Internacionales
4/8/2008|890
"Venga usted y gobierne"
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Este es el desafío que le tiró Mesa a Evo Morales cuando el domingo 6 decidió presentar su renuncia extorsiva al Congreso boliviano ( El País , 6/3). Evo Morales rechazó el convite y prefirió votar la continuidad de Mesa, incluso cuando esta continuidad fue avalada por medio de un pacto que es un golpe mortal a las aspiraciones nacionales de Bolivia.
¿A qué le temía Evo? No, por supuesto, al raquítico número de personas que se reunió frente a la casa de gobierno para corear a Mesa. Porque el mismo día “cerca de 15.000 alteños se concentraron en la autopista y determinaron radicalizar la protesta” ( El País, 5/3). Aún más importante, “en Bulo Bulo, a 310 kilómetros de la ciudad de Cochabamba, la petrolera Chaco concertó con los campesinos el cierre temporal del pozo número 11, para evitar que este grupo tome esas instalaciones para exigir al Congreso la aprobación de las regalías del 50% a las regiones productoras de petróleo, a través de la ley del gas” ( La Razón, 6/3). Esta acción de características revolucionarias ni siquiera planteaba la nacionalización del petróleo y el gas, e incluso se inscribía dentro de las reivindicaciones autonomistas de los departamentos. Con estas limitaciones, sin embargo, chocaba abiertamente con el gobierno, el parlamento y el conjunto de los intereses imperialistas.
Evo denunció la extorsión de Mesa pero la aceptó, en lugar de apoyarse en los campesinos de Bulo Bulo o en los vecinos de El Alto. Morales adora las salidas constitucionales (lo hizo con Sánchez de Lozada) incluso cuando se oponen a las aspiraciones nacionales más estrechas –como lo son las regalías–. Evo ha puesto al frente los intereses de la pequeña burguesía centroizquierdista y de los gobiernos vecinos que sirven al capital bajo un ropaje izquierdista.

