Políticas
7/1/2026
Las bombas de Trump pusieron en crisis a todos los políticos de la burguesía
Milei, Villarruel, Macri, Pichetto, Moreno, Cristina, no se salva nadie.

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Donald Trump.
Las posiciones de los políticos de la burguesía argentina ante la brutal operación militar de Trump y los EE.UU contra Venezuela, con sus diferencias y matices, los pinta como lo que son: socios menores del capital imperialista, aún en sus operaciones políticas y militares más extremas, como el secuestro de Maduro y el bombardeo de siete ciudades que se habría cobrado al menos 80 víctimas.
Por supuesto, el primer acto de servilismo cipayo es el de Milei y su gobierno que aplaudió la “caída del dictador narcoterrorista”, un tipo penal que el fiscal norteamericano, con Maduro preso, acaba de retirar de la acusación por falta de pruebas, porque el “cartel de los soles” sería un nombre de fantasía de un cartel inexistente. Lo cual transformaría automáticamente en crímenes de guerra no solo los 80 muertos en la operación del 3 de enero sino también las 115 víctimas de embarcaciones pesqueras atacadas por los buques de guerra en el Caribe.
Milei agregó que Argentina “está lista para ayudar en la transición a una Venezuela libre, democrática y próspera”, lo que parece tener sin cuidado a Trump que ha depositado en Delcy Rodríguez, y lo que ella controla del aparato de Estado en descomposición del chavismo, la cabeza de una transición que garantice la extracción del petróleo para los monopolios norteamericanos y una administración tutelada por el Departamento de Estado. Está claro que para Trump el control de las masas de Venezuela por el Estado y los grupos parapoliciales que creó Maduro es más importante en la transición que cualquier garantía democrática y ni siquiera la libertad de los presos políticos, aunque se esté preparando una visita de diputados chavistas al “helicoide”, el tristemente célebre centro de torturas en Caracas.
Por ello desde el Partido Obrero hemos defendido en todos los textos de frente único de las movilizaciones realizadas el más enérgico rechazo al alineamiento de Milei que coloca a Argentina como aliada de toda la aventura belicista y colonialista desde que se inició el despliegue militar en el Caribe que continúa en toda la línea y puede llevar a otras agresiones contra naciones latinoamericanas del pretendido patio trasero yanqui. El tema tiene doble trascendencia para Argentina, víctima de la ocupación británica de Malvinas. No es casual que en estos mismos momentos, Milei y su cancillería estén suplicando el levantamiento del embargo de compras de armamentos por parte de Inglaterra garantizando que quienes tienen que decidir sobre el destino de Malvinas son sus “habitantes”, exactamente la posición del imperialismo inglés. Con mucha oportunidad, el lunes 5 de enero cantábamos frente la Embajada de EEUU “fuera ingleses de Malvinas, fuera yanquis de América Latina”.
A Villarruel se le cayó la chapa de “mirada nacional” que le adjudicó Mayans, porque se alineó sin fisuras con Milei y Trump. Macri, una vez más fue simple furgón de cola de Milei.
Pero en un punto interesan todavía más las posiciones de la oposición a Milei y en particular del peronismo que muestran la fundición del nacionalismo burgués en la Argentina, de ciertas alas que se pretenden industrialistas y productivistas y de otra gran parte asociada a la reivindicación del chavismo como meca del “Socialismo del Siglo XXI”.
Resulta imperdible la publicación de Miguel Pichetto de un diálogo con Guillermo Moreno, el mismo 3 de enero, en el que califica el acto de guerra contra una nación hermana como la “intervención americana en Venezuela” señalando que “es necesario comprender el evento (nótese este término) como un nuevo orden, que no puede ser analizado con la visión ideológica de los setenta del siglo pasado. Nuestro país está inserto en occidente y en América y ha suscripto el pacto democrático”. Y después completa “hay que defender el interés nacional, nuestra industria y nuestro trabajo. Anteponer el interés nacional y protegerse de la importación indiscriminada aplicando medidas antidumping, especialmente frente a productos chinos”.
Esto es imperdible de parte de este líder del sector de Provincias Unidas y expresidente de la bancada de senadores kirchnerista durante sus tres presidencias, aunque después acompañara a Macri. Es una naturalización y rescate de la intervención bélica imperial como parte de un “nuevo orden”, donde este alineamiento sería parte de un “pacto democrático” con el principal socio del genocidio palestino, del aliado de la sangrienta dictadura de Arabia Saudita y protagonista de todas las aventuras bélicas coloniales del imperialismo en el mundo, ahora y desde hace décadas. Justamente, la intervención militar replantea el antimperialismo de los ’70, única manera de afrontar la vuelta del imperialismo a las intervenciones como la de Guatemala (1954), Santo Domingo (1965) o Panamá un poco más adelante en 1989. Y ya en tiempos kirchneristas es bueno recordar la Minustah, el envío de tropas a Haití desde 2004 en una operación conjunta bajo el mando de Brasil, con tropas argentinas, algo que denunciamos reiteradamente como la tercerización de la intervención imperialista vía ONU. El que se ha pasado al campo del imperialismo es él.
