La otra cara de las políticas de seguridad en Tigre, aplicadas por Massa y aplaudidas por Milei

Persecución a la juventud pobre e impunidad narco.

Sosa, exinspector del COT, ahorcando a un trabajador de Tigre.

Curiosamente, en el debate de candidatos a presidente, ambos contrincantes elogiaron las políticas de Seguridad implementadas por Sergio Massa en el distrito bonaerense de Tigre. La misma multiplicó los abusos policiales contra la población más pobre, mientras mantuvo intacto el negocio del narcotráfico.

Recordemos que el actual ministro de Economía había asumido en 2007 como intendente de Tigre, para luego abandonar el cargo al año siguiente tras haber sido nombrado como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, dejando en su lugar a Julio Zamora. En 2009 retomó sus funciones en el Ejecutivo municipal, las cuales desempeñó hasta el 2013.

Bajo su mandato y durante la actual gestión de Julio Zamora se instalaron alrededor de 2.000 cámaras de videovigilancia en el municipio y se creó el Centro de Operaciones Tigre (COT) como central de monitoreo. A su vez, se reforzó a la patrulla municipal, que hoy cuenta con 130 móviles. La misma protagoniza diariamente actos de abuso de autoridad, y, en 2021, asesinó a golpes a Franco Cardozo, joven de 25 años y padre de un niño pequeño, a quien habían detenido por no llevar el barbijo puesto.

En ese sentido, no debe resultar extraño que el emblema de la mano dura contra la población negra en Nueva York, Ruldolph Giuliani, haya escrito el prólogo del libro publicado por Sergio Massa sobre las políticas securitarias aplicadas en territorio tigrense.

Los jóvenes que habitan los barrios pobres del distrito -Ricardo Rojas, Las Tunas, Los Troncos, etc.- son constantemente amedrentados por miembros de la patrulla del COT, quienes les aplican requisas y detenciones arbitrarias por el simple hecho de tener tez oscura, lo que los convierte automáticamente en sospechosos de haber cometido algún delito o en “potenciales ladrones”.

Esa estigmatización de los pibes pobres es la que rige el accionar de estos agentes. La misma que los condujo, en 2019, a golpear y detener, sin mediar explicación, a Emanuel Aguirre y a su madre por estar sentados en la vereda de su barrio. O bien, que los llevó a propinarle una golpiza en patota a Franco Cardozo durante la pandemia, bajo el pretexto de que no llevaba puesto el barbijo, acabando con su vida. Cabe destacar que la patrulla local suele cometer esas atrocidades en tándem con oficiales de la Bonaerense.

Cuando la madre de Franco fue a retirar el cuerpo de su hijo a la Comisaría, los uniformados le dijeron que “había muerto de un infarto”. El encubrimiento del Poder Judicial, del gobierno municipal y del Ministerio de Seguridad de la provincia, conducido por Berni, fue total. Sin ir más lejos, la causa fue caratulada como “apremios y vejaciones”, cuando claramente se trató de “tormentos seguido de muerte”.

El COT le impidió a la familia tener acceso a los registros de lo ocurrido aquel día a través de las cámaras de seguridad, de las cuales tanto se jacta Massa. Las mismas solo sirven para perseguir a los jóvenes por “portación de cara”, no para esclarecer los crímenes cometidos por las fuerzas de Seguridad.

Esos atropellos están al servicio de regimentar a la juventud de los barrios, en función de que no levanten cabeza contra la miseria social a la son sometidos por parte del poder político. Para cumplir con esa tarea, la patrulla del COT incorporó dentro de sus filas a lo más descompuesto del aparato represivo.

Por ejemplo, en 2016, Héctor Eusebio “El Paraguayo” Sosa se desempeñaba como Inspector del COT cuando atacó violentamente a Jorge Ojeda, un repartidor de harina que solo le había pedido que corriera el móvil municipal del espacio donde necesitaba estacionar su camioneta para descargar la mercadería. Tras el ataque, Ojeda terminó con la pierna fracturada y la cabeza rota al recibir un culatazo.

Sosa había sido contratado por el gobierno de Tigre para que integrara la patrulla municipal, a pesar de que contaba con un oscuro prontuario de su paso por la Policía Bonaerense. En 1999 había acribillado a balazos a Víctor “el frente” Vital, de tan solo 17 años, que se encontraba desarmado y dispuesto a entregarse.

El Frente era un emblemático “pibe chorro” del barrio San Francisco del partido de San Fernando, querido por sus vecinos ya que siempre compartía con los más humildes una parte del botín -hasta llegó a robar un camión de La Serenísima para repartir los lácteos en su barrio, azotado por el hambre y la miseria del menemismo. Sosa, antes de fusilarlo, le había ofrecido que robara para él, a lo que Víctor se negó.

Envalentonado por la impunidad que le había conferido haber salido absuelto de aquel asesinato, Sosa cometió en 2006 dos crímenes más de gatillo fácil contra los jóvenes Jonathan Lorenzo y Jorge Andrés Martínez, por los cuales tampoco fue condenado. Sin importar sus antecedentes, el municipio de Tigre lo reclutó a su patrulla.

Finalmente, gracias a la movilización popular, la historia puso las cosas en su lugar: Sosa se encuentra preso por las lesiones propinadas a Ojeda, mientras que el Frente Vital se convirtió en una leyenda y es considerado un santo pagano. A tal punto, que el escritor Cristian Alarcón publicó una crónica sobre su vida, titulada “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia” y Andrés Calamaro le compuso el tema “My mafia”.

Como contrapartida, en Tigre prolifera el narcotráfico y la trata de personas al amparo del gobierno municipal, dado que esos negocios nutren las cajas paralelas de muchos funcionarios. Incluso, el emprendimiento inmobiliario de Nordelta se convirtió en un reducto para blanquear ganancias provenientes de esas actividades ilícitas. Sin ir más lejos, allí se había afincado el matrimonio acusado de lavar en Argentina dinero perteneciente a los traficantes de droga y armas brasileros agrupados en el “Comando Vermelho”.

Este entramado criminal se lleva la vida de las mujeres. En Tigre se han sucedido los femicidios de Micaela y Nancy Fernández en el barrio La Paloma-en 2013 y 2014 respectivamente- a manos del narco y proxeneta Dante “Pato” Cenizo; y, en 2017, ocurrió el de Luna Ortiz, como resultado de haber sido secuestrada, abusada y drogada por el transa Isaías Villarreal y su banda.

En todos esos casos reinó la connivencia policial y la protección de los femicidas garantizada desde el Estado, con fiscalías archivando causas, eludiendo la carátula de femicidio, la policía ocultando pruebas, fallos judiciales misóginos, y, nuevamente, la negativa del COT a que los familiares de las víctimas pudieran acceder a las grabaciones de las cámaras de vigilancia para clarificar lo sucedido.

Esta es la contracara del “Tigre seguro” que vendió Massa en el debate -con Milei asintiendo-: persecución por parte del personal del COT contra quienes visten visera y ropa deportiva y narcofemicidios. Mientras tanto, los que se enriquecen del negocio de la droga viven plácidamente en sus mansiones de Nordelta. Es el modelo que defiende el candidato que puso el peronismo para “combatir a la derecha”.

Como vemos, el cariz represivo está presente tanto en Milei como en Massa, por eso debemos rechazarlos a los dos y prepararnos para seguir defendiendo las libertades democráticas en las calles.