22/03/2021

Urge una II Conferencia Latinoamericana que canalice las rebeliones populares en curso

La I Conferencia Latinoamericana y de los EE.UU. de mediados del año pasado fue un acierto estratégico. Convocada por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad de la Argentina, la misma logró aglutinar a más de 50 organizaciones de 15 países del continente. Pero lo más importante fue que además de agrupar a los sectores de vanguardia más combativos se desarrolló un debate sobre cuestiones estratégicas como qué clase de partido construir, y qué política adoptar frente al reformismo de izquierda.

En ese debate, las agrupaciones firmantes del texto “Un programa y una estrategia revolucionaria para la intervención en América Latina y EE.UU”, señalaron que nos acercábamos a una segunda ronda de rebeliones populares y que varias organizaciones frente populistas tendían a derrumbarse por su propia política de colaboración de clases como luego sucedió con el Frente Amplio (FA) de Perú, donde participaba Uníos (UIT-CI).
Desde la agrupación Vilcapaza señalamos que solo sería cuestión de tiempo para que la rebelión popular que recorría el continente también estallara aquí y que la vanguardia debía prepararse para esa perspectiva. Y en efecto, poco después, se desenvolvió un estallido social en todo nuestro país teniendo como detonante no solo a la pandemia sino a la aventura golpista de la mafia congresal liderada por Manuel Merino “el breve”.

Frente a las enormes movilizaciones que sacudieron todo el país el autodenominado presidente Merino respondió con una brutal represión que tuvo el saldo de dos jóvenes asesinados por la policía. La caída de Merino trajo consigo la asunción de emergencia de Francisco Sagasti apoyado desde la derecha hasta sectores como el Frente Amplio que se reclaman de izquierda. El único fin de este nuevo gobierno era contener el enojo popular.

Sin embargo, le rebelión continuó en nuestro país con numerosas movilizaciones obreras y campesinas de norte a sur. La aparente calma fue quebrada por la irrupción de los obreros de la agroindustria que salieron a las calles contra la flexibilizadora “Ley de promoción agraria” que no es otra cosa que un ataque directo al salario y las condiciones laborales de miles y miles de trabajadores agrícolas. El gobierno tuvo que ceder y tratar en el Congreso de la Republica la reforma de esta ley para tratar de contener la gran huelga de los trabajadores agrarios. Pero se trata de una maniobra gatopardista: se cambia algo para tratar de conservar aspectos decisivos de la supereexplotación obrera y de los subsidios a la burguesía agroexportadora.

Sagasti, que había asumido repudiando los asesinatos del gobierno de Merino, ya tiene en su espalda la muerte por parte de la policía de tres jóvenes trabajadores en las protestas contra esta ley antiobrera.

Casi concatenadamente estalló la rebelión popular en Guatemala que amenazó con incendiar todo el Congreso de su país rechazando el recorte presupuestal pro patronal.

Esta nueva oleada de rebeliones populares se da, por un lado, en un nuevo escenario de derrota electoral de las corrientes populistas más reaccionarias como las de Donald Trump o Jair Bolsonaro y del desarrollo de una segunda ola del coronavirus con un mayor ataque a las condiciones miserables en las que ya vive la clase obrera con una perspectiva de mayores despidos, ajustes y mayores endeudamientos con los organismos imperialistas como el FMI.

Y, por otro lado, en el ascenso al poder de fórmulas centroizquierdistas y nacionalistas burguesas como las del MAS en Bolivia y la victoria del apruebo en Chile, estas últimas alimentadas dialécticamente por la rebelión popular latinoamericana. Pero no solo son estos dos países. Lo que caracteriza a todo el continente es un ascenso vertiginoso de la lucha de clases como es el caso de Haití, Puerto Rico o Argentina, con varias protestas y movilizaciones contra los ajustes fondomonetaristas, la corrupción o la prepotencia gubernamental capitalistas.

Sin embargo, a pesar de la impresionante combatividad de las masas trabajadoras, pues, estas se encuentran en un impasse al no tener una herramienta política que centralice su combate y supere las mediaciones centristas que operan como una variante más del capitalismo con rostro humano.

Es así como la necesidad de una II Conferencia Latinoamericana cae por su propio peso. Por estas razones, hacemos un llamado a las organizaciones que se reclaman de la izquierda revolucionaria peruana para desarrollar un encuentro de deliberaciones al respecto.

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