07/07/2015 | 1371

Posporno en Sociales: un «vanguardismo» reaccionario


El «posporno» está en tapa de todos los diarios argentinos y en boca de todo el país.


 


Pues bien: el «posporno» no debutó esta semana. En 1969, la época del Cordobazo y del Mayo francés, entre otros, en Nueva York, se producían «los disturbios de Stonewall» -cuando el movimiento LGTIB se levantaba contra la brutalidad policial. Estos movimientos actuaron de forma revulsiva en el campo de la estética y la creación artística. El «posporno» se desarrollará en la década de los '80 en Estados Unidos, para luego ser furor en España a mediados de los ‘90.


 


El «posporno» busca revolucionar la sexualidad, por un lado, y el concepto de la pornografía tradicional, por el otro. El «posporno» tiene una finalidad crítica. Denuncia a la industria del porno yanqui, a la que atribuye, por ejemplo, el Sida. El posporno es, definitivamente, contestatario y contra la heteronomía. Las performances que realizan los militantes del posporno intentan romper con «las buenas costumbres» -las cuales son caracterizadas como una manifestación de la opresión social en el terreno de las relaciones sexuales. Sus activistas reivindican a Foucault y sus escritos sobre la vigilancia del cuerpo en las sociedades disciplinarias. El posporno pretende retomar la experiencia de movimientos artísticos como el surrealismo, que con sus intervenciones públicas se valía de la provocación como un medio para denunciar el carácter opresivo del estado de cosas imperante.


 


 


Una bufonada kirchnerista


 


La performance posporno que se desarrolló en nuestra facultad no tiene nada que ver con todo esto. La ruptura contestataria es sustituida por un espectáculo. El montaje se realizó sobre las mesas de las agrupaciones de izquierda, y sus proclamas estaban dirigidas contra el centro de estudiantes. Fue una exhibición de pornografía política K: los materiales que repartían los artistas estaban plagados de consignas del tipo: «si esta asamblea no está sexualizada, no es mi asamblea», «si esta revolución no es sexualizada, no es mi revolución». Si nos abstraemos de las referencias al sexo, sólo quedan frases contra el movimiento estudiantil y la izquierda.


 


Esta ausencia de crítica al régimen vigente es una constante en el lenguaje de las autoridades de Carta Abierta, que organizaron esta performance desde la carrera de Comunicación que dirige Nexo, la agrupación del decano Postolski. ¿Realmente provocador habría sido dirigir las denuncias contra el gobierno que pactó la reforma del Código Civil con el Vaticano para darle a la Iglesia Católica el status jurídico de «entidad pública»? ¿O cuestionar, por ejemplo, la ausencia de educación sexual laica, científica y obligatoria en los colegios clericales?


 


 


Violencia e inmadurez


 


Que la gestión haya decidido organizar su actividad en las mesas de la izquierda representa una nueva violación de los espacios estudiantiles, a la que nuestro centro es sometido constantemente. Es una extensión de la violencia institucional sobre los espacios de organización de los estudiantes. Cuando no hay ataque al poder y se trabaja para ellos, los artistas se convierten en bufones del rey. La herramienta emancipadora se banaliza.


 


Los bufones son además inmaduros: se retiraron sin limpiar el semen ni el pis. Obligaron a estudiantes y trabajadores de la facultad a hacerlo por ellos. Fue un acto de explotación social.


 


 


El arte por la revolución


 


Las premisas del posporno fueron traicionadas en Sociales. La abolición del régimen social que oprime a las grandes mayorías es la premisa histórica ineludible de la plena emancipación de las relaciones entre hombres y mujeres. Como escribieron André Breton y León Trotsky en el Manifiesto por un Arte Independiente: «He aquí lo que queremos: la independencia del arte -por la revolución, la revolución- por la liberación definitiva del arte».


 


 

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