07/06/2007 | 995

Venezuela: Las universidades privadas movilizan contra Chávez

La crisis que se ha desatado en Venezuela con la cancelación de la licencia a la televisora privada RCTV guarda una semejanza superficial con los procesos de desestabilización política que han tenido lugar en los países de la ex periferia soviética. Nos referimos a las movilizaciones juveniles, impulsadas por diversas ONG que cuentan con financiamiento internacional, que levantan reivindicaciones políticas de tipo liberal, contra regímenes dictatoriales o autoritarios, con el objetivo, sea de impulsar una restauración del capitalismo, sea la incorporación de esos países a la OTAN, o las dos cosas a la vez. La mayor diferencia con lo que ocurre ahora en Venezuela es que, en Serbia, Georgia o Ucrania, las masas orientadas por el imperialismo se enfrentaban a regímenes entreguistas y privatizadores, que habían perdido el apoyo que les había brindado hasta ese momento el imperialismo, mientras que ahora desafían a un gobierno antiimperialista burgués, que tiene un amplio apoyo de masas, y que se ha caracterizado por impulsar una campaña de agitación internacional contra las conspiraciones del imperialismo en numerosos países, y que ha apoyado, con sus métodos capitalistas propios, a otros procesos nacionales burgueses —como en Bolivia o Ecuador. Un lector que nos escribe desde Caracas en la presente edición de Prensa Obrera , caracteriza al gobierno de Chávez como bonapartista y fuertemente corrupto, asimilándolo de este modo a un gobierno reaccionario. Lo que se le escapa es que representa una alternativa capitalista nacional en los marcos de un país históricamente oprimido por el imperialismo. En estas condiciones, el bonapartista es progresivo, y el reaccionario es el que se vale de la democracia formal para hace una agitación pro-imperialista. En un conflicto entre el nacionalismo corrupto y el imperialismo libre de culpa y cargo, estamos obligados a apoyar a los nacionalistas corruptos.


Ese mismo lector se equivoca cuando dice que apoyamos el quite de la licencia a la televisora gorila y golpista RCTV. No lo apoyamos. Tampoco hemos apoyado, en su momento, la ocupación de Malvinas, ni lo hubiéramos hecho si la hubiera llevado adelante Kirchner en lugar de Galtieri. Esa ocupación buscó reforzar a una dictadura militar anti-obrera, de modo que no podía contar con nuestro apoyo —como tampoco lo hubiéramos hecho con los Kirchner— señor o dama, porque somos un partido socialista que no apoya políticamente a ninguna variante de la burguesía nacional. Sin embargo dejamos perfectamente claro, desde el mismísimo 2 de abril de 1982, que si la flota de la democracia británica atacaba a Argentina nos íbamos a alinear con Argentina con un programa de guerra nacional y confiscación económica del imperialismo, que al mismo tiempo debía desenmascarar los compromisos de Galtieri con el imperialismo y su irrevocable condición anti-obrera. Las masas venezolanas lo entendieron, en su época, de la misma manera. En el caso de RCTV nos oponemos a la estatización chavista, no la apoyamos de ningún modo, pero no en defensa del derecho de los golpistas pro-yanquis de RCTV a gozar de por vida del monopolio capitalista de los medios de comunicación, sino en nombre del control y la gestión obrera de esos medios. No caracterizamos a la cancelación de la licencia como un acto anticapitalista sino que tiene por objetivo regimentación política de las masas (la dirección de la nueva emisora, TVES, integra el funcionariado del Estado y ha prestado el juramento de rigor); por eso le hacemos una crítica desde el campo de la democracia obrera y del socialismo. No esperamos que el gobierno proceda a establecer una gestión obrera sino que este reclamo sirva para orientar a las masas en la presente crisis, con una política socialista —no la oficial. Por otra parte, no se debe olvidar que Chávez ha renovado las licencias de Globovisión y de Venevisión —esta última propiedad de un agente directo de Bush: el magnate Gustavo Cisneros, con el cual Chávez habría llegado a un pacto de no agresión (según numerosas fuentes informativas). Cualquiera que sintonice Globovisión no demorará en darse cuenta que no tiene una pizca de medio de comunicación sino que es una tribuna de agitación contrarrevolucionaria durante las 24 horas al días (los periodistas ofician de agitadores). Al igual que lo fue RCTV durante el lock-out patronal de 2002-3.


