21/10/2010 | 1151

Lo que el estudiantazo se llevó

Un nuevo mapa político en los secundarios

El estudiantazo en curso ha implicado una gran experiencia de lucha colectiva. Todos los programas y agrupamientos políticos preexistentes en el movimiento fueron puestos a prueba por el proceso de lucha. La relación entre la masa de activistas y las agrupaciones estudiantiles se ha modificado, en algunos casos pareciera de forma irreversible.

Los K afuera, Pino a la derecha

El kirchnerismo fracasó en su intento de vincularse con el sector más activo y politizado del movimiento. Los militantes de la UES (La Cámpora + Movimiento Evita) están desacreditados porque no desarrollaron el movimiento en sus colegios. Las escuelas que los K dicen dirigir no se tomaron ni tampoco participaron de las marchas y cortes de calle. Estuvieron borrados de la lucha real contra el macrismo y muchos de sus directores patearon directamente en contra. Las agrupaciones K sólo fueron a la Cues para salvarle las papas a su gobierno, truchando mandatos para que la imponente movilización del 16 de septiembre no llegara a Plaza de Mayo. Los activistas descubrieron el fraude y derrotaron la maniobra; los K no volvieron a pisar la coordinadora. La naturaleza reaccionaria del nacionalismo burgués K lo incapacitó para impulsar la movilización estudiantil; su intento de moldear una juventud adicta al poder estatal fracasó.

Pino Solanas impugnó la lucha y se promocionó como un agente del orden contra las tomas. Así, se quedó sin agrupación secundaria. Sudestada (Libres del Sur) comenzó el estudiantazo al frente del Acosta y con una influencia considerable en varios colegios más. Subordinaron la lucha a las iniciativas legislativas de Proyecto Sur, convencidos de su función como punteros juveniles de Pino 2011. Hoy, han dejado de existir. Sus militantes se pasaron en masa a los K, optando por la variante sabbatellista.

El chavismo audiovisual

Un capítulo especial merece la izquierda chavista. Lobo Suelto (La Mella) empezó militando abiertamente contra la toma del Moreno, en conjunto con las autoridades y, por sobre todas las cosas, rechazó la ocupación del Buenos Aires, el único colegio organizado que no participó de las tomas generalizadas contra Macri. Se justificaban en que los preuniversitarios vivían un proceso «aparte»… Aislados, terminaron aceptando la intervención del Rectorado, haciendo girar toda la lucha sobre un proyecto de elección ponderada de rector que, finalmente, fue descartado por el Consejo Superior. En su momento, autoproclamaron un «triunfo histórico» que nunca existió, con el objetivo faccional de atacar a la izquierda. El impasse al que llevaron la lucha del Nacional deshizo su alianza con «Desde Bolívar», la dirección del centro. En lugar de asumir la responsabilidad que le cabe por su política, Lobo Suelto, al borde ya de una ruptura en el Buenos Aires, salió en las últimas semanas a proyectar sus propias limitaciones sobre el movimiento, echándole la culpa a los estudiantes desmovilizados…

Mientras tanto, fueron reiteradas veces a la Cues a proponer levantar las ocupaciones que otros estaban protagonizando. El desprestigio es tan grande que tuvieron que dejar de ir a las reuniones. El estudiantazo no perdona: La Mella perdió toda la «frescura» e ingresó en un proceso de disgregación en secundarios. Su programa nacionalista los hace impotentes para enfrentar las presiones del kirchnerismo. Obnubilados por la política oficial, Lobo Suelto limitó sus denuncias a Macri, ignorando olímpicamente el carácter anti-educativo del gobierno nacional. Por lo bajo, sus militantes dicen que llamarían a votar Kirchner 2011, ya no en segunda, sino directamente en primera vuelta.

La nueva etapa

El estudiantazo tuvo como protagonistas a centenares de nuevos activistas, que al calor de la lucha se convirtieron en voceros y organizadores del movimiento. Los militantes de la UJS que estuvieron al frente de las tomas en cada uno de sus colegios se han ganado una autoridad. Lo mismo ocurre con la OES, la agrupación independiente que desarrolló la lucha en el Fader, el Cortázar y el Falcone. Las sectas como el PTS o el FEL, conservadoras en la acción pero excitadas a la hora de faccionalizar, fueron desechadas. En este sentido, el estudiantazo cumplió, también, un papel civilizador y arrojó el faccionalismo a la banquina.

La tarea en la actual etapa es reagrupar a todo ese activismo para condensar, a través de agrupaciones estudiantiles de carácter permanente, la experiencia de lucha vivida y las conclusiones políticas que se derivan del estudiantazo. Aprovechar los procesos electorales en los centros de estudiantes para refrendar la lucha y preparar a la masa de los colegios en relación a los grandes desafíos del movimiento. Formar centros en todas las escuelas y poner en pie las zonales de la Cues en todos los barrios de la Ciudad. Esta es la política de la UJS para intervenir en las condiciones actuales, fortaleciendo la organización estudiantil y acumulando fuerzas de cara a las luchas que se vienen. El independentismo, que rechaza la necesidad de organizarse sobre la base de un programa y resiste la presencia de partidos políticos revolucionarios en los colegios, lleva al movimiento a la parálisis porque no puede ofrecerle ninguna perspectiva. A partir de estas premisas, la UJS afrontará las próximas elecciones en el Pellegrini y en el Normal 3.

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