Una condena ideológica

Carlos Bértola y Diego Quinteros fueron condenados a 3 años y 6 meses de prisión en el juicio que se les seguía por la explosión de un artefacto en el auto en que viajaban, en abril del año pasado; una pena sensiblemente menor a la solicitada por el juez de instrucción.


Aún menor, la condena de Bértola y Quinteros es vergonzosa porque su objetivo es justificar el año y medio que pasaron detenidos durante la sustanciación del juicio (se les negó obstinadamente la excarcelación); el carácter ideológicamente amañado del juicio (el juez de instrucción presentó como «pruebas» de la culpabilidad de Bértola y Quinteros, un pañuelo de Madres, un poster del Che y hasta cuadernos de Ate, que le fueron aportados y «seleccionados» por los policías que allanaron sus viviendas); y las torturas y malos tratos a los que fueron sistemáticamente sometidos. En la explosión, Diego Quinteros perdió un brazo; aunque necesitaba atención médica especializada, el juez de instrucción Canicoba Corral «lo mandó a la enfermería del penal de Devoto, a curarse con azúcar. Los organismos de derechos humanos denunciaron durante varios meses la falta de atención médica adecuada, que agravó el estado de salud del detenido y lo sometió a dolores que los propios médicos calificaron como tortuosos» (Página/12, 5/11).


El juicio contra Bértola (ex integrante de Hijos) y Quinteros fue un juicio ideológico, que pretendía «demostrar» que los organismos de derechos humanos, y en particular Madres e Hijos, son «terroristas»… la misma calificación que les daban los torturadores de la dictadura. Por eso, sus herederos de la democracia condenaron a Bértola y Quinteros y, además, apalearon a sus familiares y a los manifestantes que se reunieron frente a los tribunales el día del juicio.

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