20/02/1996 | 482

¿Una ‘bienvenida’dosis de terrorismo?

Algunos se sorprenden de que el Ejército Republicano Irlandés haya roto el cese al fuego unilateral que estableció hace 17 meses; otros se sorprenden de que esto no hubiera ocurrido antes, dada la manifiesta falta de avance de las conversaciones de paz entre el IRA y el gobierno inglés; pero en realidad, lo único que hubiera debido llamar la atención, aunque no provocar sorpresa, es lo bien que Clinton y Major se tomaron el atentado del IRA, del 9 de febrero pasado, en un distrito de Londres, que causó enormes daños y dos víctimas fatales.


Lejos de provocar el recomienzo de las hostilidades contra los republicanos irlandeses, el gobierno británico reafirmó su disposición de seguir negociando con el Sinn Fein, el ala política del IRA; lo mismo hicieron Clinton y el gobierno de la República de Irlanda. El gobierno norteamericano ni siquiera revocó la autorización de libre tránsito en Estados Unidos que otorgó a Gerry Adams, líder del Sinn Fein, ni ha hecho nada para oponerse a las campañas de fondos para el IRA.


El atentado del IRA, si por un lado hizo manifiesto lo que ya era harto evidente, que las negociaciones eran un total fracaso, por sobre todas las cosas sirvió para iluminar más agudamente que antes las crecientes divergencias entre el gobierno de Clinton y el de Major, o mejor dicho entre los imperialismos yanqui y británico. Ocurre que el fracaso de las negociaciones obedece al hecho de que los ingleses se niegan a convocar a una mesa de negociación con participación de todos los involucrados, incluido el IRA, hasta que este último no entregue todas sus armas, mientras que el gobierno norteamericano reclama esas negociaciones con independencia de cualquier desarme inmediato de los republicanos irlandeses. El gobierno inglés tiene previsto convocar a elecciones en Ulster o Irlanda del norte para determinar la composición de la mesa de negociación, lo que excluiría al IRA, algo al que se oponen totalmente los norteamericanos. El reclamo del IRA de que se forme una mesa de negociación sin necesidad de entregar primero las armas, se aproxima considerablemente a la posición norteamericana, y recíprocamente. Existe una manifiesta presión política para que Major convoque a esa mesa, incluso en el caso de que llame a elecciones para salvar la cara.


Estamos, entonces, ante un choque típicamente interimperialista, frente al cual los planteos propios del IRA se encuentran subordinados. ¿Cuál es la explicación para esto? La explicación es que el imperialismo yanqui está interesado en la pacificación de Irlanda, porque a partir de sus fuertes inversiones en el norte y en el sur del país esa pacificación le daría otra gran vía de entrada a Gran Bretaña y a la Unión Europea. Irlanda, como país ‘subdesarrollado’, goza de privilegios comerciales e impositivos con relación a sus competidores europeos.


La presión norteamericana se explica aún más, debido a que los lineamientos de la pacificación de Irlanda ya se encuentran delineados en sus grandes rasgos. En febrero del año pasado, los gobiernos inglés e irlandés (éste vehiculiza las posiciones norteamericanas) dieron a conocer un documento que admite una asamblea protestante-católica para el norte, con un gobierno compartido, que continuaría siendo parte de Gran Bretaña aunque establecería algunas instituciones en común con la República de Irlanda. Este híbrido político-institucional cubriría toda una etapa y es considerado suficiente como marco de estabilidad política para los grandes negocios. Los republicanos irlandés (IRA), que históricamente han reclamado la independencia y unidad de Irlanda, aceptan de un modo general este planteo, desde el momento que admiten resolver las diferencias en una mesa de negociación.


El atentado del pasado 9 desnuda las limitaciones finales del nacionalismo republicano irlandés, que no son otras que concebir la lucha nacional al margen de la lucha de clases, única que puede movilizar, a término, a las grandes masas y poner en primer plano aquello que las une.

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