Juicios de lesa humanidad: el testimonio de familiares y sobrevivientes de la Noche de los Lápices

Declararon en el juicio unificado de los centros clandestinos Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y “El Infierno”.
miembro de Apel y de la querella de Justicia Ya!

El martes 11 Nora y Marta Húngaro, hermanas del estudiante secundario desaparecido en el operativo conocido como la Noche de los Lápices, Horacio Húngaro, declararon virtualmente ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de La Plata en el juicio que investiga a 17 genocidas por los crímenes cometidos contra casi 500 víctimas secuestradas en tres centros clandestinos durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica. Lo hicieron junto a las querellantes de Justicia Ya! La Plata.

Horacio era estudiante del Normal 3, militante de la UES, y tenía 17 años cuando fue secuestrado el 16 de septiembre de 1976, junto a otres estudiantes secundaries: Daniel Racero, Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone y Francisco López Muntaner.

En primer lugar declaró Nora, quien relató su propio secuestro, ocurrido 15 días después del de su hermano, cuando fue trasladada al Cuerpo de Caballería de La Plata. Luego se refirió a su cautiverio en el Pozo de Arana y en el Pozo de Quilmes, en donde denunció haber sufrido torturas y “manoseos” por parte de los genocidas.

«Además de arquearse el cuerpo por la electricidad, el dolor es intenso, quema, se siente el olor a carne quemada, y uno se ahoga en su propios gritos. Era denigrarte, me decían ‘no vas a parir un hijo en tu puta vida'». «¿Qué calificativo le damos a esa gente? Animales, no, porque soy veterinaria y los animales dan amor y solidaridad todos los días. ¿Quién hace esto? ¿Quién los formó? ¿Quién les permitió hacer esto?», cuestionó.

Nora habló de la militancia de Horacio y sus compañeros, resaltando su formación política, su solidaridad, ya que muches vivían cerca de sus escuelas y dieron una batalla enorme para conquistar el boleto estudiantil. Al concluir, agregó que: «A pesar de las leyes de obediencia debida y punto final seguimos luchando»; y “No quiero un país en donde se persiga a los jóvenes”.

A su turno, Marta mostró el boleto estudiantil que Horacio había obtenido en 1975, beneficio suspendido luego por la dictadura, y el guardapolvo que usaba. Relató que el secuestro de su hermano fue realizado por efectivos del Ejército y miembros de la Concertación Nacional Universitaria (CNU). Entre los partícipes de esta organización parapolicial peronista de derecha mencionó a Néstor Beroch, quien fue expulsado de su cargo como profesor del colegio Albert Thomas hace dos años, luego de la denuncia de los organismos de derechos humanos.

Resaltó la enorme lucha que brindó su familia, junto a su papá Alfredo Ungaro y su mamá Olga Ferdman, quienes se organizaron junto a otras familias de desaparecidos y desaparecidas. «Todo lo que sabemos lo hicimos nosotros, la Justicia por más de 45 años no nos escuchó. En cambio, a alguien que se fuga le dan domiciliaria», en referencia a uno de los imputados, Juan Miguel Wolk, quien estuvo prófugo luego de hacerse pasar por fallecido para eludir sus responsabilidades penales. Afirmó que en el Pozo de Banfield del cual Wolk era responsable «fueron asesinados los chicos de la Noche de los Lápices» y que él «está sindicado como el que asesinó a los chicos en enero de 1977».

«Se nos fue la vida tratando de sobrevivir, buscando justicia», expresó y agregó: «quiero pedir el cese de la prisión domiciliaria de Juan Miguel Wolk; que vuelva a la cárcel efectiva, es el pedido que le hago a los jueces, que saben la dilación que tuvo este juicio y cuando la justicia tarda no es justicia para nosotros». La querella de Justicia Ya!, de la cual Apel forma parte, va a solicitar el cese de la prisión domiciliaria de Wolk. Marta cerró su testimonio con un fuerte: “¡Cárcel común, perpetua y efectiva!”.

En la audiencia del martes 4 declaró Pablo Díaz, secuestrado el 21 de septiembre de 1976, cuatro días después de sus compañeros secundarios, por fuerzas conjuntas. Contó que primero fue llevado al centro clandestino de detención «Arana», y tras un simulacro de fusilamiento fue trasladado al Pozo de Banfield. Allí se encontró con los estudiantes secuestrados el 16 de septiembre y con otras jóvenes que estaban embarazadas.

Pablo dio cuenta del funcionamiento del Pozo de Banfield como maternidad clandestina. Allí dieron a luz Gabriela Carriquiriborde y Stella Maris Montesano de Ogando. También llegó embarazada Cristina Narvaja de Santucho. «A las embarazadas las cuidaban como a una joya», dijo, y mencionó a Antonio Bergés, médico de la Policía Bonaerense, como el encargado de ellas.

Luego fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata, obteniendo la libertad en noviembre de 1980. Cerró su testimonio afirmando: «Sáquenle la domiciliaria, les pido por favor; el crimen de lesa humanidad es el peor crimen del mundo».

Cabe destacar que 15 de los 17 genocidas imputados que llegaron a juicio gozan del beneficio de la prisión domiciliaria. Las excepciones el exjefe de la Bonaerense durante la dictadura, Miguel Osvaldo Etchecolatz, y Jorge Di Pasquale.

El 18 de mayo continúan las audiencias con los testimonios de Walter Docters, Delia Giovanola, Diego Martín Ogando y Juan Antonio Neme. Se trasmiten por www.cij.gov.ar y su canal de YouTube.

 

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