16/09/2010 | 1146

La juventud del Argentinazo

El ultra K diario El Argentino publicó, en una de sus contratapas, una columna del periodista Jorge Giles que ilustra cómo el kirchnerismo pretende absorber la rebelión juvenil en curso contra el derrumbe educativo. Giles va más a fondo que la presidenta CFK, que dio su «apoyo» a las tomas e incluso que su marido, quien hizo pegar afiches donde aparecía vestido de eternauta convocando, un acto en el Luna Park, donde «Néstor le hablaría a la juventud y la juventud le hablaría a Néstor».

Giles no afirma que la juventud que lucha sea kirchnerista; es más, reconoce de manera explícita que no lo es. Pero a renglón seguido escribe «guste o no guste, esta generación es la primera que se forma integralmente en tiempos de kirchnerismo. Parten entonces de un piso más alto en su nivel de conciencia, en su mirada sobre la democracia y la memoria histórica, en su compromiso con el prójimo». Tenemos, acá, la tesis fundamental del artículo: la juventud no es K, pero gracias a las condiciones creadas por el gobierno «nacional y popular» tiene una conciencia social y un compromiso político mayor. Si así fuese, debiéramos concluir que los K juegan un rol histórico progresivo debido a que han creado las condiciones para una politización de la juventud. Esta, esquiva al inicio, deberá terminar más tarde o más temprano en las filas del movimiento que creó las condiciones para su desarrollo político. Al final del camino, seremos todos kirchneristas.

Estamos en presencia de un kirchnerismo ‘sutil’, del que pecan muchos de los que incluso no se reclaman abiertamente como K. Unos y otros embellecen al gobierno, atribuyéndole el mérito de haber «recuperado la política». A los que se oponen a esta opinión, los acusan de ser incapaces de ver los matices y las diferencias entre el «neoliberalismo del ’90» y el kirchnerismo «nacional y popular».

La falacia de este razonamiento es que no es el kirchnerismo el que «ha recuperado la política» sino el Argentinazo, que como hecho de importancia histórica abrió una nueva etapa en el país y, sobre todo, en la conciencia de las masas.

La clase capitalista y sus políticos tienen que operar en terreno concreto y deben adaptarse a las condiciones del momento para poder influir en el pueblo. El caso de Kirchner es característico, porque de ferviente menemista en los ’90 y privatizador serial pasó, de un día para el otro, a ser el campeón de los derechos humanos y del enfrentamiento a los monopolios. Mutaciones de este tipo ya hemos visto en el pasado. En el ’73, Cámpora, un odontólogo conservador de San Andrés de Giles, se transformó, en el transcurso de una campaña electoral, en el ‘Tío» de la JP y de los Montoneros. ¿Por qué sucedió eso? Porque en 1969 se había producido el Cordobazo, que abrió una nueva situación política y de las masas en el país, obligando a todos los partidos a adaptarse a la nueva situación.

La juventud que está protagonizando el Estudiantazo «es la primera que se forma integralmente en la época del Argentinazo». De ahí su grado de conciencia y de politización. No es una experiencia que nació de un repollo. El trabajo de preparación política ha sido desarrollado sistemáticamente por un sector de la izquierda, que en 2001 recuperó la Fuba y que tuvo la capacidad de producir una delimitación de masas con el nacionalismo burgués kirchnerista, que en el terreno de la juventud no pudo proceder a la cooptación que sí hizo avanzar entre los organismos de derechos humanos y un sector importante del movimiento piquetero y sindical. El fracaso de los «nacionales y populares» para avanzar en el terreno de la juventud fue una expresión concentrada de sus tendencias conservadoras y reaccionarias.

Naturalmente, los que nos acusan de que «vemos todo igual y desconocemos los matices» mienten con alevosía. Obvio que Kirchner no es igual a Menem, pero los que lo diferencia no lo hace al primero más progresivo que al segundo sino que, en realidad, lo convierte en más peligroso. Los Menem podrán ser alumnos ejemplares de los monopolios, pero los K son su principal instrumento en el movimiento popular para confundir, cooptar, dividir y, en definitiva, hacer pasar la política capitalista contra las masas.

Los «nacionales y populares» arman actos en el Luna Park y recurren a la demagogia más extrema porque el «estudiantazo» en marcha ha puesto en el banquillo de los acusados a los Macri y a los Kirchner por su responsabilidad en el hundimiento de la educación pública en la Argentina. Se trata de un hecho de importancia histórica porque abona una acción independiente de un sector clave de las masas, como es la juventud.

La UJS-PO participa activamente del Estudiantazo en marcha, orientada por estas conclusiones políticas.

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