A los vecinos de Caleta Olivia

Desde hace un tiempo quieren acallar mi voz.


Mi necesidad es violencia, mi dere­cho un insulto.


Jamás imaginé que a una madre se la pueda condenar por luchar por sus hijos, si hasta los animales dan pelea por su cría.


Se llenaron la boca diciendo: “La niñez está primero”, y hoy nuestros hi­jos se mueren de hambre.


También dijeron que en la Patagonia hay trabajo, y hoy están presos los que salieron a redamarlo.


Se decía que Termap estaba toma­da, pero era mi ciudad la que estaba to­mada por la Gendarmería, mientras en las fronteras la droga tiene libre acceso.


En qué Justicia podemos creer, si encarcela sin pruebas, sin testigos, sin el más mínimo fundamento, al que pelea por lo único que le está que­dando: su dignidad.


Nos tildan de mal educados; puede ser a veces, tanta impotencia genera algún insulto; pero sepan que no so­mos ni ladrones ni esclavistas, ni ex­plotadores imperialistas.


No debemos permitir tanta injusti­cia, tanta violencia. Acá no podemos tener diferencias políticas, religiosas o de otra índole.


Debemos enfrentar con dignidad y entereza este modelo opresor del hambre y la miseria.


A un pueblo con desocupación, con necesidades, no se lo silencia a bala­zos o con la cárcel.


Hoy, señores, encarcelaron a esta gente, mañana tal vez sea ustedes quien, tan sólo por mirar con compa­sión a quien necesita ayuda termine tras las rejas.


Por último, permítanme contes­tarle a la vecina que ayer me dijo: arruinaron la mejor vereda de Caleta con la quema de cubiertas... Quisiera decirle que a ella le arruinaron su mente, su corazón y hasta sus princi­pios, y lo peor de todo es que de es­to aún no se ha dado cuenta.