La lucha por la libertad

Pasadas las 2 de la madrugada del sábado 14, llegamos al Precinto 1, donde han sido trasladados los compañeros que resultaron detenidos hace sólo un par de horas.


Cincuenta y nueve compañeros de distintas agrupaciones, son el saldo que ha dejado la brutal represión sucedida mientras resistíamos el desalojo de la Clínica Halac, ocupada por sus trabajadores.


Una vez enterados de los nombres del total de detenidos, empieza el operativo: los teléfonos de los delegados del Polo Obrero comienzan a sonar a las 3 de la mañana y la noticia corre como reguero de pólvora: «Tenemos compañeros detenidos en la 1°, avisen a los demás y vengan urgente», es la frase que repetimos en cada llamada.


Dos compañeros en auto salen a hacer el recorrido por los barrios adonde no podemos llegar telefónicamente, y ya para las seis y media de la mañana somos más de ciento cincuenta compañeros agolpados frente a la comisaría.


Los primeros liberados son compañeros de la Clínica Halac, que se abrazan al resto llorando porque han sido arrancados salvajemente de sus puestos de trabajo luego de más de 20 y 30 años de estar en la Clínica.


Los siguen compañeros de Luz y Fuerza.


De los compañeros del Polo y del Partido Obrero, ni noticias.


Cerca de media mañana, la represión policial se traslada de la Clínica al Precinto, al ver que cada vez son más los compañeros que llegan a exigir la libertad de los detenidos.


La presencia del camión de bomberos (el mismo que habían llevado a la Clínica) y una camioneta de la que bajan nuevos efectivos de la Guardia de Infantería son la prueba manifiesta de la intención de evitar, nuevamente por medios violentos, que siga acrecentándose la manifestación, que ya alcanza a las 500 personas.


El rumor de que Eduardo Salas -dirigente del Partido Obrero- y varios compañeros del Polo y del Partido Obrero no obtendrán la libertad hasta el lunes redobla el temple de los militantes del Polo y del Partido, quienes nos mantuvimos, las 18 horas que duró la batalla, de pie frente a la comisaría cantando, tocando bombos y agitando consignas de libertad a los compañeros detenidos por luchar. (¡Ni los cuatro cambios de guardia que hizo la policía pudieron contra la firmeza y tenacidad del Polo, a pesar del cansancio!)


Pasado el mediodía, uno de los abogados insinúa la intención de la policía de trasladar a los detenidos a los calabozos (con lo que perderíamos el contacto visual que habíamos mantenido con ellos durante toda la madrugada).


Nuestra respuesta es contundente: si los trasladan deberán atenerse a las consecuencias. El temor a que se reproduzca lo de «El Jagüel» los hace dar marcha atrás con la medida.


Mientras tanto, los cánticos se redoblan y las consignas aumentan constantemente.


A media tarde anuncian que se interrumpirán las libertades hasta el lunes y nuestra reacción frente a la nueva provocación es aún más firme: nos vamos a los barrios a buscar las carpas para pasar la noche del sábado en la puerta de la comisaría haciendo un Gran Acampe Piquetero hasta obtener la libertad de todos los compañeros presos.


Cerca de las 20 horas del sábado, luego de una intensa jornada, obtenemos la victoria: la totalidad de los compañeros detenidos son liberados.


Marchamos hacia Corrientes y Chacabuco, donde realizamos un acto en repudio a la represión, denunciando que ésta pretende quebrar el movimiento de empresas ocupadas por sus trabajadores, y llamando a redoblar la apuesta por la Marcha Federal.


No pudieron con nosotros. No pudieron, ni podrán.


¡Ahora vamos por el Segundo Argentinazo!

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