El espionaje de Berni y el síndrome de Estocolmo de la “generación cooptada”

Denuncian a la policía Bonaerense por tareas de espionaje sobre diversas organizaciones sociales y sindicales.

Sergio Berni y Axel Kiciloff.

La Comisión Provincial de la Memoria (CPM) y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) le enviaron una carta a Sergio Berni denunciando a la policía Bonaerense por tareas de espionaje sobre diversas organizaciones sociales y sindicales, una “conducta repetida en el tiempo” como aclaran los denunciantes. Que se trata de una política de Estado lo confirma el “descargo” hecho por  los efectivos policiales cuando aducen  que actuaron siguiendo órdenes de la superioridad, es decir de la cúpula policial y del ministro estrella de Kicillof.

Espionaje de Estado

Las denuncias, de extrema gravedad, provienen del propio riñón oficialista, otro signo de la descomposición del peronismo, porque la CPM es un organismo dependiente del gobierno provincial y la APDH tiene un largo historial de integración a todos los gobiernos de la “democracia” desde el ’83 a la fecha. Concretamente, la acusación que pesa sobre la Bonaerense es la de tener personal especializado para el seguimiento, filmaciones e inteligencia sobre el activismo y los militantes sociales y de derechos humanos. No es la derecha lo que le preocupa al tándem Kicillof- Berni sino la movilización popular en tiempos de ajuste y de crisis política, y desprestigio del peronismo. Por eso manda a la Bonaerense a espiar y amedrentar a los luchadores.

Como ejemplo del espionaje ilegal,  la Carta CPM-APDH  cita las filmaciones de los participantes en las  marchas del 24 de marzo en distintas localidades de la provincia de Buenos Aires. Milei echa cría. En Chivilcoy, donde reviste como intendente el candidato a gobernador del “libertario”, Guillermo Britos, la policía intimidó e hizo inteligencia con personal policial uniformado y de civil sobre los profesionales de la salud de CICOP que estaban en una asamblea en el Hospital Municipal. Según los denunciantes, el propósito de la carta es pedirle a Sergio Berni que haga “cesar el espionaje ilegal”.  Un absurdo, porque el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires es el responsable y organizador de este aparato de  espionaje ilegal.

Quienes rehúyen la movilización popular y apelan al “estado de derecho” desconocen lo fundamental,  la “ilegalidad del espionaje” es puro papel mojado para el Estado capitalista, que no es nada sin la fuerza de represión, inteligencia y provocación contra la clase obrera. Por eso el “Kici”- quien declaró en el Congreso Productivo Bonaerense que “no hay capitalismo sin el accionar del Estado-  es el principal sostenedor de Sergio Berni y lo ha blindado frente a las denuncias por violaciones a los derechos humanos y gatillo fácil de la policía provincial, un verdadero ejército de cien mil hombres.

El espionaje contra las organizaciones obreras y populares es una necesidad de Estado para los explotadores. Lo fue con la Gestapro de la exgoberandora María Eugenia Vidal, encargada de fabricar causas judiciales contra los sindicatos, con la tareas de inteligencia desplegadas sobre los familiares de la Masacre de Monte, y lo sigue siendo con los aprietes para tapar la responsabilidad de la policía de la provincia de Buenos Aires en el asesinato del joven Lucas Verón en La Matanza.

El denunciado Berni tiene una larga historia de provocaciones policiales contra los trabajadores. En el 94, el actual ministro de seguridad de Kicillof intentó infiltrarse en la huelga de los mineros de Río Turbio en la provincia de Santa Cruz, eran los tiempos en que Néstor y Cristina saludaban a Carlos Menem como el “mejor presidente de la historia argentina” y aplaudían las privatizaciones al servicio del pago de la deuda externa. En su segundo mandato, le cupo a Cristina Fernández de Kirchner llevar adelante el infame Proyecto X de espionaje a las organizaciones populares y partidos de izquierda a cargo de la Gendarmería.

Movilizarse para que Berni se vaya

Tanto Wado de Pedro como Axel  Kicillof consideran a Berni imprescindible en una campaña electoral dominada por la agenda ajustadora de la derecha. Un síndrome de Estocolmo que fue precedido por la cooptación estatal. El propio Berni se vende como el Bukele argentino, elogia a Milei, defiende la doctrina Chocobar de Macri y Bullrich, la baja de la edad de imputabilidad para los menores, y es un encarnizado antipiquetes y represor de las ocupaciones de tierras. La apuesta de la dupla De Pedro-Kicillof por Sergio Berni es por demás arriesgada cuando aún está muy fresco el repudio y la noble piña que recibió el ministro de Seguridad, provocador y compadrito, cuando tuvo que huir en desbandada del piquete de huelga de los choferes.

La carta y las denuncias actualizan y dan más fuerza al reclamo de que Berni debe irse con la movilización popular. Desmantelamiento de la corrupta, podrida y maldita policía Bonaerense, y disolución de todos cuerpos represivos. Fuera los políticos capitalistas y sus espionajes e intrigas contra el pueblo. El Plenario del FIT Unidad del 17 de junio, convocado por el Partido Obrero y el MST será una oportunidad para darle forma a esta campaña. Fuera Berni.