El debate y las maniobras


Una sesión de Diputados por temas intrascendentes, destinada a terminar en 45 minutos, derivó en un tratamiento de siete horas del fallo del 2×1 a los genocidas. Otra vez, una irrupción popular en puerta y una crisis política derivada de ella se coló en el Parlamento. Del debate de catarsis de otros casos, sin embargo, se pasó a maniobras de más envergadura para reacomodar al gobierno y a la propia Corte. La sesión terminó en una ley que según La Nación “esperan con los brazos abiertos” en la Corte, una falsedad completa porque, sin ella, dos jueces fallaron de manera opuesta. No obstante, la confusa y publicitada intervención de Carrió dejó algo en claro: es partidaria de un perdón al estilo de Mandela con el apartheid -o sea de una amnistía, exactamente lo que significa el fallo. La estrella electoral de Cambiemos también se pronunció por las domiciliarias a “personas de 90 años que tienen derechos humanos”: Etchecolatz y compañía.


 


Al final, el fino y “plural” Emilio Monzó, que habilitó el “debate libre”, maniobró como un dictador contra el Partido Obrero para que no se vote nominalmente el emplazamiento a la Comisión de Juicio Político, para que se reúna y trate los proyectos presentados. Indudablemente, depende de la movilización popular que ya tuvo, el miércoles 10, su primer y gigantesco capítulo.

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