14/10/2010 | 1150

El estudiantazo, una nueva etapa política de la juventud

La rebelión estudiantil iniciada a mediados de año en la Capital Federal está lejos de haber finalizado. Así lo prueba la rebelión en Córdoba, con más de 20 colegios secundarios ocupados, muchísimos institutos terciarios y la participación activa de los universitarios, donde tuvo lugar una movilización masiva de 5.000 jóvenes de todos los niveles. Ahora mismo estamos asistiendo a otra gran lucha en Mar del Plata contra la Asamblea Universitaria reaccionaria. El «estudiantazo» es un proceso político de alcance nacional, contra el que se estrechan los intentos de corrupción y copamiento del gobierno y de la oposición -incluidos los centroizquierdistas.

Quienes rechazan la caracterización del movimiento como un «estudiantazo» han jugado un papel de bomberos de la lucha, «aconsejando» a cada paso levantar las ocupaciones y la lucha en general con el argumento de que era «prudente» conformarse con alguna dádiva de los gobiernos, o sea con sacar de apuros a los que hunden la educación. Estas posiciones de agrupamientos políticamente quebrados fueron puestas en ridículo una y otra vez. Nuestra caracterización, al contrario, nos llevó a plantear una proyección nacional de la lucha, como está ocurriendo.

Fundamentos

La base objetiva del estudiantazo es, sin duda, la crisis del sistema educativo en todo el país; los colegios se vienen abajo desde hace años. El gobierno K ha mantenido la «provincialización» de la educación primaria y secundaria iniciada por la dictadura y profundizada por la «democracia».

La reactivación económica posterior al ciclo 2001-02 no dio lugar a un crecimiento del presupuesto educativo, sino que profundizó la crisis debido a una mayor inflación. Se profundizó la diferenciación social con el crecimiento de la educación privada y la reacción política con la enseñanza clerical. En la universidad ha ocurrido lo mismo: sigue la educación superior menemista. Mientras continúa la descalificación de los planes de estudio, crecen los negocios y los acuerdos con las grandes empresas.

Conciencia

Por su política, los K fracasaron en ganarse al sector más movilizado y despierto de la juventud. Los esfuerzos de cooptación del kirchnerismo fueron resistidos por medio de una lucha política abierta, a pesar de contar con el apoyo de todo un sector de la izquierda. El estudiantazo se dio en el momento en el que parecía que el gobierno podía penetrar en serio en el movimiento de la juventud, mediante el armado de agrupamientos adictos o explotando su pelea con Clarín. Varios grupos políticos de filiación chavista que se obnubilan ante la demagogia oficial, como La Mella o la Darío Santillán, le dieron su apoyo en infinidad de oportunidades, con el pretexto del choque contra los otros bandos patronales.

Kirchnerismo y derecha

Los distintos bloques patronales parecen haber tomado nota del proceso que se abrió en la juventud. Los kirchneristas hicieron un acto en el Luna Park para impulsar una organización juvenil para-estatal dirigida por funcionarios públicos. Se presenta como progresiva la estatización, incluso por parte de un gobierno que hunde el presupuesto de educación, se opone al 82% móvil, tiene un pacto con los monopolios mineros y saquea a la Anses para pagar a la usura internacional. Los “jóvenes funcionarios” dedican su tiempo a los negocios, como hacen los pibes de La Cámpora en Aerolíneas Argentinas, no a la organización autónoma de la juventud. La derecha, con el radical Cobos a la cabeza, quiere mandar a la juventud a los cuarteles. Cobos y el kirchnerista Pampuro, presidente provisional del Senado y ex ministro de Defensa, firmaron un convenio para implementar en Mendoza el plan de Cobos. Esta línea no incomoda a los K. La JP Montonera fue pionera, en los ’70, en el armado de operativos con las fuerzas armadas.

Movimiento independiente

Los bloques patronales apuntan a frenar el proceso político abierto en la juventud. Entienden su alcance estratégico, o sea la fuerza elemental que desencadena contra el régimen que defiende los intereses de los grandes monopolios. Como sucedió ya tantas veces en el pasado, repercutirá en otros sectores populares, incluida la clase obrera –como la movilización de ésta y el Argentinazo han impreso su sello en el movimiento juvenil.

Para llevar a la victoria al estudiantazo es necesaria la independencia política de la juventud del Estado y los bloques capitalistas. Las formaciones políticas ligadas al centroizquierdismo o al nacionalismo son un factor de freno y, en definitiva, de contención y cooptación. El papel jugado por la Fuba –y ahora por la Cues– ha demostrado la importancia estratégica de una posición independiente. Los grupos que, por ejemplo, han girado hacia Proyecto Sur, cuyo dirigente máximo –Pino Solanas– rechazó las tomas, pretenden que la juventud se convierta en un puntero electoral del frente ‘progresista’ que se teje con los sojeros como Binner, el automotriz Juez, la agraria Stolbizer y, si es necesario, la UCR.

El estudiantazo ha vuelto a poner en el orden del día la acción directa como forma de lucha. En oposición a esta tendencia, las sectas buscan faccionalizar el movimiento y quebrar sus organizaciones para afiliar a algún incauto.

La UJS-PO actúa en el movimiento de la juventud guiado por estas conclusiones. Entendemos que se ha abierto una nueva etapa política en el movimiento de la juventud y el desarrollo de un gran movimiento, independiente del Estado y de la burguesía. Nuestro triunfo en las elecciones de Farmacia y Bioquímica, derrotando a la Franja Morada y a los kirchneristas, debe entenderse como una expresión de esta tendencia. Incrementaremos el trabajo de propaganda, agitación y organización, y la más completa apertura de espíritu hacia los nuevos luchadores y verificaremos en la práctica las potencialidades de la nueva etapa política.

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