Puente Peyrredón

A 19 años, un pujante movimiento piquetero reclamó justicia por Darío y Maxi

Denunciaron que los responsables políticos de la Masacre de Avellaneda están en el gobierno.

foto Willy Monea Ojo Obrero Fotografía

A 19 años de la Masacre de Avellaneda, un pujante movimiento piquetero reclamó justicia por Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, asesinados por la represión policial de los gobiernos nacional de Eduardo Duhalde y provincial de Felipe Solá.

Como en aquella jornada sobre el Puente Peyrredón, que formaba parte de un enorme plan de lucha, hoy la pelea por trabajo y contra el hambre es motorizada por miles y miles de trabajadores que forman parte del movimiento de desocupados combativo en todo el país.

El documento leído en el acto reclamó el juicio y castigo a los responsables políticos y denunció que van 19 años de impunidad, pero también de lucha. Reivindicó a Maxi y Darío como exponentes de una generación que con sus luchas en los ’90 alumbró el nacimiento del movimiento piquetero contra las reformas hambreadoras y el saqueo del país. Manifestó que la feroz represión de aquel 26 de junio de 2002 fue una decisión política premeditada por el gobierno, que buscó cortar por la fuerza este proceso de lucha popular.

También denunciaron la política de ajuste, inflación y hambre del gobierno de los Fernández, así como la exposición de la salud y la vida de los trabajadores ante la pandemia, y reclamaron la centralización del sistema de salud. Especialmente defendieron la lucha por vivienda digna contra la represión, como la que comandó Sergio Berni en Guernica el año pasado. Expresaron el papel de entrega de la burocracia sindical y valoraron la experiencia unitaria de las luchas piqueteras del momento.

Gabriela de la Rosa, dirigente del Polo Obrero, declaró desde el Puente Pueyrredón: «Este puente piquetero fue una de las grandes cunas del movimiento que hoy sigue vivo, sigue en lucha. Con el Polo Obrero y la Unidad Piquetera, que venimos de grandes movilizaciones nacionales, estamos presentes porque el legado de Maxi y Darío, como también de Mariano Ferreyra, sigue vivo en los cientos de jóvenes que están protagonizando este gran acto. Sigue vigente la lucha por el trabajo genuino».

Romina Del Plá, dirigente del Partido Obrero, recordó desde la movilización que en el marco de «una crisis brutal (…) ese asesinato de la Bonaerense fue el detonante de un proceso de lucha que terminó con la salida de Duhalde y con el intento de sacar al movimiento de lucha de las calles; tuvieron que apelar después a otros métodos». Y denunció que «hoy los responsables políticos (de la masacre de Avellaneda) están en importantes puestos del gobierno del Frente de Todos, como Felipe Solá que es canciller».

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