Internacionales
1/2/1994|411
Una operación de masacre y exterminio
Seguir
El régimen mexicano desató una política de exterminio contra la rebelión campesina.
La fuerza aérea bombardeó indiscriminadamente con aviones y helicópteros de combate, mientras que el ejército empleó tanques y artillería pesada contra las ciudades y los poblados, causando bajas entre la población civil y destruyendo decenas de viviendas. Cuando el Ejército penetró en las ciudades abandonadas por el EZLN, comenzaron a llover las denuncias y evidencias de secuestros, torturas y asesinatos contra la población campesina. En su edición del 6 de enero, Clarín presenta la fotografía de una media docena de cadáveres de campesinos, sin uniforme militar, alineados sobre la acera, con las manos atadas a la espalda y con un tiro de gracia en la cabeza. El International Herald Tribune (12/1) reproduce la denuncia sobre el descubrimiento de tumbas comunes, de las que se exhumaron cadáveres sin uniforme militar y con las manos atadas a la espalda. Página 12 (16/1) y The Washington Post (25/1) reproducen la denuncia de un campesino detenido y luego liberado por el ejército, que sostiene que en su poblado los militares prendieron fuego a una bodega llena de cadáveres. Todo esto revela que se montó una política de exterminio.
Durante los primeros días de combate, el gobierno no permitió a las organizaciones humanitarias entrar en Chiapas. La prohibición para acceder a las cárceles se prolongó durante mucho tiempo más. Amnistía Internacional denunció que la totalidad de los detenidos muestran signos de haber sido brutalmente torturados y sostiene que las “confesiones” que se les imputan fueron arrancadas bajo tormento.
Aministía Internacional ofrece un dato significativo: entre los presos reconocidos por el gobierno mexicano no se registra ningún militante zapatista detenido o herido en combate. Esto sólo puede significar que los zapatistas heridos o prisioneros se encuentran detenidos en prisiones secretas o han sido asesinados sumariamente.
Al mismo tiempo, las organizaciones de derechos humanos denuncian que a pesar de las pruebas que incriminan a los mandos militares en la violencia y el terrorismo contra la población civil y contra los guerrilleros rendidos o heridos, no existe investigación oficial alguna sobre las denuncias ni se han instruido sumarios contra los mandos acusados. A la política de exterminio le sigue la política de encubrimiento e impunidad.
Nos sumamos a la denuncia internacional de los crímenes cometidos por el régimen capitalista contra los explotados mexicanos y de la impunidad que se está montando en nombre de la “pacificación nacional”. Exigimos el juicio y castigo de todos los responsables materiales e intelectuales de la masacre y denunciamos la complicidad política del gobierno argentino, que por boca del propio Menem respaldó reiteradamente a Salinas en el mismo momento en que éste ordenaba y ejecutaba la masacre.
Necesitamos ser independientes: nos autofinanciamos en un esfuerzo colectivo de quienes estamos de este lado de la lucha. Con tu aporte mensual podemos seguir creciendo en esta tarea militante, haciendo oír la voz obrera y la perspectiva socialista para que gobiernen los trabajadores

