Roberto Arlt y la «superioridad» en el arte


En un artículo de Prensa Obrera N° 1.371 se señala falsamente que «Roberto Arlt se definió siempre como un escritor sin estilo».


En realidad, lo que Arlt pareciera afirmar en alguno de sus prólogos, aguafuertes y dedicatorias, no es que él no tenía estilo sino que lo que muchos de sus contemporáneos consideran «estilo» consiste en pulir páginas y páginas, con pinceladas tan trabajosas como insignificantes. Es a ellos a quienes les señala que para tener «estilo» hacen falta comodidades, rentas, vida holgada y la comodidad del tiempo. Arlt escribió «siempre en redacciones estrepitosas, acosado por la obligación de la columna cotidiana». Era muy consciente de lo que estaba haciendo: creó un estilo de espalda a los literatos que le reclamaban respeto por la gramática y la sintaxis. La inmensidad y calidad de su obra se refleja en la influencia que tuvo en escritores como Abelardo Castillo, Julio Cortázar o Juan Carlos Onetti.


El articulo también concluye que al luchar por «develar lo que el lenguaje esconde «la obra arltiana» no implica en modo alguno una superioridad literaria, sino la puesta en evidencia de un sistema y la construcción de un lenguaje propio». Esta afirmación es arbitraria porque en el arte no existe la objetividad. ¿Qué es lo que hace a una obra superior a otra? ¿Su vigencia, su trasgresión, su estética, su poesía, su compromiso social, el hecho de que a través de los años el público se renueve y amplié? Todo esto es altamente opinable y debatible. Además, y es en lo que la nota acierta, la literatura no es de todos. ¿Cuántos escritores geniales no han logrado trascender su obra y han pasado al más absoluto olvido? ¿Quién podrá entonces hablar de su superioridad o pobreza literaria?


Quien determina la valía de cualquier obra es el lector y no hay un parámetro universal con el cual medir su validez estética. Claro que hay una cuestión de sensibilidad. En mi caso, las obras que prefiero y considero «superiores» son aquellas que indagan en las más vastas regiones del alma humana, en sus necesidades más profundas. Tiene razón Saer al afirmar que «los personajes de Roberto Arlt manipulan la materia humana como los empleados de laboratorio las propiedades físicas o químicas de los elementos con los que trabajan». Por eso es un genio fuera de serie. Abelardo Castillo aseguraba que su generación «saqueó» el talento de Arlt que llamaba la atención por «su extraordinaria tensión espiritual, el alma de su escritura».


Arlt miró el sol de frente y se atrevió a explorar «El Mal», la zona oscura del hombre. A él se le ocurrió eso de financiar la revolución social con prostíbulos y construyó personajes como el Astrólogo, Silvio Asier, Remo Erdosain, Saverio el Cruel, el Jorobadito, Eugenio Karl. Todo esto sin perder el optimismo en el hombre: «me atrae ardientemente la belleza» exclamó en el prólogo de «Los lanzallamas».Es por esto que es superior, es un maldito hermoso.

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