista. ¿Actúa así por inocencia o por hipocresía? Antes que nada, por la completa bancarrota de su estrategia democratizante. Catherine Samary lo reconoce explícitamente: «es imposible presentar cualquier tipo de solución coherente y progresiva por el momento. Cada día trae una nueva evidencia de la dinámica incontrolada que está degradando las condiciones para las luchas progresivas» (Critique Comumuniste, mayo de 1999). No es el momento ni el lugar, dice el SU, para desarrollar una política obrera y revolucionaria. Que la salida la den los rusos, la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Unión Europea, la Cruz Roja o el Vaticano… a excepción de la clase obrera mundial y los explotados de los Balcanes.


Contra lo que sostiene el SU, sin embargo, la guerra de la Otan contra Yugoslavia está creando las condiciones para la única salida progresiva y revolucionaria a la crisis. Como lo revelan las rebeliones de los campos de refugiados, se hace cada vez más evidente que los bombardeos y la intervención de la Otan son un ataque contra la población kosovar y su derecho a la autodeterminación; también lo revelan el reconocimiento de los derechos nacionales kosovares e incluso planteos de confraternización por parte de las organizaciones opositoras serbias, aunque planteen salidas políticas equivocadas como Conferencias de Paz patrocinadas por el imperialismo o la «integración democrática» a la Unión Europea.


Una política revolucionaria de confraternización entre los pueblos de Serbia y de Kosovo sobre la base de un programa de expulsión del imperialismo, del derrocamiento del régimen restauracionista y criminal de Milosevic, del mutuo reconocimiento del derecho a la autodeterminación y de la unidad socialista de los Balcanes, es la única realista.


Al tomar partido por una paz imperialista en los Balcanes, el SU ha dejado definitivamente en claro su campo. Para proceder al entierro político del SU es necesario refundar de inmediato la IVª Internacional, es decir, poner en pie el internacionalismo proletario como estrategia de clase y como política cotidiana.

 

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