Chicha Mariani, adiós a una luchadora incansable

Por Jacyn

A los 94 años, murió María Isabel Chorobik de Mariani, “Chicha”, luchadora de corazón enorme y voluntad de hierro. Fue presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Durante 42 años buscó a su nieta, Clara Anahí, apropiada por un grupo de tareas comandado por Miguel Etchecolatz, que arrasó con la vivienda donde su nuera, Diana Teruggi, y otros militantes montoneros habían emplazado una imprenta clandestina, en la ciudad de La Plata. Todos los adultos fueron masacrados. De la beba, que contaba apenas tres meses de edad, se perdió todo rastro. El ex comisario, al cual la Justicia concedió el beneficio de la prisión domiciliaria por “razones humanitarias” –y luego revocó, por la denuncia militante de los organismos de derechos humanos– aún guarda el secreto de su destino. El hijo de Chicha, Daniel, caería ocho meses después. Chicha declaró en el juicio contra Etchecolatz, en el cual sería condenado a prisión perpetua en 2007 por el crimen de Diana. 


Encontrar a Clara Anahí se convirtió para Chicha en su razón de ser. Bajo ese impulso se sumó a las madres que bajo la dictadura daban vueltas a la Pirámide de Mayo para reclamar la aparición con vida de sus hijos. Poco después, junto a Alicia “Licha” De la Cuadra, fundaría el núcleo de Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos, que en 1980 adoptaría el nombre definitivo de Abuelas de Plaza de Mayo. En 1983, Chicha asumió la presidencia del organismo.


El aporte de Chicha a la búsqueda de los 400 niños apropiados por los genocidas fue sencillamente enorme. Golpeó las puertas de comisarías, cuarteles, juzgados e iglesias. "A todos lados iba sola, y no siempre era bien recibida", recordó durante aquel testimonio contra Etchecolatz. Viajó al Vaticano 18 veces y nunca consiguió que la reciban. "Yo no tengo nada que agradecerle a la Iglesia, más bien tengo muchos reproches. No les debo nada, sólo dolores y amarguras", sintetizó. 


Frente a la adversidad, la intuición de Chicha y sus compañeras darían con un hallazgo revolucionario. A raíz de un pequeño artículo publicado en 1979 en el diario El Día de La Plata, en la que se mencionaba la posibilidad de probar la filiación de una persona a través de un examen de sangre, concibieron la idea de utilizar la genética para la identificación de los nietos. A instancias de Chicha y las Abuelas, a mediados de los años 80, la genetista estadounidense Mary Claire King desarrolló una técnica de identificación a través de muestras de ADN que sería conocida como “índice de abuelitud”. Así nacería, en 1987, el Banco Nacional de Datos Genéticos, a través del cual serían identificados 128 de los 400 chicos apropiados. 


Chicha dejaría Abuelas en 1989 por diferencias con Estela Carlotto, para más tarde fundar la Fundación Anahí, junto a Mirta Baravalle y Elsa Pavón, dos de sus grandes compañeras de lucha. Con el correr de los años, sus diferencias con Estela y Hebe de Bonafini no dejarían más que agrandarse. Chicha rechazó de plano la política de cooptación de los gobiernos K. “Es inexplicable que Estela Carlotto y Hebe de Bonafini aceptaran a Milani” declaró en junio de 2015, cuando se anunció el pase a retiro del genocida encumbrado por Cristina Fernández.


La defensa del Banco Nacional de Datos Genéticos contra su desguace fue una de las últimas grandes peleas que daría Chicha. Junto a las incansables Mirta y Elsa, y a otros familiares y organismos de derechos humanos, se opuso al traslado del BNDG, que funcionaba como ente autárquico en el Hospital Durand, a la esfera del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Ese traslado fue votado en el Congreso de la Nación por el FpV y la centroizquierda en 2009 y luego refrendado en la legislatura porteña por las bancadas macrista y kirchnerista. El alcance del Banco, antes de carácter universal, fue restringido a los casos anteriores al 10 de diciembre de 1983, excluyendo de sus actividades la identificación de chicos apropiados y desaparecidos en democracia. Un caso de “regresión de derechos” sin atenuantes. Ese fue el primer paso. La pretensión de los funcionarios, apenas disimulada, era la de utilizar el bien ganado prestigio del BNDG para desarrollar un “instituto de genómica humana” en sociedad con laboratorios privados. Esta “política de Estado” quedó sellada con la continuidad de Lino “Monsanto” Barañao al frente del MinCyT. El equipo profesional histórico del Banco, encabezado por su directora, Belén Rodríguez Cardozo, quedó desarticulado. 


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En la Navidad de 2015, una mujer se presentó en su casa afirmando ser Clara Anahí. No lo era. Los exámenes realizados en el BNDG lo desmintieron. Chicha sufrió una amarga desilusión, pero siguió luchando, aferrada a su búsqueda interminable. El 11 de agosto pasado sufrió un ACV que la dejó postrada. Falleció la noche del lunes 20. 


Clara Anahí Mariani nació el 12 de agosto de 1976. La seguimos buscando.



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