Inmovilismo


Las movilizaciones por el tema RCTV están protagonizadas en lo fundamental por estudiantes de las universidades privadas, o sea que están orientadas políticamente por los capitalistas y por el clero. Entre los que apoyan al movimiento no se escucha ni una palabra de preocupación por los exámenes, la pérdida de cursos, el daño a la educación, o el perjuicio para el país —como es ‘usual’ en estos casos (preguntar a Filmus y a Macri). Ni siquiera se menciona el remanido slogan de que ‘el derecho de unos termina donde empieza el de otros’; al revés, hay una jactancia porque las decisiones son ¡colectivas!, o sea que la minoría debe obedecer a la mayoría —¡verdadero sacrilegio para un liberal! El esquema comunicacional se encuentra tan bien armado que los movilizados repiten como loros que su tarea no es política, con la pretensión de reunir una mayor cantidad de incautos, aunque en realidad poniendo en evidencia que se consideran una ultraminoría (e incluso expresa la desconfianza de los sectores golpistas a las características populares que se manifiestan dentro de este movimiento estudiantil). Sin embargo, están marcando la agenda del momento; la derecha ‘escuálida’ tiene, hasta un cierto punto, no más, la iniciativa política. Hace sólo medio año había sido arrasada en las urnas.


Todo indica que la orientación política de la agitación antichavista busca realizar un reagrupamiento interno de fuerzas; movilizar una presión de la llamada ‘comunidad internacional’; por último producir una división en el oficialismo (en última instancia en las fuerzas armadas). El retiro reciente del gobierno del que fuera el vicepresidente, José Vicente Rangel, puso de manifiesto una división entre quienes buscaban ‘un acuerdo de caballeros’ con la oposición, lo cual entrañaba convocar en forma anticipada a elecciones parlamentarias, y los que, en especial Chávez, entienden que no hay posibilidades de acuerdo y que es necesario crear las condiciones para una prolongado régimen de partido único. Sólo con un estado nacional fuerte creen poder avanzar en un acuerdo con las petroleras internacionales sobre la explotación de la cuenca del Orinoco, en los términos establecidos por el gobierno, y proceder a reforzar un contexto internacional latinoamericano que proteja al proceso bolivariano.


Todos los procesos nacionales de contenido burgués ingresan en una etapa de inmovilismo cuando deciden ‘institucionalizarse’ —o sea reemplazar el ariete de la movilización de masas que marcó su ascenso por la burocratización; fue lo que ocurrió con Perón a partir de 1949-52— el período que va desde que la CGT anunció que cualquier declaración de huelga debía tener el aval de Perón hasta la victoria electoral de noviembre de 1951 y la muerte de Evita en julio del ’52 (¡en esta etapa se produce también la expropiación del diario La Prensa!). Chávez enfrenta algo similar con la creación del partido único y la disposición a convertir a la UNT en institución oficial. La derecha ha comenzado a explotar esta tendencia al inmovilismo; aunque deba retroceder en lo inmediato (porque no tiene fuerzas para plantear una cuestión de poder).


La izquierda clasista


En estas condiciones, lo más preocupante es la falta de una iniciativa independiente de lucha contra la derecha de parte de la izquierda y de los sectores combativos de la clase obrera. Ello se debe a que, en su gran mayoría, es tributaria del chavismo, o sea que va a su remolque. En una movilización independiente debería figurar la crítica a la estatización de la gestión de los medios y el reclamo de que la gestión sea independiente del Estado; y también deberían figurar los reclamos salariales y el derecho a elecciones inmediatas en la UNT para conformar una central sindical autónoma. Una iniciativa contra esta ‘naranjización’ de los escuálidos (en Europa oriental le pusieron ese color a las movilizaciones populares contrarrevolucionarias) debe pasar obligadamente por estas reivindicaciones. El gobierno cometería un grave error si recurre a la represión del movimiento estudiantil opositor, como alternativa a su incapacidad para impulsar un movimiento autónomo de las masas que han apoyado el proceso bolivariano. El movimiento opositor tiene que ser derrotado por una acción de masas, no por la fuerza. Esto haría madurar una tarea que los estudiantes de las universidades han dejado al descubierto como una caja de Pandora: que la educación no puede estar en manos de curas ni de capitalistas —que debe ser única, estatal y científica bajo la dirección de la clase obrera.