Abuso y maltrato policial a una docente en Neuquén

Un relato del modus operandi de las fuerzas represivas.

A través de redes sociales se difundió un audio con declaraciones de la trabajadora de la educación Gissele Kler, maestra de la Escuela 280, en el que denuncia los maltratos y abusos que sufrió de parte de efectivos policiales de la comisaría 18. El grave hecho ocurrió el sábado por la mañana, cuando la docente se dirigía a comprar alimentos para su familia. 


El crudo relato de Gissele es muy ilustrativo del accionar represivo. “Me pararon y me pidieron un permiso para circular, respondí que no necesitaba ese permiso para ir al cajero y mercado de la zona. El oficial insistió en que tenía que tener tal permiso y me pidió que le muestre la documentación del vehículo. Le mostré lo que me pidió pero volvió a insistir con el permiso, a lo que respondí que evidentemente él no tenía bien la información respecto del protocolo y le solicité que me dejara ir a mi casa, que estaba a tres cuadras. El oficial me dijo que me iban a secuestrar el auto, pero me negué rotundamente a bajarme del vehículo porque no estaba infringiendo ninguna ley. El oficial de la metropolitana abrió la puerta de mi lado y, por encima mío, tocando mi cuerpo, se metió y arrancó la llave del tambor de encendido”.



Gissele denuncia que fueron efectivos masculinos lo que la obligaron a bajar del auto, que ni siquiera de identificaron cuando ella se lo exigió, y que mientras tanto seguían llegando más policías. Un oficial le informa que iba a ser demorada por desacato a la autoridad. En ese momento, “una de las policías femeninas se me acercó y me pidió que me dé vuelta con las manos detrás para esposarme, por lo que me negué diciéndole: ‘no es necesario, puedo caminar hasta la camioneta’. Ella no escuchó (…) Me dejé llevar por esta oficial, pero no me metió adentro de la camioneta. Me empujó hacia la caja del patrullero y ahí me puso boca abajo, y ella arriba mío”. En la comisaría, la amenazaron reiteradas veces con que quedaría detenida en el calabozo.


En su relato, la docente cuenta que no todos los efectivos que se dirigieron a ella llevaban barbijos, que con ese operativo se expuso su salud. Además, pasado ese horrible momento le iniciaron dos causas, la primera por “infracción al decreto provincial N° 478”, y la segunda por no utilizar protección facial. Este modus operandi no constituye un hecho aislado, sino que representa una práctica represiva sistemática de la policía. Según informa Correpi, desde el inicio de la cuarentena se han registrado más de 20.000 detenciones arbitrarias y abusos policiales de personas que no incumplían ninguna reglamentación oficial.


Nos solidarizamos con la compañera Gissele y repudiamos enérgicamente los abusos y las arbitrariedades policiales. Llamamos a las organizaciones de lucha, organismos de derechos humanos, a enfrentar estos atropellos del Estado.




 



 

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