Pero luego viene el remate de la reflexión que es “defender la soberanía y la industria nacional”... contra China. Obviamente se busca el aplauso del embajador Lamelas cuya embajada está al servicio de la misma destrucción importadora de la industria nacional, pero solo que de productos norteamericanos. El servilismo proyanqui está a la vista y retrata la naturaleza de Provincias Unidas, el bloque de oposición “dialoguista” que integra a los políticos de la Fundación Meditarránea, representantes más directos de las burguesías de provincias como Córdoba y Santa Fe, entre otras. Aunque ya no lo quieran a Pichetto como jefe del espacio.
Con todo, lo más jugoso viene de la mano de quien calificó como “más precisa imposible la descripción de nuestro diálogo”: Guillermo Moreno. Ahora se aprecia el alcance de aquella reivindicación de Moreno (y Cristina Kirchner) acerca del “peronismo” del proteccionismo de Donald Trump. No solo entrañaba la confusión entre el proteccionismo de un país imperialista y el proteccionismo de uno semicolonial, sino la disposición estratégica de adaptarse a los nuevos tiempos del imperialismo que reserva “América para los (norte)americanos”. La naturaleza de la burguesía nacional como socia menor de los monopolios imperialistas y a sus políticos como representantes de esa asociación aparece en toda la línea en la posición del ex secretario de comercio kirchnerista que se calzaba los guantes de box para rogarle bajar los precios a los Pagani, Bulgheroni y Cía., que no obstante subían por el ascensor en tiempo de Cristina.
Las críticas del PO a los límites del chavismo no empezaron con Maduro, como tampoco nuestras críticas a los negocios de los Kirchner con los bolivarianos. Sea contra el préstamo usurario a tasas de default (10,5% en dólares) que tomó Cristina o la jugosa indemnización de U$S 1.200 millones que gestionó Néstor Kirchner para el grupo Techint en la onerosa nacionalización de Sidor por Chávez. Ni hablar de la descomposición de ese nacionalismo petrolero que encarnó Maduro descargando la crisis de la boliburguesía sobre las masas con el más feroz de los ajustes, con represión a los luchadores del movimiento obrero e instaurando una dictadura. Pero el kirchnerismo ha sido defensor incondicional del chavismo como meca del nacionalismo, con Maduro incluido, por supuesto, como en la reciente declaración de Taiana sobre las “fallas” de la democracia venezolana.
Sin embargo, todos miran para otro lado sobre la deriva del régimen de Maduro, de manera vergonzante. Algunos en off dicen “para qué vamos a defender a Maduro si no lo defiende ni Delcy Rodríguez”. Cristina se limitó a señalar “la violación a la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional” para “apoderarse del petróleo, cruzando un límite que muchos pensábamos que no volvería a ocurrir”. Lo mismo Kicillof. Son declaraciones de ocasión como las que han caracterizado a Lula, basadas en la inútil intervención de la ONU y que al revés, todos podíamos pensar que ocurriría si miramos las invasiones y guerras del imperialismo norteamericano y su socio el Estado sionista, no con Trump, sino en las últimas décadas.
La lucha antiimperialista, la movilización de los pueblos y de la propia militancia estuvieron y están ausentes por completo del planteo kirchnerista que tiene un indudable vínculo con la posición de Pichetto, como lo tiene la posición de “modernizar” las relaciones laborales y tantas otras que forman parte de la agenda de la burguesía y del FMI. No vamos a olvidarnos aquí de la reunión de Cristina, como vicepresidenta, con la generala Laura Richardson de la Cuarta Flota cuando se reunió con todos políticos para sentar el interés estratégico norteamericano en el litio de Argentina, Chile y Bolivia. Y, concretamente, La Cámpora estuvo ausente de ambas movilizaciones realizadas en Buenos Aires, el sábado 3 y el lunes 5 de enero. Llamamos a sus juventudes a romper con esta política y sumarse a la movilización antiimperialista.
Las bombas de Trump y el secuestro de Maduro, la ocupación bélica del Caribe, los crímenes de guerra y el embargo petrolero contra Venezuela que agravarán inusitadamente el bloqueo a Cuba, solo se pueden combatir con una intervención de las masas al mejor estilo antiimperialista de los ’70, seguramente superando los límites del nacionalismo de aquella época y su bancarrota del presente.



