Miguel Etchecolatz, un emblema de la dictadura genocida

La muerte del excomisario y la impunidad de los represores.

Estuvo al frente de 21 centros de tortura y exterminio

El genocida Miguel Etchecolatz, quien fue director general de Investigaciones de la Policía Bonaerense bajo la dictadura militar, falleció a los 93 años en una clínica de la localidad de San Miguel, a la que había sido derivado debido a su estado de salud. El represor estuvo al frente de 21 centros clandestinos de detención en la provincia de Buenos Aires, en los que se practicó el robo de bebés y la tortura y desaparición sistemática de personas. La infatigable lucha de los organismos de derechos humanos logró que fuera juzgado en nueve causas y condenado a cadena perpetua en cárcel común.

Etchecolatz se lleva a la tumba el secreto del destino de muchos compañeros y niños apropiados. Estaba acusado por la segunda desaparición de Jorge Julio López, en 2006, después de que este testificara en su contra. Intervino personalmente en la tortura de detenidos y en algunos de los episodios más atroces de la dictadura, como la Noche de los Lápices.

La actitud provocadora que mantuvo a lo largo de los procesos judiciales (en 2014 exhibió un papel con el nombre de López acompañado de la palabra “secuestrar”, mientras se leía una sentencia en su contra) obedece a la impunidad promovida desde el Estado para los represores. Etchecolatz fue favorecido por la obediencia debida en 1987, que impidió durante más de una década el juzgamiento de los genocidas.

Al día de hoy, solo han sido condenadas 1.058 personas por crímenes de lesa humanidad sobre un total estimado de 500 centros clandestinos de detención, un promedio de dos represores por lugar. De los 764 represores que actualmente están presos, 579 gozan de arresto domiciliario, por lo que solo 118 genocidas están en cárcel común y 67 bajo otras formas de detención, según el último informe de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad. A su vez, cientos de investigados murieron durante el proceso judicial, sin llegar siquiera a ser condenados.

La clase capitalista que promovió el golpe y colaboró en la desaparición de activistas obreros sigue moviendo los hilos del país bajo la democracia. Los juicios a empresarios se cuentan con los dedos de la mano y se desarrollan con extraordinaria lentitud, como en el caso del dueño del ingenio Ledesma, Carlos Blaquier.

Ante la muerte de uno de los exponentes más siniestros de la dictadura, volvemos a decir: ni olvido ni perdón. Juicio y castigo. 30 mil detenidos desaparecidos, presentes.

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