Libertades democráticas
23/9/2004|869
A los vecinos de Caleta Olivia
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Desde hace un tiempo quieren acallar mi voz.
Mi necesidad es violencia, mi derecho un insulto.
Jamás imaginé que a una madre se la pueda condenar por luchar por sus hijos, si hasta los animales dan pelea por su cría.
Se llenaron la boca diciendo: “La niñez está primero”, y hoy nuestros hijos se mueren de hambre.
También dijeron que en la Patagonia hay trabajo, y hoy están presos los que salieron a redamarlo.
Se decía que Termap estaba tomada, pero era mi ciudad la que estaba tomada por la Gendarmería, mientras en las fronteras la droga tiene libre acceso.
En qué Justicia podemos creer, si encarcela sin pruebas, sin testigos, sin el más mínimo fundamento, al que pelea por lo único que le está quedando: su dignidad.
Nos tildan de mal educados; puede ser a veces, tanta impotencia genera algún insulto; pero sepan que no somos ni ladrones ni esclavistas, ni explotadores imperialistas.
No debemos permitir tanta injusticia, tanta violencia. Acá no podemos tener diferencias políticas, religiosas o de otra índole.
Debemos enfrentar con dignidad y entereza este modelo opresor del hambre y la miseria.
A un pueblo con desocupación, con necesidades, no se lo silencia a balazos o con la cárcel.
Hoy, señores, encarcelaron a esta gente, mañana tal vez sea ustedes quien, tan sólo por mirar con compasión a quien necesita ayuda termine tras las rejas.
Por último, permítanme contestarle a la vecina que ayer me dijo: arruinaron la mejor vereda de Caleta con la quema de cubiertas... Quisiera decirle que a ella le arruinaron su mente, su corazón y hasta sus principios, y lo peor de todo es que de esto aún no se ha dado cuenta.

